Ellas, las condenadas a muerte: 27-sep-75

altRetrotraerse en la historia de los pueblos de España puede llevar a datos complejos, mejor dicho a datos perplejos, sobre todo si nos da por la sana afición de comparar con lo que sucedía en nuestro entrono internacional.

 

“La verdad no solo se cuenta, la verdad se milita”

Rodolfo Wash

 

Retrotraerse en la historia de los pueblos de España puede llevar a datos complejos, mejor dicho a datos perplejos, sobre todo si nos da por la sana afición de comparar con lo que sucedía en nuestro entorno internacional.

 

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En 1975 es el Año Internacional de la Mujer. Además la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaraba el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. Una fecha histórica que ya se conmemoraba desde su carácter reivindicativo en algunos países. La ONU institucionalizaba ese día, como un claro compromiso en la necesidad de avanzar hacia la igualdad.

 

España quedaba lejos de cualquier efeméride de progreso o democrática. La discriminación era una práctica asumida y defendida desde el Régimen. Basta con tirar de hemeroteca para hacer un viaje “surrealista” y ponerse en situación: se sigue considerando que las mejores mujeres son las que se dedican a sus labores; fuera de casa, trabajos hay pocos y mal pagados; el analfabetismo está en 12’3% de las mujeres del censo (1) según dudosos datos oficiales; llegar a la universidad es un arduo camino para una joven. Y para rematar, la Justicia es punitiva con ellas ante cualquier actitud o decisión, que rompa con las normas morales establecidas tras el golpe de estado de 1936, el código penal tutela y castiga expresamente temas relativos al adulterio y amancebamiento, un ejemplo dentro de un amplio abanico represivo y denigrante.

 

1975 es un año de movilizaciones y protestas en todo el estado español. La crisis económica mundial en España se agrava con la crisis política. La “paz social” de la que presumía el franquismo toca a su fin, al igual que el dictador, enfermo y aislado. Prueba ineludible de que algo se movía son los mismos datos que, en balance de octubre del 74 a febrero del 75, informaba el gobierno, en boca de Arias Navarro:

 

– 6 antifascistas asesinados.

– 100 heridos, 6 de ellos por bala

– 3.500 detenidos (entre ellos 25 artistas)

– 300 activistas condenados en los tribunales

– Largos cierres totales de todas las universidades

 

Y todo ello sin implantar el estado de excepción, cosa que ocurriría inmediatamente después en Euskadi.

 

En esas luchas y movilizaciones hay muchas mujeres y, además, cargadas de doble compromiso: acabar con la dictadura y reivindicar la lucha feminista.

 

Afuera, en ese mundo que quedaba tan lejos de España, en el Año Internacional de la Mujer se celebraría también la Conferencia Mundial sobre la Mujer, auspiciada por Naciones Unidas, con el fin de desarrollar políticas destinadas a sortear los obstáculos relativos a los derechos de las mujeres en distintos ámbitos de la vida, tanto económica y social como civil, política y educativa. Otra convocatoria, no oficial, agruparía a organizaciones no gubernamentales en Berlín durante el mes de octubre, creando las condiciones marcadas para futuros encuentros en torno a la liberación de la mujer (2).

 

Frente a los objetivos de igualdad, desarrollo, paz, la dictadura española miraba para otro lado, como habitualmente hacía. El franquismo, siempre en su línea de crimen, atraso y desigualdad, lanzaba al mundo este mensaje: condenaba a muerte a dos mujeres.

 

, España celebraba así el Año Internacional de la Mujer, con la condena a muerte de María Jesús Dasca y de Concepción Tristán, de 20 y 21 años respectivamente. Así nos lo recordaba con motivo del 8 de Marzo de 2010 una espléndida nota de Tomas Pellicer (3) “Las últimas mujeres condenadas a muerte por la dictadura franquista”:

 

“Ellas, militantes del FRAP, fueron arbitrariamente juzgadas por un tribunal militar, y condenadas a muerte el 18 de setiembre de 1975.

 

Jesús Dasca Penelas era natural de Almenara, un municipio de la provincia de Castellón a orillas del Mediterráneo y próximo al Puerto de Sagunto donde se ubicaban los Altos Hornos, gran centro fabril de tradiciones de lucha obrera. Ella era militante de la Unión Popular del Campo (UPC), organización de jornaleros y jornaleras que formaban parte del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP). En octubre del año 1972 la organización de Los Valles, la comarca del entorno saguntino, vergel de naranjales, incendió un almacén propiedad de un cacique falangista. Fueron detenidos y procesados por el Tribunal de Orden Público (TOP) nueve jóvenes jornaleros. Xussa, así la llamaban sus amigos, escapó a la caída y huyó a Madrid. Tenía 17 años.

 

En Madrid, Xussa continuó militando en las organizaciones del FRAP de forma clandestina, ocultando su nombre y escapó nuevamente a las masivas detenciones que como represalia a la manifestación del 1º de Mayo del 1973 desencadenaron las fuerzas represivas contra el FRAP. Detenida a primeros de septiembre de 1975, Xussa fue incluida en la causa 1/75 y juzgada en consejo de guerra sumarísimo. En el despropósito de acusaciones, conspiraciones y tramas absurdas que tejió el fiscal militar -ver el ABC del 19/09/1975, página 21 (4)- a ella la acusaron de ser responsable “del Partido Comunista de España” y de haber mantenido una entrevista con Concha Tristán, para ver quién daba la “orden” de atentar contra un teniente de la guardia civil. No tuvo otra acusación, ni siquiera la de dar la “orden”. Fue condenada a muerte. Tenía 20 años…”

 

Jesús Dasca posteriormente diría de su detención: “Me detuvieron el 25 de agosto. Pasé nueve días en la Jefatura de Policía de Madrid. Fui detenida con 40 personas más y durante la detención estuve aislada, siendo torturada por “Billy el Niño”.

