A orillas del río San Lorenzo, en la península artificial de Cité du Havre en Montreal, Quebec, se erige una estructura que desafía las convenciones urbanas: Habitat 67. Diseñado por el arquitecto Moshe Safdie para la Exposición Universal de 1967 (Expo 67), este complejo residencial modular no solo representa un hito en la historia de la arquitectura canadiense, sino que también encapsula los ideales utópicos de la posguerra mundial. Con su forma escalonada de cubos apilados, reminiscentes de un pueblo mediterráneo o un juego de Lego a gran escala, Habitat 67 fusiona la densidad urbana con los beneficios de la vida suburbana: jardines privados, aire fresco y privacidad. A pesar de sus desafíos iniciales y controversias, hoy en día es un monumento patrimonial reconocido, un hogar para 146 residentes y un atractivo turístico que inspira debates sobre el futuro de la vivienda sostenible.

De una Tesis Universitaria a un Pabellón Emblemático

La génesis de Habitat 67 se remonta a la década de 1960, cuando Moshe Safdie, un joven arquitecto israelí-canadiense de apenas 23 años, presentó su tesis de maestría en la Universidad McGill. Influenciado por el brutalismo de Le Corbusier y el metabolismo japonés, Safdie imaginó un sistema de vivienda que resolviera los problemas de la urbanización masiva: la alienación en torres altas y la expansión suburbana ineficiente. Su propuesta era radical: un «hábitat» tridimensional donde unidades prefabricadas se apilaran como bloques, creando terrazas ajardinadas y espacios comunitarios.

La oportunidad para materializar esta visión llegó con Expo 67, cuyo tema era «El Hombre y su Mundo». El gobierno canadiense, a través de la Corporación Canadiense de Hipotecas y Vivienda, financió el proyecto como pabellón temático principal. La construcción comenzó en 1964 en una península artificial expandida para la expo, con un costo inicial estimado en 22,4 millones de dólares canadienses (equivalentes a unos 200 millones actuales). Sin embargo, los sobrecostos fueron notorios: cada unidad terminó costando alrededor de 140.000 dólares, lo que limitó el proyecto a solo 158 apartamentos en lugar de los 1.200 planeados originalmente.

El proceso constructivo fue innovador. Se fabricaron 365 módulos de hormigón armado prefabricado en una fábrica in situ, cada uno midiendo 11,7 m x 5,3 m x 3 m. Estas «cajas» se levantaron con grúas y se conectaron mediante un sistema de post-tensión con varillas de alta tensión, cables y soldaduras, formando una estructura suspendida continua. El complejo cuenta con 12 niveles, tres núcleos de ascensores que se detienen cada cuatro pisos para acceder a «calles peatonales» elevadas, y un área total de 29.700 metros cuadrados. Influencias como el uso de Lego para modelar prototipos destacaron la juguetona modularidad del diseño.

habitat 67

Safdie buscaba integrar lo mejor de las casas suburbanas —jardines privados de 20 a 90 metros cuadrados, privacidad y multinivel— con la economía de la vida urbana densa. Cada residencia, desde un dormitorio de 55 m² hasta cuatro dormitorios de 170 m², tiene al menos una terraza ajardinada, asegurando sol, aire y vistas al río, al centro de Montreal o al Viejo Puerto.

Modularidad, Sostenibilidad y Utopía Urbana

El diseño de Habitat 67 es un manifiesto contra la monotonía de los bloques de apartamentos tradicionales. Su forma escalonada, con módulos rotados y apilados en configuraciones irregulares, crea un paisaje dinámico que evoca colinas o pueblos en terrazas. Esta disposición no solo maximiza la luz natural y la ventilación, sino que también fomenta un sentido de comunidad: las terrazas se convierten en jardines suspendidos, y las calles elevadas promueven interacciones vecinales sin sacrificar la intimidad.

Técnicamente, el proyecto es pionero en prefabricación masiva. Los módulos incluyen componentes factory-made como baños de fibra de vidrio recubiertos de gel, cocinas Frigidaire y marcos de ventanas de plástico Geon. El hormigón expuesto, típico del brutalismo, se combina con elementos orgánicos como los jardines, anticipando tendencias sostenibles actuales. Safdie lo describió como un «barrio vital» que ofrece amenities (comodidades) de casas unifamiliares en un entorno de alta densidad, con estacionamiento cubierto y acceso directo a transporte público (recientemente mejorado en 2023 con la ruta de bus 777 de la Société de transport de Montréal).

