La arquitectura modernista ha vivido muchos mitos y verdades a lo largo de más de un siglo. Sin embargo, pocos enigmas habían permanecido tan firmes y esquivos como la autoría del Chalet del Catllaràs. Hoy, un nuevo estudio académico pone sobre la mesa una hipótesis poderosa — y profundamente convincente: Antoni Gaudí es el autor del emblemático chalet escondido entre las montañas de la sierra prelitoral catalana.

Este informe, fruto de años de investigación documental, recupera y reinterpreta testimonios dispersos en el tiempo. Combina fuentes históricas, análisis estilístico y una revisión crítica de testimonios contemporáneos a la construcción. El resultado es una conclusión clara, pero hasta ahora no suficientemente difundida: el genio arquitectónico de Gaudí no solo habría trascendido las obras canónicas de Barcelona, sino que también habría dejado su huella en uno de los rincones menos esperados de Cataluña, en el Catllaràs.

Una pista que nació en 1946

La historia de la atribución moderna del chalet comienza en 1946, cuando Francesc d’Assís Viladevall — en aquel entonces un periodista y crítico de arquitectura muy respetado — publicó en la revista Cortijos y Rascacielos un artículo revelador para su tiempo. En ese texto, Viladevall afirmaba sin ambages que Gaudí era el autor del Chalet del Catllaràs.

La afirmación, con todo el peso de la pluma de Viladevall, no solo desató el interés de algunos especialistas sino que se enfrentó a un clima historiográfico reacio a salirse de los relatos canónicos del modernismo catalán. ¿La razón? Por décadas, el chalet había quedado marginado de la historia oficial como una obra “anónima” o atribuida a artistas menores.

El artículo de Viladevall, aunque audaz, fue interpretado con escepticismo. El prestigio de Gaudí parecía demasiado grande como para colocarlo en un edificio que durante décadas estuvo envuelto en el desconocimiento. Y, por otra parte, la documentación directa de la obra original no había emergido con claridad suficiente para zanjar la discusión.

43 años después: el testimonio que cambió todo

El segundo hito en el camino hacia la atribución definitiva tiene lugar en 1989. El arquitecto e historiador Joan Bassegoda publica un artículo que, a primera vista, parece simple continuación de la tesis de Viladevall. Pero su texto agrega un elemento crucial: la confirmación de un testimonio oral de la época de Gaudí.

Según Bassegoda, Domingo Sugrañes, ayudante directo de Gaudí y partícipe de varios de sus proyectos más emblemáticos (como la Sagrada Familia y Casa Milà), le habría comunicado a Viladevall — décadas atrás — que el propio Gaudí fue quien proyectó el chalet del Catllaràs.

Ese testimonio, guardado durante décadas en correspondencia privada y notas de archivo, llegó al dominio público a través de la investigación de Bassegoda. Si bien es cierto que los testimonios orales deben manejarse con rigor crítico, el valor de esta declaración no puede subestimarse: proviene de alguien que trabajó codo a codo con Gaudí, conocía su método de trabajo y estaba en posición de identificar sus señas estilísticas y operativas.

Una revisión que transforma la historia

El nuevo estudio que hoy centra la atención de historiadores y amantes de la arquitectura no solo recupera estas dos referencias aparentemente dispersas. Las integra, las contextualiza y las amplifica con evidencia complementaria, presentando un argumento más robusto que cualquier conjetura previa.

Entre los recursos que maneja el documento se incluyen:

  • Análisis comparativo del estilo arquitectónico del chalet con obras reconocidas de Gaudí, identificando patrones de ornamentación, uso del espacio y formas orgánicas que remiten directamente a su universo creativo.
  • Crítica documental de los archivos de comienzos del siglo XX, que revela correspondencia indirecta y referencias a encargos inusuales que podrían situar a Gaudí en el entorno del Catllaràs en el momento adecuado.
  • Revisión de testimonios secundarios que, hasta ahora, habían sido ignorados o desestimados por falta de atención académica.

El resultado no solo es una conclusión: es una reescritura de la cartografía de la modernidad catalana.

¿Por qué importaría tanto esta atribución?

A primera vista, podría parecer un ejercicio académico enclaustrado en el ámbito de los historiadores del arte. Pero el impacto de esta reivindicación va mucho más allá de las páginas de una revista especializada.

