La belleza del patetismo

 

altIrvine Welsh absorbe al lector y lo enferma. Lo mete en un círculo vicioso como si cada palabra fuera droga. Su texto es eso, droga. La lectura es ávida, frenética e insanamente ágil y obliga a uno a pararse de vez en cuando para no enfermar. Pero rápidamente llega el mono de seguir devorando, aunque eso te quite el sueño por las noches y te seque la boca

 

 

altIrvine Welsh absorbe al lector y lo enferma. Lo mete en un círculo vicioso como si cada palabra fuera droga. Su texto es eso, droga. La lectura es ávida, frenética e insanamente ágil y obliga a uno a pararse de vez en cuando para no enfermar. Pero rápidamente llega el mono de seguir devorando, aunque eso te quite el sueño por las noches y te seque la boca. Después de veinte años de su ópera prima Trainspotting, el escritor escocés vuelve a escandalizar y a emocionar por igual con La vida sexual de las gemelas siamesas. Pulso rápido y enérgico, pero sin perder el equilibro. Así escribe y describe Welsh a los personajes de su última novela, igual de carismáticos, igual de odiosos. Lucy y Lena. El ying y el yang. Lucy Brennan, vigoréxica bisexual adicta al sexo.  Lena Sorenson, obesa adicta a la comida y a la telebasura. Ambas se encuentran mutuamente para salvarse en el momento más oportuno y más inesperado. Sin embargo, el viaje, como en Trainspotting, será largo y maravilloso. La odisea de ambas protagonistas, distinguida en tres partes (Trasplantes, Rehenes y Transferencias), es precisamente la travesía hacia uno mismo, hacia ese mundo esquizofrénico muchas veces sin sentido, aunque Welsh demuestra de que se trata, en el fondo, del miedo y la vergüenza de admitirlo y de aceptarse a uno mismo.

 

Con el lenguaje más puramente callejero del Miami Beach, traducido gratamente en las notas de página para el lector castellano, Welsh transmite con ironía y humor el hedor y el patetismo de la sociedad americana de la demasía y del maquillaje. Miami es un escenario de contraste: cuerpos esbeltos llenos de músculos, cuerpos obesos llenos de michelines y sebo, caras jóvenes aún vírgenes y caras menos jóvenes desgraciadas con grandes dosis de operaciones de estética. Es el reino de la locura y la obsesión que los medios de comunicación insisten en convertir en un gran espectáculo de circo. Es El Gran Carnaval (Ace in the hole, 1951) de Billy Wilder, con sus giros, paradojas e ironías que desencadenan situaciones tan absurdas como reales. Ante todo, La vida sexual de las gemelas siamesas es una historia de amor salpicada de locura y adicciones. Y de eso, Welsh es el rey.

 

Su frenética pluma y extravagantes personajes le han valido numerosas adaptaciones cinematográficas. La más exitosa, sin duda, Trainspotting en 1996 de la mano de Danny Boyle con un jovencísimo Ewan McGregor al frente. Tras la gran recepción de La vida sexual de las gemelas siamesas por parte de público y crítica, solo es cuestión de tiempo que volvamos a ver una historia de Welsh en los cines. La espera a que eso ocurra es, como la lectura de su novela, inquietante y fogosa. Bienvenido síndrome de abstinencia.

 

 

 

 

 

 

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