LOS RECORTES EN SANIDAD, O LA JACA DEL TÍO CUCHARÓN

 

altOtro miércoles más -otro episodio más- en las protestas convocadas desde los hospitales públicos en contra de los recortes implantados por la Generalitat de Catalunya. En esta ocasión, la Revista R@mbla se desplazó hasta el Hospital de la Vall d’Hebron, donde los recortes presupuestarios se han plasmado de diversas formas: reducción de plantilla, supresión de la contratación eventual, reducción de la guardia de especialidades médicas, cierre de plantas, etcétera.

 

 

 

 

 

Texto: Joan Pere  Fotografía: Francesc Sans

 

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Otro miércoles más -otro episodio más- en las protestas convocadas desde los hospitales públicos en contra de los recortes implantados por la Generalitat de Catalunya. En esta ocasión, la Revista R@mbla se desplazó hasta el Hospital de la Vall d’Hebron, donde los recortes presupuestarios se han plasmado de diversas formas: reducción de plantilla, supresión de la contratación eventual, reducción de la guardia de especialidades médicas, cierre de plantas, etcétera.

 

Duelo al sol (con megáfono)

 

A las 13h cerca de sesenta personas -la gran mayoría con relucientes batas blancas- se debatían sobre la conveniencia o no de cortar la Ronda de Dalt a su paso por el Hospital del Vall d’Hebron. Una mujer, megáfono en mano, denunciaba que las protestas contaban cada vez con menor número de asistentes, y que para futuras convocatorias era necesario hacer un llamamiento al compromiso de todo el mundo; también proponía para la protesta en curso no cortar la Ronda de Dalt, apostando por un recorrido alternativo a la par que mucho menos vistoso. El megáfono cambió de manos, y un hombre recordó que durante la Asamblea en Plaça de Catalunya del día anterior, se acordó cortar el tráfico de la Ronda de Dalt. De nuevo, el megáfono regresó a manos de la mujer, que hizo valer la soberanía de la asamblea realizada en el hospital donde, en efecto, se había aprobado una acción que no incluyera la acción de la Ronda de Dalt.

 

De este modo, se inició una marcha que debía consistir en cruzar por uno de los puentes de la Ronda, regresar por otro puente, entrar en el edificio de Maternidad, protestar en los comedores y volver al punto de partida. Cuando el primer puente ya había sido atravesado, a la altura de la salida número 5, los manifestantes observaron con algo de desconcierto que la Ronda estaba desierta: ni un vehículo asomaba. La policía se había anticipado, cortando el tráfico y atajando de raíz cualquier discusión previa. Hubo dudas: improvisar sobre lo decidido o mantenerse fiel a la propuesta adoptada. Finalmente, la decisión tomada en asamblea se respetó y el conjunto de los manifestantes no tomó la entrada 5 para hacer suya la Ronda. Tan sólo tres jóvenes se dieron el gusto de cruzar una Ronda de Dalt desnuda para ellos solos.

 

La sabiduría popular pone la guinda

 

“No habéis venido el mejor día”, dice Concha Corbalán, integrante de la Junta de Personal y de CATAC (Candidatura Autònoma de Treballadors i Treballadores de Catalunya). Respecto a cómo afectarán los recortes al Hospital de la Vall d’Hebron, Corbalán afirma que “ni ellos [los responsables de los recortes] saben cómo va afectar. Lo primero que han hecho ha sido cerrar casi el 50% de las camas, las operaciones de las tardes ya las han suprimido,… También estamos sorprendidos porque no está ingresando el número global de personas que acostumbra, por lo que deben estar desviando. Esto es el desmantelamiento de la sanidad pública. Que todo el mundo lo tenga claro” Y añade: “Cerraron dos plantas de torácica, que finalmente conseguimos reabrir, pero en un plan muy bestia que no podemos hacer cada día…”.

 

De vuelta a casa, esperando en la parada del autobús, una anciana con ganas de largar me asalta: “¿Sabe usted, joven? Esto de la sanidad me recuerda a la jaca del tío Cucharón”. Ante mi total asombro, la buena mujer -que sabía cómo hacerse la interesante- continuó: “El tío Cucharón bajaba al bar del pueblo y siempre fanfarroneaba con que, para ahorrar, tenía una idea genial: iba a enseñar a su jaca a vivir sin comer. Y así un día tras otro. Y los presentes siempre le preguntaban al verlo entrar: ¿Qué, tío Cucharón? ¿Ya has enseñado a tu jaca a vivir sin comer?. Y el tío Cucharón que siempre respondía: Ahí estamos, ya va comiendo menos, ya va comiendo menos…. Hasta que cierto día, el tío Cucharón entró en el bar con una cara de mil demonios y cuando los tertulianos, como siempre, le preguntaron: ¿Qué, tío Cucharón? ¿Ya has enseñado a tu jaca a vivir sin comer?, el tío Cucharón respondió: Sí, por fin aprendió a no comer… Pero ayer, la muy desgraciada, se me murió.”   

 

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