El lenguaje de las flores -o floriografía– es tan apasionante como enigmático. La naturaleza, en un ejercicio de generosidad extraordinario, nos obsequia cada época del año con un cúmulo de flores singulares que sorprenden por sus propiedades, fragancias y colores.

A lo largo de la historia, mujeres y hombres les hemos sabido dar un significado particular que las hace, todavía si cabe, más especiales. Con ellas hemos creado un lenguaje cuasi secreto que nos ha servido para mandarnos mensajes de amor, amistad, gratitud, alegría, pasión o, incluso, odio y desesperación.

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Pese a que hoy en día la floriografía ha caído en el olvido, algunas flores todavía se utilizan para expresar sentimientos que de otro modo nos resultaría difícil revelar. Por eso, en los tiempos que corren, sería bonito dejar de lado los emoticonos y empezar a regalar flores verdaderas a nuestros seres queridos con un significado que trascienda más allá del puro obsequio.

Orígenes de la floriografía

Realmente es complicado saber encontrar el verdadero origen del lenguaje de las flores. Sin embargo, conocemos a través de distintos escritos históricos que ya en la antigua Grecia y durante el Imperio Romano se les otorgaba un significado concreto a las plantas. Puede que el verdadero origen de la floriografía haya que buscarlo en el Próximo Oriente, tal vez en las sociedades persas u otomanas (donde se desarrolló la fiebre de la tulipanomanía).

Aunque quizás fuese en China o Japón cuando se le empezase a dar protagonismo las flores como lenguaje visual. Seguramente fue una mezcla de todas estas tradiciones la que llegó a Europa a través de mercaderes, tratantes y viajantes.

En lo que sí coinciden las distintas fuentes historiográficas es que, tras la toma de La Bastilla y durante la cresta de la Revolución Industrial, tanto en la Francia republicana como en la Inglaterra victoriana se comienza a esbozar un nuevo idioma enrevesado carente de palabras. Con posterioridad, dicho lenguaje también llegaría a los Estados Unidos de América.

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Así, en un contexto social áspero y puritano era difícil para los amantes coquetear sin ser castigados por las pétreas normas de comportamiento. De hecho, la floriografía alcanzó tal nivel de complejidad que llegó a normalizarse el uso de los llamados ‘diccionarios de flores’ con los que se podía descifrar los mensajes más crípticos.

En este sentido, la primera obra al respecto es el Dictionnaire du language des fleurs (1809) de Joseph Hammer-Purgstall. Posteriormente, en 1819, sale publicado el que se considera propiamente el primer diccionario de floriografía elaborado por Louise Cortambert, bajo el seudónimo de ‘Madame Charlotte de la tour’, titulado Le langage des Fleurs.

Y es que no solamente se interpretaba el tipo y color de la flor, sino que el tamaño, el contexto o la forma de entregarla tenían su propio significado. De este modo, recibir el ramo con la mano derecha significaba corresponder la ofrenda, pero si se utilizaba la izquierda, significaba rechazarla. En cambio, tomar una flor del revés quería decir lo contrario que si la cogíamos del derecho.

Significados asombrosos

Las gardenias simbolizan el amor secreto.

Sería tarea imposible recopilar en un solo artículo todos y cada uno de los significados del lenguaje secreto de las flores (para eso ya están los diccionarios de los que hemos hablado anteriormente). No obstante, creemos que merece la pena repasar algunos de los más inverosímiles, para darnos cuenta de la belleza no exclusivamente de las flores, sino también del propio lenguaje en sí.

Lilas en la solapa de las viudas. Durante el siglo XIX y XX no era extraño ver algunas mujeres vestidas de luto, pero que remataban su atuendo con alguna especie de lila (syringa) en la solapa. Ello no significaba otra cosa que llevaban consigo el recuerdo de un amor ya lejano.

Remordimiento y penitencia. Haber obrado mal ante alguien siempre puede conllevar arrepentimiento. Si eso ocurría en época victoriana entonces era normal que la persona afligida regalara un ramo de flores de boca de dragón (antirrhinum majus) con un jacinto (hyacinthus) en medio. Quien recibía la ofrenda sabía que el dador se sentía arrepentido por haberse portado erróneamente con ella.

Amor secreto. Ya lo recogía el clásico bolero en su letra: “con ellas quiero decir te quiero”. Efectivamente, las gardenias en época victoriana evocaban un querer encubierto y sigiloso del que solo eran conocedores los amantes que se regalaban esta bella planta siempreverde arbustiva con una hipnótica flor blanca. Regalarla era sinónimo de ser correspondido con una bella sonrisa y, quién sabe, si con un beso furtivo.

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Mil formas de expresar “te amo”. Si una flor servía para expresar pasión entre dos enamorados esta era la flor de la camelia. Y es que las flores de la camelia son fastuosas y espléndidas y, además, las podemos encontrar en varios colores. Así, las camelias blancas significaban “eres encantador/a, cautivador/a…”; las camelias rosas expresaban un “te deseo”; y las camelias rojas, obviamente, “enciendes mi pasión”.

Quien tiene un amigo, tiene un tesoro. No todo eran amores y pasiones en el siglo XIX. De hecho, era común ensalzar la amistad con alguien regalándole un ramo de crisantemos (chrysanthemum). Agasajarle con crisantemos significaba decirle “eres de mis grandes amigos”.

Las que nadie desea recibir. Como formulábamos al principio del artículo, las flores también se han usado para mostrar desprecio, desconsideración o repulsa a terceros. De este modo, si alguien te había lacerado el corazón podías regalarle la flor de la ortiga (urtica) y ya se sobrentendía que aquella persona había sido cruel e inhumana contigo. En cambio, si recibías una flor de albahaca (ocimum basilicum) significaba que quien te la regalaba te detestaba.

Rosa, rosae, rosam…

Si existe una especie cuyo significado ha sabido soportar el paso de los años es la rosa. Todavía hoy las rosas rojas expresan romanticismo y enamoramiento, y se entregan a la persona que amamos. Eso en Catalunya lo sabemos muy bien gracias a la noble leyenda de Sant Jordi, aunque también los países anglosajones han sabido exportar la festividad de San Valentín, en la que las rosas tiene un lugar predominante. Regalar rosas rojas también equivale hoy día felicitar a alguien.

Sin embargo, no únicamente las rosas rojas tiene un significado definido. Las rosas blancas sirven, por ejemplo, para expresar pureza e inocencia. Por eso, algunas novias, para el día de su boda, eligen ramos de rosas blancas con las que quieren expresar que la unión con su ser amado será eterna.

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En un sentido opuesto encontramos las rosas negras, que pese a su belleza y anhelo misterioso en la floriografía simbolizaban rencor, aversión, inquina, rabia, exasperación, enojo o pesimismo. Hoy en día, en cambio, pueden verse en funerales para expresar luto o dolor por la pérdida de un ser querido.

Conclusión

La verdad es que para algunos, el lenguaje de las flores pueda parecer algo ligero e insustancial, pero en realidad si queremos trasmitir un mensaje codificado y sorprender con un valor añadido a la otra persona, mejor que lo hagamos con un hermoso ramo de flores. La esencia de su aroma, la frescura de su tallo o el color de sus pétalos convierten a las flores en algo mágico que no podemos obviar en ninguna declaración de amor, festejo, gala, aniversario o conmemoración.

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Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.

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