La función de una academia de lengua ha sido tradicionalmente objeto de discusión tanto en círculos lingüísticos como en el imaginario cultural. A primera vista, parece evidente que una institución como la Real Academia Española (RAE) y sus contrapartes en el mundo hispanohablante tienen un papel normativo: fijar reglas, elaborar manuales, resolver dudas de uso. Sin embargo, un análisis más profundo revela que esta descripción convencional se tensiona con corrientes lingüísticas contemporáneas que ven en las academias más un cuerpo descriptivo que prescriptivo —y, en la práctica actual, una mezcla compleja de ambas. (Universidad Pablo de Olavide)

El debate fue reavivado recientemente por un artículo del académico y escritor Arturo Pérez Reverte, en el que critica a la RAE por “abandonar su rol normativo” y ceder ante usos populares del lenguaje que, según él, erosionan la autoridad de la institución y de la tradición literaria. Esta polémica pone de manifiesto una tensión histórica entre dos enfoques opuestos: prescriptivismo y descriptivismo. (Universidad Pablo de Olavide)

I. Raíces históricas del prescriptivismo

A. El mandato normativo clásico

Desde su fundación en 1713, la Real Academia Española se planteó con un objetivo explícito —recolectado fielmente en su lema histórico— de “limpiar, fijar y dar esplendor” al idioma español. Esta consigna encapsula un ethos prescriptivo: establecer qué formas son correctas, cuáles deben evitarse y cómo debe usarse la lengua en contextos ideales. (Universidad Pablo de Olavide)

Este enfoque normativo no fue exclusivo de la RAE. Instituciones semejantes, como la Académie française en Francia o la Accademia della Crusca en Italia, surgieron en el mismo periodo con la misión de proteger la “pureza” de la lengua frente a los cambios percibidos como degradaciones o extravíos. Su visión de la lengua era estática, centrada en la gramática escrita de prestigio y la tradición literaria; se concebía el idioma como un arte fijado por modelos culturales elevados, no como un organismo vivo que los hablantes transforman constantemente. (Universidad Pablo de Olavide)

B. El prescriptivismo en la práctica

El prescriptivismo lingüístico se basa en la idea de que existen formas correctas e incorrectas y que la función de las instituciones académicas es ordenar el uso del idioma. Bajo este paradigma, el cambio lingüístico es visto —con frecuencia— como una corrupción o desviación indeseable, y la variación social o dialectal como un fenómeno que debe ser desalentado. (Universidad Pablo de Olavide)

La RAE consolidó esta visión a lo largo de los siglos XVIII y XIX: sus diccionarios, gramáticas y ortografías reflejaban una lengua idealizada, un español de élite y culto cuyos modelos eran los grandes textos literarios. Esta perspectiva informaba no sólo la enseñanza, sino también la legitimación cultural de la lengua en sociedades letradas. (Universidad Pablo de Olavide)

II. El giro científico: el surgimiento del descriptivismo

A. La lingüística como ciencia empírica

A finales del siglo XIX y a lo largo del XX, con el auge de la lingüística moderna, la disciplina dio un giro metodológico: pasó de ser una rama humanística centrada en textos clásicos a una ciencia empírica enfocada en cómo realmente se usa la lengua. El descriptivismo sostiene que la función del lingüista es observar, analizar y documentar el uso real del lenguaje —incluyendo variantes coloquiales, dialectales o sociales— sin imponer juicios de valor sobre su corrección. (Universidad Pablo de Olavide)

Esta corriente emergió de la necesidad de estudiar la lengua en todos sus contextos: hablado, escrito, formal, informal, regional, social. En lugar de relegar a la variación lingüística al estatus de “error”, el descriptivismo reconoce que todas las variantes constituyen sistemas lingüísticos coherentes por derecho propio. (Universidad Pablo de Olavide)

B. El impacto en la RAE y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE)

La consolidación del descriptivismo en el campo lingüístico no ocurrió de manera abrupta ni en solitario. Fue un proceso gradual que, en el caso del español, se aceleró con la constitución de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) en 1951, integrando 23 academias de todo el mundo más allá de España. (Universidad Pablo de Olavide)

Este cambio hacia una perspectiva más panhispánica implicó reconocer que el español no es una entidad monolítica, sino un conjunto de variedades globales con sus propios usos legítimos. Obras conjuntas como la Nueva gramática de la lengua española (2009), el Diccionario panhispánico de dudas (2005) o el Diccionario de americanismos (2010) reflejan una aproximación descriptiva —registran los usos reales antes de evaluarlos— y consideran la variación geográfica y social del idioma. (Universidad Pablo de Olavide)

III. Una institución en tensión

A. Prescriptivismo y descriptivismo no son excluyentes

En la práctica contemporánea, las academias de la lengua no operan únicamente bajo un paradigma u otro. En lugar de ello, conviven dos funciones aparentemente opuestas:

  • Descriptiva: Documentar y analizar cómo hablan y escriben los hablantes reales en todas sus variedades y contextos.
  • Prescriptiva: Proporcionar recomendaciones sobre el uso considerado más adecuado o culto en ciertos contextos formales o educativos.