Sin embargo, no todo fue ideal. El alto costo por unidad lo convirtió en vivienda de lujo en lugar de asequible, contradiciendo su visión original. Algunos críticos lo han tildado de «experimento fantástico» pero ineficiente, y los problemas de mantenimiento como el deterioro del hormigón, moho y filtraciones han afectado a residentes, causando incluso problemas de salud como asma. A pesar de ello, el diseño ha demostrado resiliencia: durante la pandemia de COVID-19, residentes como los hermanos Peart destacaron cómo sus terrazas y espacios amplios facilitaron el aislamiento sin claustrofobia.

El Sueño Fallido y la Transición a la Privacidad

Habitat 67 ha sido etiquetado como un «sueño fallido» por su incapacidad para revolucionar la vivienda asequible a escala global. Tras Expo 67, que atrajo a millones de visitantes, el complejo enfrentó una crisis económica en los años 70. Los alquileres altos y los costos de mantenimiento lo hicieron inaccesible para la clase media baja, y el gobierno federal lo vendió en 1985 a una sociedad limitada de inquilinos, convirtiéndolo en condominios privados. Hoy, las unidades se venden por millones, atrayendo a profesionales y celebridades, lo que contradice su ethos igualitario.

Otras controversias apuntan a las disputas sobre su preservación: como monumento patrimonial declarado en 2009 por el gobierno de Quebec y la ciudad de Montreal, cualquier modificación debe equilibrar necesidades individuales con integridad histórica. Safdie, quien aún posee una unidad en el piso 10, ha supervisado restauraciones meticulosas, pero el estatus patrimonial ha complicado renovaciones. Además, su impacto ambiental inicial —construido en una península artificial— ha sido criticado, aunque su densidad y espacios verdes lo posicionan como precursor de diseños sostenibles.

habitat 67

A pesar de estos obstáculos, Habitat 67 permanece funcional y vibrante. Ofrece tours guiados en inglés y francés desde 2017, atrayendo a más de 23.000 visitantes, que contribuyen a su preservación. Y los residentes valoran su comunidad: buses privados al centro, vistas panorámicas y un sentido de identidad que fusiona lo moderno con lo natural.

Inspiración para el Futuro de la Arquitectura

El legado de Habitat 67 es innegable. Lanzó la carrera de Safdie, quien ha diseñado más de 75 edificios icónicos, como el Marina Bay Sands en Singapur. Como hito arquitectónico, ha aparecido en sellos postales, videos musicales (como «In My Secret Life» de Leonard Cohen) y cubiertas de álbumes, simbolizando la innovación canadiense.

Su influencia se extiende a debates sobre urbanismo sostenible. Artículos recientes lo elogian como modelo para ciudades densas pero habitables, combinando privacidad, identidad y comunidad. Aunque no se replicó masivamente debido a sus costos, inspiró proyectos modulares en todo el mundo, desde viviendas prefabricadas en Europa hasta experimentos en Asia.

Renacimiento Virtual en 2025

En 2025, Habitat 67 experimenta un renacimiento digital. Colaborando con Epic Games y Neoscape, Safdie Architects recreó la visión original no construida en Unreal Engine 5. El Proyecto Hillside visualiza las 1.200 unidades planeadas, incluyendo colinas apiladas con escuelas, comercios y espacios mixtos, usando drones, LiDAR y modelos 3D. Iniciado durante la pandemia, este modelo inmersivo, accesible públicamente desde 2023, permite exploración virtual y podría inspirar realizaciones futuras, modernizando interiores mientras preserva el concepto original.

Habitat 67 no es solo un edificio; es un testimonio de la ambición humana por reimaginar la vida urbana. A pesar de sus fallos —sobrecostos, exclusividad y mantenimiento— su diseño modular y énfasis en la naturaleza humana lo convierten en un ícono perdurable. En una era de crisis habitacional y cambio climático, nos recuerda que la arquitectura puede ser transformadora. Como Safdie reflexionó: «Habitat fue un experimento, y los experimentos enseñan». Hoy, como patrimonio nacional y hogar vibrante, invita a arquitectos y urbanistas a soñar de nuevo. Un puente entre el pasado utópico y un futuro sostenible.

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