La CUP-PR ha perdido sus dos escaños, pero lo más importante pasa de más de 240.000 votos a algo más de 98.000, es decir, ha perdido casi dos tercios. Hay una crisis que se ahonda. El propio Secretariado Nacional reconoce esta situación y abre un debate sobre la necesidad de refundar la CUP. Hay voces que reclaman otro “personaje” mediático que nos saque de la caída libre, como ya se había dicho con Dolors Sabater. Su dimisión como parlamentaria tras las municipales ocurrió con más pena que gloria. El problema no es de figuras mediáticas, es de proyecto político.

La CUP no se despega del “bloque independentista” con ERC y JXC, no deja de ser su ala izquierda, en lugar de ser una alternativa a sus traiciones. Pero el proyecto de ERC independentista en los discursos, ha dejado de ser independentista en los hechos, para pasar a reanudar el autonomismo. Lo mismo podemos decir del Govern Torra y de JXC. ¿Qué cabía esperar de la CUP? Que fuera la abanderada del 1 y del 3 de octubre, y no que volviera a aceptar que hace falta un nuevo referéndum… Que llamara a la resistencia cuando los dirigentes de ERC y JXC o huían o se entregaban. Que dijera que las elecciones más antidemocráticas fueron las de diciembre del 17, con el 155 y que entonces sí, llamara al boicot y a “desobedecer” a la recomposición autonomista dictada por el régimen. Una crítica contundente a la política de los sucesivos gobiernos desde 2017 y a cada concesión al régimen y al gobierno central.

Debemos reconocer que la ANC nos ha pasado por la izquierda. Pero en vez de analizarlo y sacar conclusiones, participamos en las elecciones de febrero 2021, con Dolors Sabater como flamante cabeza de lista en el parlamento, con la experiencia de frente común con ERC, IC y PSC en Badalona, y un acercamiento a ERC. La negociación del último gobierno Aragonés, el mensaje de que podíamos entrar en el Gobierno, los dos años de tregua con la mesa de diálogo. El aplazamiento una y otra vez de la ruptura del acuerdo de investidura. Y, si quedaba alguna duda, Girona con Lluc Salellas alcalde de la CUP con acuerdo con JXC y ERC, entregándoles todas las concejalías económicas que aseguran la persistencia de la Girona burguesa que tanto habíamos criticado… Las mismas compañeras del grupo de municipalismo, en la COP en que analizábamos los resultados de las municipales, constataban que donde peores resultados se habían sacado era allí donde estábamos en gobiernos en minoría: ¿entonces porque se repite? ¿Quién espera que no nos pongan a todos en el mismo saco? ¿O peor aún, sea a nosotros a quienes menos perdonan?

También había motivos de clase para romper con ERC y JXC. Sus políticas van contra las clases trabajadoras. Y en eso nos encontrábamos enfrentados también a los Podemos-Comuns y su Gobierno más progresista de la historia en Madrid y antes con Ada Colau en Barcelona. Y era necesaria una radicalidad anticapitalista, de clase, que tampoco ha existido. La lucha obrera no ha sido el centro de las preocupaciones de la CUP, pero está entre una clase obrera originaria mayoritariamente de otros lugares del estado donde se juega el futuro, también el de la República Catalana. Hemos pedido una y otra vez un giro a la izquierda que no ha llegado: luchar contra los cierres y despidos, en defensa de salarios y pensiones…

Un buen sector de la CUP mira con lejanía a una clase obrera catalana que habla mayoritariamente en castellano, que no se siente independentista y que puede ser difícil que vote CUP. Era importante para esa misma clase obrera aparecer como el principal defensor de sus derechos, de la solidaridad entre los pueblos. Ir de la mano de luchadores y luchadoras, represaliados y represaliadas, en una lucha unida contra la Monarquía borbónica, burguesa y prisión de pueblos. Pero también la dirección de la CUP lo miraba con lejanía. Aunque cuando, a la lucha del metal del Cádiz, y por nuestra insistencia, el diputado Albert Botran acudió, encontramos una buena acogida. Pero esa componente internacionalista, solidaria, de clase no ha estado presente. Y aquí una segunda conclusión: la CUP tampoco ha capitalizado la crítica desde la izquierda a los Comuns-Podemos.

