Tenemos que repetirlo tanto como sea necesario para preservarlo: No es cierto que nuestro Sistema Nacional de Salud sea muy caro, lo que ocurre es que hay intereses muy poderosos que pretenden obtener ganancias negociando con las estructuras que cuidan de nuestra salud. Que para ello no dudan en desprestigiarlo, en poner en duda los valores de solidaridad y pluralidad que lo sustentan, promoviendo la individualidad y la consideración de la salud como algo que se puede comprar.

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Lo que ocurre es que Europa en su conjunto, y en especial los países del sur, está siendo asediada por políticas que tienden a recompensar al capital especulativo en detrimento del productivo; de las finanzas en detrimento del trabajo. Una fuente de negocio por explotar es el conjunto de servicios e instituciones que sustentan el llamado Estado de bienestar, porque Europa, que no llega al 10 de la población mundial,   representa el 20 del comercio internacional  al 10 de la población mundial, represente y el 50 del gasto en protección social mi España, cuya sanidad es, al menos hasta ahora, notablemente eficiente en la relación resultados/coste en la comparación internacional, en los indicadores tradicionales de mortalidad y esperanza de vida, y también en supervivencia al cáncer, mortalidad prematura evitable por el buen desempeño del sistema sanitario y esperanza de vida libre de incapacidad; cuya atención primaria se comporta como un mecanismo antipobreza (es “propobre”) y sus indicadores muestran que es un servicio igualitarista, está siendo asediada por una campaña de desprestigio de lo público, de desinversión y de recortes en la universalización de la asistencia y en su gratuidad.

El asedio a lo público se adorna de conceptos y de palabras aparentemente inocentes que persiguen amnistiar políticas injustas. Así se habla de globalización, cuando lo que esconde detrás es el capitalismo financiero internacional más voraz; de desinversión, cuando lo que hay detrás es desfinanciación de servicios; de optimización en vez de extemalización, o de sostenibilidad en vez de copagos o privatización; o de eficiencia para justificar recortes en servicios no siempre ineficientes.

Un camino por donde no seguir

Según un reciente artículo de The Times, EEUU, que gasta un 20 de su PIB en servicios de salud, vive una especie de fiebre del oro basada en la explotación de la salud. El mercado de salud estadounidense consigue que se exima de impuestos a grandes hospitales mediante su consideración de «sin ánimo de lucro», aunque detrás están los negocios más rentables y los salarios a ejecutivos más elevados. Gasta más cada año en las rodillas y caderas artificiales que lo que Hollywood acumula en la taquilla. Las fuertes presiones sobre el Congreso han llevado a pagar a Medicare por dispositivos médicos, como bastones y sillas de ruedas, entre un 25-75  más de lo que costaría en Walmart (una de las mayores cadena de supermercados EEUU

Para el año 2020, diez de las 20 ocupaciones que crecerán más rápidamente en los EEUU están relacionados con el cuidado de la salud. En Nueva York, de los dieciocho mayores empleadores privados, ocho son Hospitales y cuatro son bancos.

Las industrias farmacéuticas y de productos para el cuidado de la salud, junto con las organizaciones que representan a médicos, hospitales, hogares de ancianos, servicios de salud y las HMO, han gastado 5.360 millones de dólares desde 1998 en cabildeo en Washington. Más de tres veces los 1.530 millones de dólares gastados por la defensa y la industria aeroespacial. y   que los 1.300 millones de dólares  gastados por los intereses petroleros y de gas en el mismo período.

El gasto sanitario estadounidense es en promedio un 27  mayor que el de países de nivel similar y aumenta mucho más rápido que la inflación y el producto interior bruto, lo que está impulsando el déficit federal. Los dos billones de dólares que se pagan por seguros privados de salud por empresas y personas que no tienen seguro, son una carga para las empresas que pagan el seguro médico de sus empleados y están empobreciendo a las personas que tienen que pagar de su propio bolsillo.

Para Times[1], «la atención a la salud está destruyendo nuestra economía y nuestro tesoro».

No nos gusta el modelo de los EEUU, porque sus indicadores de salud no son mejores a pesar de lo mucho que gasta y porque la libre competencia en salud es un mito porque no tiene en cuenta una realidad crucial: los sistemas de salud de Europa, Canadá y Japón gastan mucho menos que los EEUU en servicios médicos porque se basan en la regulación de precios, en los pagos coordinados, en los presupuestos generales y en la contención de tecnologías costosas.

Madrid como telón de fondo

No queremos esa deriva privatizadora y mercantilista para Madrid. El modelo de privatización presentado por el Gobierno del PP madrileño ha sido respondido con una masiva y continuada oposición de  profesionales y ciudadanos. Será difícil mantener las protestas: por los descuentos, que disuaden a los que tienen más problemas económicos; el cansancio y su posible acompañante, el desánimo, y al hecho de que cuanto más dure, más difícil es mantener el apoyo de una población que hasta ahora ha soportado con gran paciencia y comprensión los retrasos, las pérdidas de citas, las demoras, etc.

Insistir en el rechazo hace que su efecto de presión sea cada vez mayor porque va minando, día a día, la credibilidad y la capacidad del Gobierno del PP en Madrid, que cada vez tiene menos argumentos, y un mayor porcentaje de la ciudadanía y de los profesionales está convencido de que no solo anteponen sus negocios a la salud de la población, sino que además son incapaces de gestionar la situación con un mínimo de eficacia.

Es muy importante extender las protestas a otras comunidades autónomas, afectadas por las medidas privatizadoras o solidarias, porque lo que ocurra en Madrid influirá de una manera importante en el sistema sanitario del conjunto del país; porque quieren extender el proceso privatizador y nadie va a librarse de este afán por convertir la sanidad en un negocio.

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