 

“ … Concepción Tristán López era gaditana, enfermera de profesión. Había formado parte del grupo sanitario que atendió a los manifestantes heridos en los enfrentamientos del 1º de Mayo del 73. No fue detenida en las caídas de ese mes y continuó su militancia hasta su detención en septiembre de 1975. Era entonces responsable de agitación y propaganda de la zona norte de Madrid. El tribunal militar la acusó de haber mantenido “reuniones” con Sánchez-Bravo -fusilado el 27- para tratar el “atentado” a un teniente de la guardia civil -ver el ABC del 19/09/1975, páginas 21 y 22 (4)-. No tuvo otra acusación. Fue condenada a muerte. Tenía 21 años…”

 

Concepción Tristán relataría sobre su paso por la Dirección General de Seguridad:

 

“Ya en los pasillos de la Dirección General de Seguridad, uno de los que estaban allí esperando, se abalanzó sobre mi gritando ‘Ya esta aquí la asesina. Te vas a enterar de quiénes somos nosotros. No vas a salir viva…’ A partir de ese momento se sucedieron unos días dantescos. Ninguna parte de mi cuerpo quedó libre de golpes, aunque los más dañados fueron los pies que se me hincharon de tal manera que no podía andar. Según ellos me cuidaban estupendamente, porque después de cada sesión me ponían una pomada en las piernas para que bajara la inflamación, a fin de poder continuar torturándome mejor.

 

El que intentaba hacer de ‘padre’ era Roberto Conesa, pero no lo conseguía, claro, pues entre palabras supuestamente amables, siempre estaban los tirones de pelo o los puñetazos en la cara. Un recuerdo de su enorme anillo se quedó grabado en mi cara para la posteridad, pues la fotografía mía que se difundió en la prensa, lleva su marca.”

 

En su Consejo de Guerra -17 de septiembrecompartían acusación junto a José Luis Sánchez-Bravo Solla, 21 años, estudiante; Manuel Cañaveras de Gracia, 20 años, estudiante…

 

“…Ellas, Xussa y Concha, no fueron fusiladas. Aguardaron una semana interminable como reas de muerte hasta que el consejo de ministros del dictador estimó que estaban embarazadas y conmutó la pena de muerte por la de cadena perpetua…”

 

Después les esperaba la incomunicación en celdas de castigo en la cárcel de Yeserías.

 

Todo esto sin una sola prueba. En los Consejos de guerra ni se presentó ni se admitió ninguna prueba: lo único que se tuvo en cuenta fueron las declaraciones tomadas bajo las torturas policiales.

 

Así lo confirmaban en su día personas tan poco sospechosas como los letrados Elisabeth Ziegler, Denis Payot y Christian Grobet, de la Liga Suiza y la federación Internacional de los Derechos del Hombre. O el jurista berlinés Rainer Frommann. O las crónicas de esos días en decenas de periódicos internacionales, como las de la periodista Giselé Halimi en ‘Le Monde’.

 

Las detenciones se produjeron por miles en aquel 1975. Ante las manifestaciones en la calle, huelgas, protestas, la única baza del franquismo era ya preparar una “Transición” (Transacción). Los días estaban contados. Hombres y mujeres luchadoras, comoJesús y Concha, tomaban la calle. Para entender la fuerza del movimiento de resistencia de esa época sirvan como ejemplo dos datos del año 75: casi el 10% de la población de Huesca fue detenida por presunta pertenencia al FRAP; en Valencia en ese año fueron detenidas más de 800 personas bajo a acusación de pertenecer al FRAP.

 

En 1977 fueron amnistiadas. Xussa fue periodista y Concha continuó siendo enfermera.

 

María Jesús Dasca “Xusa” nos dejó el 26 de enero de 2007, con 52 años. Concha Tristán se nos fue en febrero de 2009 (5).

 

Sirva este pequeño recuerdo, para reivindicar el valor de todas las mujeres que formaron parte de la resistencia antifranquista.

 

Fueron “Ellas”, cientos, miles, como fueron, son, serán Concha Tristán y Mª Jesús Dasca, perennemente inolvidables, y con la misma sonrisa que tiene en la imagen de cabecera.

 

Notas:

1.- El analfabetismo en España

2.- El feminismo en la era del cambio

3.- Militante del FRAP. Autor de varios artículos, escritos y dos novelas. relacionadas con la lucha antifranquista. Textos extraídos en cursiva.

4.- Cinco penas de muerte en el Consejo de Guerra (ABC, 19 de setiembre de 1975).

 

*Iñaki Alonso es un militante antifascista y activista social. Editor del medio digital LoQueSomos.org y portavoz de la Plataforma Abierta “Al Alba”, que están organizando el 40 Aniversario de los últimos fusilamientos del franquismo. 

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