BALAS ASESINAS…

 

El Museo de Historia de Cataluña ha ampliado su colección con una serie de objetos relacionados con el que fue el último fusilado por el franquismo en Cataluña, Jon Paredes, alias Txiki. En concreto, se trata de las tres balas

 

 

 

 

 

 

El Museo de Historia de Cataluña ha ampliado su colección con una serie de objetos relacionados con el que fue el último fusilado por el franquismo en Cataluña, Jon Paredes, alias Txiki. En concreto, se trata de las tres balas con las que fue fusilado y su pipa de fumar, objetos donados por Magda Oranich, la que fue su abogada en el consejo de guerra sumarísimo en el que fue condenado a muerte.

Txiki, fusilado cuando tenía 21 años acusado de pertenecer a ETA, fue ejecutado en Collserola el 27 de septiembre de 1975 -aunque no lo dice la nota del museo, recordemos que en aquella fecha también fueron fusilados  José Humberto Baena, José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz (FRAP) y Ángel Otaegui (ETA)-, nada más que 8 días después de celebrarse un consejo de guerra en el Gobierno Militar de Barcelona que, en tan sólo dos horas de sesión y sin ninguna prueba concluyente, le condenaron a muerte. Cuando lo mataron, faltaban escasamente dos meses para la muerte del dictador Franco, cosa que podría explicar las prisas del régimen por aplicar estas medidas pese los intentos de crear un movimiento de condena de ámbito internacional.

 

El hecho de que fuera fusilado y no sometido a garrote vil fue circunstancial ya que el régimen, en su delirio por llevar a cabo las condenas a muerte en los últimos días de un Franco agonizante, no disponía de suficientes verdugos.

 

Magda Oranich, acompañada por Marc Palmés, asistió legalmente a Txiki en un proceso judicial sin ningunas garantías procesales y realizado deprisa y corriendo. Oranich, con Palmés y el hermano de Txiki, Miquel Paredes, presenciaron el fusilamiento y cuando ya estaba muerto, cuando les dijeron si querían verlo por última vez, Palmés aprovechó la ocasión para hacer una última fotografía del joven. Oranich se escondió el carrete fotográfico en el pecho y luego se lo entregó al periodista Andreu Claret. Después de revelar las fotos, al día siguiente fueron enviadas a diversos medios de comunicación extranjeros, hecho que fue decisivo para desatar el amplio movimiento de rechazo, repulsa y condena, que el mismo Franco llegó a tildar de conspiración de masones y comunistas.

 

Museu d’Historia de Catalunya

http://www.mhcat.net/

Javier Coria

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