BADAJOZ, 112: DESALOJAR EL INFIERNO PARA NO ESCAPAR DE ÉL

“Yo he vivido dos año y medio aquí. Después fui a otra casa en la calle Consell de Cent -donde estuve un año y medio hasta que hubo un incendio-, que era mejor porque aquí no hay luz, la casa está muy sucia y es muy difícil estar”, explica uno de los muchachos que residen en la nave de la calle Badajoz 112. Decir tan sólo que esta nave esta “muy sucia” sería pretender definir al conseller Felip Puig como un político “algo conservador”. La nave de Badajoz 112 es un auténtico infierno para  los cinco sentidos: cuesta imaginar qué debe ser dormir una noche allí, no digamos despertar t

 

 

 

Texto:Jordi Navarro  Fotografía:Francesc Sans

 

En el barrio de Poblenou, se calcula que unas 200 personas de la comunidad africana malviven en distintos asentamientos. Uno de ellos es el de la nave de la calle Badajoz, en el número 112, donde entre olores a podredumbre, agua estancada y restos de desperdicios, residen entre 50 y 70 personas. Este asentamiento, el pasado 25 de julio, fue objeto de un juicio que supondrá en el futuro próximo el desalojo de todos sus residentes. Con el fin de mostrar el rechazo ante la actuación del Ayuntamiento de Barcelona, distintas entidades convocaron una manifestación, no sólo para apoyar a los amenazados de desahucio y visibilizar su problemática, sino también contra la discriminación de la comunidad africana.    

 

 

“Yo he vivido dos año y medio aquí. Después fui a otra casa en la calle Consell de Cent -donde estuve un año y medio hasta que hubo un incendio-, que era mejor porque aquí no hay luz, la casa está muy sucia y es muy difícil estar”, explica uno de los muchachos que residen en la nave de la calle Badajoz 112. Decir tan sólo que esta nave esta “muy sucia” sería pretender definir al conseller Felip Puig como un político “algo conservador”. La nave de Badajoz 112 es un auténtico infierno para  los cinco sentidos: cuesta imaginar qué debe ser dormir una noche allí, no digamos despertar todas las mañanas. Es una vergüenza sin paliativos para toda la ciudadanía; debiera serlo también para la clase política. “Sólo si uno no tiene más remedio está obligado a estar ahí”, nos confiesa otro muchacho, con una pancarta en la mano que reza en wolof “Bocc benne yon bocc mempay” (algo así como “La misma voz, el mismo camino”). Muchos de estos hombres residen desde hace años en esta ciudad, pero siguen sin obtener papeles y para la Administración son inexistentes, excepto en lo que se refiere a ganarse la vida. Se persigue la venta en el top manta, la chatarrería, etc.  

 

Manel Andreu, miembro de la AA.VV. de Poblenou, explica que el objetivo de esta manifestación es doble: por una parte, visibilizar un problema que no sólo afecta a esta nave en particular, sino que se extiende a otros puntos del barrio, con el hacinamiento infrahumano de hasta 200 personas de la comunidad africana. Y por otra parte, reconocer y valorar el trabajo que muchas de estas personas desempeñan como chatarreros, puesto que limpian la ciudad recogiendo basura que luego malvenden. El sr. Andreu explica cómo, a través de distintos medios, “el Ayuntamiento afirma haber realizado un seguimiento exhaustivo de esta situación. Nosotros decimos que no es cierto. No creemos que el Ayuntamiento se pueda colocar la medalla de que conoce la situación.  En las conversaciones con el Ayuntamiento de Barcelona, hemos sido nosotros quiénes hemos explicado las condiciones de vida infrahumanas en las que viven estas personas”. Respecto a la conveniencia de posicionarse contra el desalojo, y vistas las condiciones de absoluta mierda en que cerca de 70 personas viven tratando de conservar su dignidad, el sr. Andreu comenta que “si los desalojan, se marcharán. No opondrán ninguna resistencia, no quieren perpetuar estas condiciones denigrantes. El problema es dónde marcharan. La gente que vive en la nave pide un lugar donde manipular la chatarra y un lugar donde vivir”.

 

Por su parte, el abogado y miembro de la Asamblea de Poblenou, Andrés García, explicó que “en el día de hoy [25 de julio]ha tenido lugar un juicio en el que hemos decidido no presentarnos como defensa.   Se exigía una caución -una cantidad de dinero- muy alta para asumir la defensa de un juicio que parece estar ya sentenciado. Y la gente que habita esta nave y las entidades que les apoyan, no podemos hacer frente a esta caución. Por lo tanto, la sentencia será estimatoria y en unas semanas sabremos si se dicta una orden de desalojo y cuándo se hará efectiva”. Y añadió: “Yo quería remarcar -más que el proceso jurídico por el cual, probablemente, estas personas serán desalojadas- que las personas africanas en Barcelona sufren una continúa discriminación, sufren una continúa criminalización, por parte de los poderes públicos. Estas personas son paradas en la calle por el color de su piel y se les piden sus papeles. En algunas ocasiones son detenidas y encerradas en los Centros de Internamiento para Extranjeros. La manifestación de hoy no es sólo contra el desalojo, sino también contra la estigmatización que sufre la comunidad africana”.    

 

La manifestación, bajo el lema “Estem més que indignats: Igualtat de drets i oportunitats” y que llamaba a la participación de toda la vecindad del Poblenou, fue convocada por la Xarxa de Suport als Assentaments, la Assemblea Social del PoblenouCEPAIM-ACISI, Lakum Taka, la Associació Catalana de Residents Senegalesos, la Federación Panafricana de España y la O.E.U.A. Asimismo, contaron con el apoyo de la entidad Nou Barris Acull, la FAVB, S.O.S. Racisme y del Síndic de Greuges. Alrededor de 250 personas de todas las edades asistieron a la marcha de protesta, que tuvo su inicio en la Plaça de Tisner -junto a la nave en cuestión y donde se realizó una rueda de prensa- y que transcurrió por la calle Sancho de Ávila hasta la Rambla del Poblenou, donde el recorrido encontró su fin tras descender hasta prácticamente alcanzar el mar.

 

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