En un giro inesperado que ha sacudido las relaciones internacionales de la Ciudad Condal, el Gobierno de Israel ha denegado la entrada al alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, quien tenía previsto iniciar un viaje oficial a la región este viernes 22 de agosto de 2025. La decisión, comunicada a última hora, ha sido calificada por el propio Collboni como un «acto hostil» destinado a aislar al pueblo palestino y ocultar violaciones de derechos humanos. Este veto no solo frustra una agenda cargada de simbolismo, sino que resalta las crecientes fricciones entre Barcelona y el Estado israelí, derivadas de la reciente suspensión de relaciones institucionales por parte del Ayuntamiento. En un contexto de conflicto prolongado en Oriente Medio, este episodio subraya cómo las decisiones locales pueden tener repercusiones globales, afectando la imagen de Barcelona como una ciudad comprometida con la paz y la justicia internacional.
Collboni, del Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC), asumió la alcaldía en junio de 2023 tras un acuerdo postelectoral que lo posicionó como el primer alcalde abiertamente gay de la ciudad. Su mandato ha estado marcado por un enfoque en temas sociales, económicos y, cada vez más, en posicionamientos internacionales, especialmente respecto al conflicto palestino-israelí. El viaje planeado representaba un paso audaz en esta dirección: una gira de cuatro días que incluía visitas a Jerusalén, Ramala y Belén, con el objetivo de fortalecer lazos con autoridades palestinas y promover iniciativas de cooperación. Entre los hitos destacados figuraba la inauguración de la «Calle Barcelona» en Ramala, un gesto simbólico al apoyo histórico de la ciudad catalana a la causa palestina. Además, el itinerario contemplaba reuniones con el primer ministro palestino, Mohammad Mustafa, y los alcaldes de Ramala y Belén, así como visitas a proyectos de la ONU en campos de refugiados en Jordania, encuentros con ONGs israelíes críticas con el gobierno de Netanyahu, y ofrendas florales en las tumbas de Yitzhak Rabin y Yasser Arafat. No faltaba una parada en el museo del Holocausto Yad Vashem en Jerusalén, un gesto a la memoria histórica que buscaba equilibrar el enfoque pro-palestino del viaje.
La comitiva, integrada por miembros del gabinete municipal y periodistas, había recibido autorizaciones previas, pero el veto se centró exclusivamente en Collboni. Fuentes municipales confirmaron que el alcalde suspendió el viaje entero para no dejar atrás su liderazgo, permaneciendo en Barcelona. Este no es un incidente aislado: Israel ha vetado en el pasado a otros funcionarios extranjeros, como 27 diputados franceses de izquierda en abril, dos parlamentarios británicos y dos diputados europeos en febrero, todos por posturas críticas hacia el Estado hebreo. La denegación llegó horas antes del despegue previsto hacia el aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv, transformando lo que iba a ser un acto de diplomacia municipal en un escándalo internacional.
El Ministerio del Interior israelí, a través de la Autoridad de Población, Inmigración y Fronteras (PIBA), justificó la medida «de acuerdo con la Ley de Entrada a Israel», en coordinación con el Ministerio de Exteriores y el Consejo de Seguridad Nacional. Fuentes diplomáticas israelíes fueron más explícitas: asociaron el veto directamente a la decisión del Ayuntamiento de Barcelona, tomada en mayo de 2025, de suspender las relaciones institucionales con Israel y romper el acuerdo de hermanamiento con Tel Aviv. «La decisión del Ayuntamiento de Barcelona de boicotear al Estado de Israel tiene consecuencias», declararon, añadiendo que «no es aceptable que quien actúa para boicotear a Israel y romper vínculos con él pueda ser considerado un invitado bienvenido». Acusaron a Collboni de tener «antecedentes de difamación del Estado y participación en un boicot a Israel», refiriéndose a declaraciones y acciones que consideran una «política hostil e incitadora contra Israel y sus ciudadanos de manera sistemática».
Esta respuesta israelí refleja una estrategia más amplia del gobierno de Benjamin Netanyahu, que ha endurecido su postura contra entidades y personas que apoyan boicots o critican sus políticas en los territorios ocupados. El contexto inmediato es la ofensiva militar en Gaza, iniciada tras los ataques de Hamás el 7 de octubre de 2023, que ha causado decenas de miles de muertes civiles y ha generado condenas internacionales. Barcelona, con su tradición de activismo pro-palestino, se ha posicionado en el centro de esta controversia, atrayendo tanto elogios de grupos palestinos como críticas de Israel.