La evolución de los resultados electorales de la CUP se inscribe en un ciclo global. El que se abre como respuesta a la profunda crisis capitalista de 2008-2009: el de los movimientos en todo el Norte de África y Oriente Próximo; el movimiento 15M, las múltiples huelgas generales en Grecia; y el ascenso del movimiento independentista en Escocia o Catalunya. Los movimientos entroncaban en nuevas referencias políticas: Syriza, Podemos, Corbyn, Sanders, el Bloco de Portugal, ERC, JXC (con la implosión de CiU) SNP… No es casual que las dos proclamaciones de la República Catalana se hicieran en octubre de 1934 y 2017, en plenas crisis capitalistas mundiales. Aquel ciclo ahora ha terminado. Las expresiones de nacionalismo burgués y refundaciones socialdemócratas están hoy en caída. La CUP forma parte, pero no es un problema de fatalismo histórico.

La primera fase de la crisis capitalista, lejos de estar superada prepara una segunda, agudizándola. Ha empezado con los aumentos de la inflación, posible recesión, la pandemia y la guerra alimentan esa reactivación de la crisis. Las condiciones de vida de la clase trabajadora vuelven a endurecerse: baja el poder adquisitivo, aumenta la miseria, también entre gente que tiene trabajo, porque el trabajo se precariza. Y es por estos motivos, porque se agudiza la tensión entre las clases sociales, que el capital financiero invierte en la construcción de la extrema derecha, para disputar la calle a la que no llegan el centro y la derecha tradicional. Choques importantes y decisivos están por llegar.

Efectivamente es necesario un replanteamiento. Las corrientes burguesas y pequeñas burguesas como JXC y ERC retroceden ante el estado, las tendencias socialdemócratas también y no se atreven a cuestionar los intereses del gran capital. Ninguna de estas organizaciones sirve ni para la defensa de los derechos de los pueblos frente al estado centralista ni para la defensa de los y de las trabajadoras ante la devastación y voracidad del capital.

Sí, es necesaria una refundación para reanudar un camino independentista, de clase, internacionalista. Y para reanudar ese camino es necesario devolver la democracia obrera al funcionamiento de la organización. Volvamos a las asambleas decisorias que daban envidia a toda la izquierda, como la del “Mas sí, Mas no”. Volvamos a dar la palabra a las bases. Si hablamos de Unidad Popular, respetemos y compartamos con las organizaciones que entran y dejemos a un lado la autoproclamación propia de los aparatos burocráticos para eclipsarlas, como hasta ahora ha venido ocurriendo. Volvamos a dar cuentas y a poner el trabajo en las instituciones al servicio de las necesidades de la lucha en la calle, y a construir organización.

Nuestras propuestas:

1.- Volver a poner el centro en la lucha, contra la represión, en la calle.

2.- Política decidida de denuncia del Govern Aragonés. Basta de treguas. Ni mesa de diálogo, ni acuerdo de claridad, ni nuevo referéndum. Es necesario recuperar la calle, y el 1 y el 3 de octubre y acercarse a la ANC para la movilización.

3.- Giro a la izquierda, por la doble ruptura, nacional y social

4.- Impulso de la coordinación en el estado e internacional de la lucha antirrepresiva y contra el régimen del 78.

5.- Recuperación de los espacios internos de democracia y participación.

6.- Impulsar un Frente que amplíe los actuales acuerdos electorales a las organizaciones de la izquierda anticapitalista.

Lucha Internacionalista es una organización política marxista revolucionaria: trotskista. Se constituyó en mayo de 1999 por militantes del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).

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