La pequeña localidad de Santpedor, en la provincia de Barcelona, ha pasado en apenas unas horas de ser conocida principalmente por su relación con el mundo del fútbol —al ser la cuna del entrenador Josep Guardiola— a convertirse en escenario de un episodio de confrontación política que refleja la creciente fragmentación del independentismo catalán. La detención de un exconcejal vinculado a la Candidatura d’Unitat Popular (CUP) durante un pleno municipal en el que debía tomar posesión un edil vinculado a Aliança Catalana ha puesto de manifiesto la escalada de tensiones entre distintas corrientes del soberanismo, así como la complejidad institucional derivada del transfuguismo político.
Un pleno municipal convertido en foco de conflicto
Los incidentes se produjeron durante una sesión del pleno del Ayuntamiento de Santpedor en la que estaba prevista la toma de posesión de Jordi Soteras, un exmilitante de Junts que recientemente se incorporó a Aliança Catalana, la formación liderada por la alcaldesa de Ripoll, Sílvia Orriols. La situación política local ya era compleja antes del enfrentamiento, pues la incorporación de Soteras se produjo tras una cadena de dimisiones dentro del grupo municipal de Junts, lo que abrió la puerta a su nombramiento como concejal.
El caso se inscribe dentro de un fenómeno que, según el alcalde de la localidad, Agustí Comas, constituye un ejemplo claro de transfuguismo político. La dimisión de un edil de Junts y la renuncia de otros seis miembros de la candidatura de este partido alteraron el equilibrio institucional y propiciaron que Soteras pasara de ocupar posiciones relegadas dentro de Junts a convertirse en vicepresidente de Aliança Catalana en la comarca del Bages, cuya capital es Manresa.
Este cambio no solo tiene consecuencias administrativas, sino que también altera la dinámica política de un municipio gobernado por Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en minoría, circunstancia que acentúa la fragilidad de los acuerdos y la volatilidad de las mayorías.
La detención del exconcejal de la CUP
En el centro de los disturbios se encuentra Aniol Vila, excabeza de lista de la CUP en las elecciones municipales de 2019. Vila fue detenido por un presunto delito de resistencia grave a la autoridad durante los altercados que acompañaron la sesión plenaria. Según los hechos descritos, el exconcejal intentó facilitar la entrada al salón de plenos de un grupo de manifestantes afines a la CUP, pese a la oposición de la policía local, lo que desembocó en su arresto.
El detenido fue trasladado a la comisaría de los Mossos d’Esquadra en Manresa, donde permaneció bajo custodia hasta pasada la medianoche. Durante ese tiempo, alrededor de una veintena de simpatizantes acudieron a las dependencias policiales para exigir su liberación, que finalmente se produjo horas después.
La detención se produjo tras una escalada de tensión que comenzó en la plaza principal del municipio —rebautizada simbólicamente como “U d’Octubre” en alusión al referéndum independentista de 2017—, donde militantes y simpatizantes de la CUP y Aliança Catalana protagonizaron enfrentamientos físicos que posteriormente se trasladaron al interior del consistorio.
La pugna dentro del independentismo
Más allá del incidente concreto, el episodio revela una creciente rivalidad entre formaciones independentistas que comparten el objetivo de la secesión, pero que divergen profundamente en sus estrategias, ideología y prioridades políticas.
La CUP representa tradicionalmente la vertiente más radical y anticapitalista del independentismo catalán. Su discurso se caracteriza por una fuerte crítica al sistema institucional y por la defensa de modelos políticos asamblearios y municipalistas. Por su parte, Aliança Catalana ha emergido como una fuerza soberanista con un perfil ideológico diferente, con planteamientos identitarios más marcados y con un liderazgo altamente personalista en torno a Sílvia Orriols.
El tránsito de militantes entre partidos soberanistas, como el paso de Soteras desde Junts a Aliança Catalana, ilustra el proceso de reconfiguración del mapa político independentista, especialmente en el ámbito municipal y comarcal. Este fenómeno se observa con mayor intensidad en el interior de Cataluña, donde nuevas formaciones buscan consolidar espacios electorales a costa de partidos tradicionales del movimiento soberanista.
La controversia del transfuguismo
El transfuguismo es uno de los elementos centrales de este episodio. En el ámbito político español, el término se utiliza para describir el cambio de afiliación de representantes electos, especialmente cuando este cambio altera mayorías institucionales o modifica el resultado expresado por los votantes.