Jaume Collboni no tardó en reaccionar. A través de una publicación en Instagram, denunció el veto como un intento del Gobierno israelí por «aislar al pueblo palestino y ocultar al mundo las constantes violaciones de los Derechos Humanos que sufren». Afirmó que esta medida solo «refuerza» su determinación y la de Barcelona para trabajar «incansablemente por la paz, la justicia y el reconocimiento de los derechos del pueblo palestino». En declaraciones posteriores, reflexionó sobre cómo el episodio subraya la urgencia de una solución de dos Estados, alineándose con la posición oficial del Gobierno español. Fuentes municipales enfatizaron que el viaje fue invitado por autoridades palestinas en agradecimiento al «vínculo histórico» de Barcelona con Ramala y Belén, ciudades con las que mantiene hermanamientos desde hace décadas.
El veto se enraíza en la declaración institucional aprobada por el Pleno del Ayuntamiento de Barcelona el pasado mayo. Con los votos a favor del PSC, Barcelona en Comú (BComú) y Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), el consistorio decidió romper relaciones con Israel «hasta que se restablezca el respeto al Derecho Internacional y se garanticen los derechos del pueblo palestino». Esta medida incluyó la suspensión del hermanamiento con Tel Aviv, establecido en 1998, y la prohibición de pabellones israelíes o de empresas vinculadas a la ocupación en la Fira de Barcelona. Collboni justificó entonces la decisión, citando «el sufrimiento y la muerte en Gaza durante el último año y medio, y los recientes ataques del Gobierno israelí, que hacen inviable cualquier relación».
Esta no es la primera vez que Barcelona adopta posturas similares. Bajo la anterior alcaldesa, Ada Colau (BComú), en febrero de 2023, se suspendieron temporalmente las relaciones con Israel por la «violación sistemática de los derechos humanos del pueblo palestino». Collboni, al asumir el cargo, inicialmente dejó sin efecto esa medida para «reconstruir puentes», pero la escalada del conflicto en Gaza lo llevó a revertir esa posición en mayo de 2025. La decisión fue aplaudida por Hamás, que la calificó de «paso positivo» y llamó a más boicots, lo que generó controversia en círculos proisraelíes. En Barcelona, una ciudad con una vibrante comunidad judía y un flujo constante de turistas israelíes, esta política ha dividido opiniones: algunos ven en ella un acto de solidaridad ética, mientras que otros la critican por potenciales impactos económicos y culturales.
En el plano nacional, las relaciones entre España e Israel han sido tensas desde que el Gobierno de Pedro Sánchez reconoció el Estado palestino en mayo de 2024, junto a Irlanda y Noruega. Israel retiró a su embajadora en Madrid hace más de un año, y episodios como este veto a Collboni agravan la brecha. España, bajo el liderazgo socialista, ha sido vocal en su condena a la ofensiva en Gaza, exigiendo un alto el fuego inmediato y apoyando investigaciones de la Corte Penal Internacional sobre posibles crímenes de guerra. Barcelona, como capital catalana, amplifica esta voz, posicionándose como un faro de progresismo en Europa.
Las reacciones no se han hecho esperar. El Ministerio de Asuntos Exteriores español protestó formalmente ante el encargado de negocios israelí en Madrid, expresando su desacuerdo con la denegación. El Ministerio palestino de Asuntos Exteriores condenó el veto como parte de una «guerra de ocupación» contra los palestinos y sus aliados, cuestionando la autoridad de Israel como «potencia ocupante» para decidir sobre accesos a territorios palestinos. En el ámbito local, figuras como Ada Colau respaldaron a Collboni, mientras que partidos de oposición como Junts per Catalunya y el PP criticaron el enfoque como «unilateral» y potencialmente dañino para la diplomacia municipal. Medios israelíes, como Ynet y Haaretz, framed the incident as a consequence of anti-Israel stances, while international outlets highlighted it as evidence of Israel’s hardening against critics.
Este veto plantea interrogantes sobre el rol de las ciudades en la geopolítica. Para Barcelona, una metrópolis global con aspiraciones de liderazgo en derechos humanos, representa un desafío: ¿cómo equilibrar el activismo con las relaciones internacionales? Económicamente, podría afectar intercambios con Israel, un socio en tecnología e innovación, aunque el impacto directo sea limitado. Políticamente, fortalece la imagen de Collboni como defensor de causas justas, potencialmente consolidando su base electoral de cara a futuras elecciones.
En conclusión, el veto a Jaume Collboni no es solo un incidente diplomático, sino un recordatorio de cómo el conflicto palestino-israelí reverbera en rincones lejanos como Barcelona. Mientras el alcalde reafirma su compromiso con la paz, este episodio invita a la reflexión sobre el costo de la solidaridad en un mundo polarizado. La Ciudad Condal, con su historia de resistencia y apertura, sigue navegando estas aguas turbulentas, priorizando valores sobre conveniencias.