Esta dualidad no es arbitraria, sino productiva: sin una base descriptiva, las recomendaciones normativas serían irrelevantes o arbitrarias; sin una dimensión prescriptiva, la lengua carecería de estándares útiles para la educación formal o la comunicación interregional. (Universidad Pablo de Olavide)

B. El caso Pérez Reverte y la polémica normativa

La crítica de Arturo Pérez Reverte surge precisamente de esta tensión. En su artículo, Reverte acusa a la RAE de abandonar su rol normativo tradicional, cediendo ante medios de comunicación y redes sociales, y priorizando el uso mayoritario sobre la autoridad literaria y normativa. Sus detractores afirman que esta visión ignora la función descriptiva esencial y científica que las academias han adquirido, y que no se trata de una rendición ante los usos populares, sino de una legítima ampliación del objeto de estudio lingüístico. (Universidad Pablo de Olavide)

Este conflicto, más que un desacuerdo aislado, revela un debate estructural sobre qué se espera de una academia de lengua en pleno siglo XXI: ¿una institución de guardianes del “correcto uso” o un organismo científico que observa y formaliza lo que ocurre entre los hablantes? (Universidad Pablo de Olavide)

C. Ideología, autoridad y diversidad cultural

El prescriptivismo ha estado históricamente ligado a la autoridad cultural, la tradición literaria y la educación formal. El descriptivismo, por contraste, se asocia con la igualdad de variedades lingüísticas y la metodología científica. Esta dicotomía tiene también una dimensión ideológica: el primero tiende a privilegiar modelos culturales hegemónicos, el segundo valida la diversidad y la variación lingüística como riqueza inherente del español. (Universidad Pablo de Olavide)

IV. Instituciones y praxis contemporánea

A. Obras académicas como híbridos descriptivo-normativos

Las publicaciones modernas de las academias son una síntesis de ambos enfoques. Por ejemplo, en obras como el Diccionario panhispánico de dudas, aunque se ofrece orientación sobre usos considerados correctos, esta guía se basa en el análisis empírico del uso real de las palabras, incluyendo variantes regionales. (Wikipedia)

Asimismo, la Nueva gramática y el Diccionario de americanismos no solo recogen formas de uso de millones de hispanohablantes, sino que estructuran esa información en sistemas de referencia que sirven tanto a lingüistas como a educadores y hablantes. (Universidad Pablo de Olavide)

B. El español en el siglo XXI: pluricentrismo y variación

El desafío de las academias contemporáneas es reflejar un español que ya no gira en torno a un centro monolítico. La lengua se ha convertido en una entidad pluricéntrica, distribuida en múltiples regiones y culturas con sus propias normatividades sociales, modismos, giros y variaciones gramaticales. (Universidad Pablo de Olavide)

Este pluricentrismo obliga a las academias a elaborar normas y recomendaciones que respeten la diversidad sin caer en la anarquía lingüística. En este contexto, la visión puramente prescriptiva —que dicta “lo correcto” desde una torre de marfil— resulta cada vez menos plausible. (Universidad Pablo de Olavide)

Conclusión: una función dialéctica

La pregunta de si las academias de la lengua española son descriptoras o prescriptoras no tiene una respuesta unívoca. En realidad —y de manera inevitable— son ambas. No porque sean instituciones indecisas, sino porque la naturaleza de la lengua exige un enfoque dialéctico: observar la realidad lingüística y, al mismo tiempo, ofrecer referencias normativas que faciliten la comunicación y la enseñanza.

Este equilibrio es inestable y sujeto a tensiones constantes, como se ha evidenciado en debates recientes protagonizados por figuras como Arturo Pérez Reverte. Sin embargo, también representa una oportunidad: un espacio donde se confrontan la ciencia lingüística, la cultura escrita, la diversidad de los hablantes y la evolución natural del idioma.

Lejos de ser meras custodias del pasado, las academias de lengua española se han transformado en instituciones que traducen la complejidad de la lengua viva en normas útiles, respetuosas de su variación, y conscientes de su historia. Ese rol híbrido —descriptivo y prescriptivo al mismo tiempo— es, en definitiva, lo que define a las academias en el mundo contemporáneo. (Universidad Pablo de Olavide)

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