PAGAR POR TOCAR

 

altChile, Italia y Londres. Son los países de origen de los tres miembros de uno de los grupos más rompedores del panorama musical de Barcelona. Sounds of Death Valley es el nombre de la banda de Alex, Lui y Martina,

 

 

Chile, Italia y Londres. Son los países de origen de los tres miembros de uno de los grupos más rompedores del panorama musical de Barcelona. Sounds of Death Valley es el nombre de la banda de Alex, Lui y Martina, tres amantes de la música que se unieron por azar y que hoy luchan por labrarse un camino en el mundo de la música, aunque para ello tengan que pagar.

 

Mezcla de culturas, estilos y ritmos es la definición más aproximada de Sounds of Death Valley, uno de los grupos más rompedores del panorama musical de Barcelona. Sus componentes, Alex, Lui y Martina, son los encargados de aportar ese toque que lo hace tan especial. Sus raíces, chilenas, italianas y londinenses, se reflejan a la perfección en su música, influenciados por algún que otro mítico grupo como Deep Purple o Led Zeppelin.

 

A pesar de la corta vida de este grupo, ya son innumerables las salas que han sido testigo de sus acordes. Madrid, Barcelona y sus muchos rincones han podido contemplar la música en directo de Sounds of Death Valley, un grupo que actualmente sigue luchando por hacerse un hueco en el difícil mundo de la música.

 

Residentes en Barcelona desde hace algunos años, estos tres jóvenes coincidieron en uno de los juegos del azar. Martina, italiana, era cocinera en un bar en el que, casualmente, también trabajaba Lui. Londinense de nacimiento y granadino de corazón, Lui era, y sigue siendo, un enamorado de la guitarra. Cuando un día, de nuevo por azar, descubrió la voz de su compañera Martina, no pudo resistir la idea de quedar para tocar. Eso que hacen los músicos.

 

Poco tiempo después, ambos conocieron a Alex, el chileno y batería del grupo. El chico acostumbraba a ir al bar donde trabajaban, y sin más, decidieron formar un grupo de música. El nombre sería Sounds of Death Valley.

 

Rondaba el año 2008 cuando compusieron su primer single. La primera de muchas otras canciones que actualmente conforman sus maquetas. Con su música como única arma, Sounds of Death Valley emprendió un recorrido por diversos locales de Barcelona y Madrid, y grabó su primer disco de estudio.

 

Hoy, este grupo continua su carrera hacia el éxito tocando en los mismo locales en los que empezó, y es que como dic Alex, “para poder tocar en más sitios hay que pagar, y no podemos permitírnoslo”. El precio para actuar en la mayoría de las salas de Barcelona ronda los 500 euros, un dinero que difícilmente se retribuye a los músicos mediante la venta de entradas.

 

“La gente no tiene dinero para pagar conciertos, y nosotros no podemos pagar esas cantidades sabiendo que no vamos a recuperarlo”. Músicos como ellos, que relativamente están empezando en este mundo, necesitan tomar tablas, crecer en el escenario y darse a conocer al que, posiblemente, sea su público, pero la labor es cada día más difícil. “El grupo tiene que crecer en el escenario, y no hay escenarios”.

 

Pagar por tocar se ha convertido en el problema de muchos músicos, que se dedican a otras labores para poder costearse su verdadera profesión. Los locales musicales en la Ciudad Condal son cada vez menos numerosos, y los actos que organiza el ayuntamiento dejan fuera de juego a los grupos de la ciudad. “Barcelona es una ciudad que organiza decenas de festivales, pero los grupos invitados son todos de fuera”.

 

Ante este panorama, la única solución para Sounds of Death Valley y muchos otros grupos es seguir luchando, movilizándose y creando asociaciones como MIBCN, Músicos Independientes de Barcelona, encargada de gestionar de alguna u otra forma las actuaciones de los músicos de la ciudad que intentan abrirse un camino en la música.

 

Un camino largo y difícil por el que Alex, Lui y Martina siguen apostando, haciendo lo que mejor saben, música.

{morfeo 625}

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