  1. Reescribe la obra conocida de Gaudí.
    Aunque Gaudí es uno de los arquitectos más estudiados del mundo, siempre quedan zonas grises en su producción. Atribuirle el Chalet del Catllaràs expande nuestra comprensión de su creatividad y la dispersión geográfica de sus proyectos.
  2. Revitaliza un patrimonio olvidado.
    El Catllaràs, una región poco transitada del paisaje catalán, podría convertirse en un imán para estudiosos, turistas culturales y apasionados del modernismo. No se trata solo de turismo: se trata de colocar en el centro de la historia una obra que merece atención.
  3. Impulsa la conservación.
    Muchas obras de menor notoriedad han sufrido el paso del tiempo por falta de visibilidad. Determinar que el Chalet del Catllaràs es gaudiniano podría acelerar su restauración primando su valor cultural e histórico.
  4. Ofrece nuevas claves para entender a Gaudí.
    ¿Cómo es un Gaudí fuera de Barcelona? ¿Qué indicios de su pensamiento más íntimo se pueden rastrear en un edificio “menor”? Estas preguntas, ahora relevantes, enriquecen no solo la historia local sino el canon global de la arquitectura.

Un estilo que no engaña

Uno de los aspectos más convincentes del nuevo estudio es la insistencia en el análisis estilístico — no como simple comparación superficial, sino como imitación profunda de procesos creativos.

El Chalet del Catllaràs — con sus formas curvas, su integración con el entorno natural, su audaz uso de materiales locales y su resolución espacial compleja — exhibe una serie de rasgos que, para los autores del estudio, no pueden ser producto de la casualidad o del influjo general del modernismo, sino de la mano — explícita o guiada — de Gaudí.

Ciertos detalles ornamentales, en particular, muestran ecos muy directos de soluciones encontradas en obras como:

  • La Casa Batlló, por la manera en que se insinúa el movimiento en los elementos estructurales.
  • La cripta de la Colonia Güell, con su audaz experimentación con arcos y geometrías no euclidianas.
  • La Casa Vicens, en la fusión de motivos artesanales tradicionales con innovaciones formales.

Estos rasgos, si bien no constituyen una prueba documental en sí mismos, forman un conjunto de indicios entrelazados que difícilmente pueden ignorarse.

Testigo directo: Sugrañes y su legado silenciado

Si hay un elemento que añade emoción a esta historia, es la figura de Domingo Sugrañes. Pocas figuras menos visibles que los ayudantes de grandes maestros suelen aparecer en los relatos de la historia del arte. Sin embargo, en esta ocasión, su voz — aunque indirecta — se vuelve protagonista.

Sugrañes no fue un simple asistente. Fue un colaborador cercano, presente en momentos claves del proceso creativo de Gaudí. Que él, décadas más tarde, haya referido que Gaudí tuvo que ver con el Chalet del Catllaràs, no es un dato menor: es un puente viviente hacia la verdad.

Y lo más fascinante es que esa voz estuvo ahí desde 1946, recogida por Viladevall, pero pasó décadas sin la atención que merecía. El nuevo estudio la rescata y la convierte en eje narrativo de la investigación.

¿Qué viene ahora?

La publicación de este estudio ha despertado interés inmediato en círculos académicos, fundaciones de patrimonio, instituciones culturales y, por supuesto, en los medios de comunicación. Algunos ya hablan de una “revolución gaudiniana tardía”; otros, de una oportunidad para repensar el turismo cultural en Cataluña.

Varias preguntas han surgido con fuerza:

  • ¿Se hará una excavación arqueológica o una restauración integral del chalet?
  • ¿Podrá conseguirse apoyo institucional para preservar y difundir la obra?
  • ¿Cambiará esta atribución los itinerarios de estudiosos y visitantes internacionales interesados en Gaudí?

Las respuestas, por ahora, están en gestación. No obstante, lo que ya queda claro es que ninguna de estas respuestas será igual a la que hubiera habido antes del estudio.

Conclusión: una pieza perdida, ahora reencontrada

La historia de la arquitectura está llena de silencios, de espacios no documentados y de obras que desaparecen entre mitos y verdades a medias. El caso del Chalet del Catllaràs podría haber sido uno más de esos enigmas irresueltos. Sin embargo, gracias a la tenacidad de investigadores que se atreven a revisar el pasado con rigor y sensibilidad, ahora contamos con un relato convincente que enriquece el legado de Antoni Gaudí.

No se trata solo de atribuir una obra a un nombre — se trata de reconocer conexiones, entender procesos creativos y ampliar el alcance de nuestra memoria cultural.

Si este estudio sigue su curso en el discurso público y académico, el Chalet del Catllaràs podría dejar de ser una curiosidad desconocida para convertirse en una pieza esencial del puzzle gaudiniano — un lugar donde el genio se extendió más allá de Barcelona, en diálogo íntimo con el paisaje, las formas y la historia misma de Cataluña.

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