En el caso de Santpedor, la sucesión de dimisiones en el grupo municipal de Junts facilitó la entrada de un concejal alineado con un partido distinto al que había concurrido inicialmente a las elecciones. Aunque este tipo de movimientos puede estar contemplado dentro de la legalidad electoral, suele generar polémica por su impacto sobre la representación democrática y la estabilidad de los gobiernos locales.
El alcalde de Santpedor ha calificado los hechos como un “caso de transfuguismo de manual”, reflejando la preocupación por las consecuencias políticas de estas dinámicas en un ayuntamiento ya marcado por la gobernabilidad precaria derivada de la falta de mayorías absolutas.
Antecedentes de enfrentamientos
El choque entre militantes de la CUP y Aliança Catalana no constituye un episodio aislado. Existen antecedentes de confrontaciones entre ambos sectores del independentismo. En enero del año anterior, militantes vinculados a la CUP protagonizaron un ataque contra una carpa informativa de Aliança Catalana en Barcelona, que dejó gravemente herido a uno de los simpatizantes de esta formación.
Este episodio marcó un punto de inflexión en la dinámica de conflictividad entre distintas sensibilidades del soberanismo. Tradicionalmente, los incidentes violentos en el ámbito político catalán habían afectado con mayor frecuencia a formaciones contrarias a la independencia, como Ciudadanos, Partido Popular o Vox, así como a organizaciones cívicas constitucionalistas. Sin embargo, la intensificación de las tensiones internas sugiere un proceso de fragmentación creciente dentro del propio movimiento independentista.
La reacción política y simbólica
Tras los incidentes, Sílvia Orriols expresó públicamente su agradecimiento a los agentes de la policía local por garantizar el derecho de representación política del concejal de su formación. La dirigente criticó con dureza los actos que calificó de intolerantes y violentos, situando el conflicto dentro de un marco discursivo de defensa de la legalidad institucional frente a lo que considera prácticas autoritarias por parte de sus adversarios políticos.
Estas declaraciones reflejan la estrategia política de Aliança Catalana, que busca proyectarse como una alternativa dentro del independentismo, diferenciándose tanto de los partidos tradicionales como de las corrientes más radicales del movimiento.
Un reflejo de la crisis del municipalismo independentista
El caso de Santpedor evidencia los retos que afronta el municipalismo independentista en Cataluña. Durante años, los ayuntamientos han sido considerados uno de los pilares del movimiento soberanista, actuando como espacios de movilización social y política. Sin embargo, la proliferación de nuevas formaciones, las divisiones ideológicas y la competencia electoral han debilitado la cohesión de este ámbito.
La gobernabilidad de los municipios se ha vuelto más compleja debido a la fragmentación del voto y a la aparición de liderazgos locales con agendas diferenciadas. Este contexto favorece episodios de inestabilidad institucional, como los cambios de afiliación política o las tensiones en la formación de mayorías.
Implicaciones para el panorama político catalán
Aunque Santpedor es una localidad de menos de ocho mil habitantes, los acontecimientos registrados en su ayuntamiento pueden interpretarse como un microcosmos de las transformaciones políticas que atraviesa Cataluña. La creciente rivalidad entre partidos independentistas refleja la pérdida de cohesión estratégica que caracterizó al movimiento durante los años posteriores al referéndum de 2017.
Asimismo, la irrupción de formaciones como Aliança Catalana pone de manifiesto la emergencia de nuevas corrientes ideológicas dentro del soberanismo, algunas de las cuales buscan captar el descontento de sectores que consideran insuficiente la actuación de los partidos tradicionales.
Por otro lado, los episodios de confrontación física y la judicialización de conflictos políticos contribuyen a deteriorar el clima institucional y pueden influir en la percepción pública del movimiento independentista, tanto dentro como fuera de Cataluña.
Los incidentes ocurridos en Santpedor trascienden el ámbito local y reflejan una transformación profunda en la política catalana. La detención de un exconcejal de la CUP durante un pleno municipal simboliza la escalada de tensiones entre distintas corrientes del independentismo, agravada por fenómenos como el transfuguismo político y la fragmentación del espacio soberanista.
Este episodio evidencia la dificultad de articular consensos en un escenario marcado por la competencia entre partidos que comparten objetivos estratégicos, pero divergen en sus métodos y propuestas ideológicas. A su vez, plantea interrogantes sobre el futuro del municipalismo independentista y sobre la estabilidad de las instituciones locales en un contexto de creciente polarización política.
En definitiva, lo sucedido en Santpedor no solo constituye un conflicto puntual, sino que ilustra las tensiones estructurales que atraviesan el sistema político catalán, donde la recomposición del mapa partidista continúa generando episodios de confrontación y reconfiguración institucional.
