En un movimiento que expertos en defensa califican de «respuesta calibrada, pero firme», el Ministerio de Defensa español ha activado la Operación Sinergia 25, un vasto despliegue militar que integra capacidades terrestres, aéreas y navales para reforzar la vigilancia y disuasión en los espacios de soberanía nacional frente a Marruecos. Bajo el mando del Mando Operativo Terrestre (MOT), esta iniciativa no solo responde a las persistentes fricciones diplomáticas y migratorias con Rabat, sino que también proyecta una imagen de cohesión operativa en un entorno geoestratégico volátil. Con el Estrecho de Gibraltar como epicentro de posibles conflictos, y extensiones hasta el archipiélago canario y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, Sinergia 25 marca un punto de inflexión en la doctrina de presencia avanzada de las Fuerzas Armadas españolas.

La operación, que se prolongará al menos hasta finales de septiembre, involucra a miles de efectivos y un arsenal de medios que van desde fragatas de la Armada hasta cazas Eurofighter del Ejército del Aire. Según fuentes del Ministerio de Defensa, el objetivo principal es «garantizar la integridad territorial mediante una sinergia inter-armas que disuada cualquier acción hostil o desestabilizadora». En un contexto de crecientes maniobras marroquíes en la zona –como el reciente ejercicio «African Lion 2025», en el que España participó por primera vez en cinco años–, este despliegue se erige como una declaración de intenciones: España no cederá ni un milímetro de su soberanía.

Una Rivalidad Endémica

Las relaciones entre España y Marruecos han sido un polvorín geopolítico desde la descolonización. Las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, junto con los peñones de Alhucemas, Vélez de la Gomera y las islas Chafarinas, representan enclaves españoles en el norte de África que Rabat considera «territorios ocupados». La crisis migratoria de 2021, cuando miles de personas cruzaron la frontera de Ceuta en un presunto acto de presión marroquí, dejó cicatrices profundas. Desde entonces, incidentes como la incursión de pesqueros marroquíes en aguas españolas o el sobrevuelo de drones no identificados han mantenido la tensión latente.

En 2025, el panorama se ha agudizado. Marruecos ha modernizado su Fuerza Aérea con aviones F-16 Block 52 adquiridos a EE.UU., y su Marina Real ha incorporado corbetas SIGMA y submarinos Type 212, potenciando su proyección en el Estrecho. Paralelamente, la implicación rusa en la región –evidenciada por el reciente tránsito del submarino Novorossiysk por el Estrecho– añade una capa de complejidad, ya que Argelia, aliada de Moscú, mantiene disputas con Rabat por el Sáhara Occidental. España, como flanco sur de la OTAN, no puede permitirse vulnerabilidades. «Sinergia 25 es una respuesta a la asimetría: Marruecos invierte en hardware, pero nosotros apostamos por la interoperabilidad y la inteligencia», explica el general retirado Rafael Dávila Álvarez, exjefe del Mando de Operaciones Terrestres.

Esta operación no surge de la nada. Precede a misiones como «Presencia Reforzada» en marzo de 2025, que ya desplegaron efectivos en Ceuta y Melilla durante cinco días, o el apoyo naval en las Chafarinas en julio con el Buque de Acción Marítima (BAM) Furor. Sinergia 25 eleva la escala, integrando operaciones como «Centinela» en el Estrecho y «Eagle Eye» en Canarias, programadas para el 15-18 de septiembre.

Activación del MOT en Melilla

El epicentro de Sinergia 25 es Melilla, donde la Comandancia General de Melilla (Comgemel) ha coordinado el despliegue desde el pasado 15 de septiembre. La activación del MOT –un mando provisional que centraliza el control operativo de las unidades terrestres en escenarios de alta intensidad– permite una respuesta rápida y unificada. Según un comunicado oficial de Comgemel, el ejercicio se extenderá toda la semana, con participación destacada del Tercio Gran Capitán 1º de la Legión y el Regimiento de Ingenieros nº 8.

La Legión, emblema de la tradición española en África, ha sido el pilar de este refuerzo. Una sección del Tercio Gran Capitán –compuesta por unos 40 legionarios especializados en operaciones anfibias– fue trasladada por vía marítima desde el acuartelamiento de Ronda (Málaga) hasta las islas Chafarinas. Estas tres islotes rocosos, a 50 kilómetros de la costa marroquí y a 300 de Melilla, son un punto sensible: deshabitados salvo por una guarnición española de 80 efectivos, han sido escenario de intentos de ocupación en el pasado, como el fallido desembarco de 1969. El despliegue legionaria busca potenciar la vigilancia costera, con patrullas diurnas y nocturnas equipadas con visores térmicos y drones tácticos RQ-11 Raven.

En Melilla propiamente dicha, el Regimiento de Ingenieros nº 8, con base en Burgos, aporta capacidades de fortificación y movilidad. Sus zapadores han erigido posiciones defensivas temporales en la frontera, incluyendo barreras antimigratorias y sistemas de detección de movimiento. «Es un despliegue mixto: la Legión para la disuasión visible, los ingenieros para la sostenibilidad logística», detalla el coronel Antonio López, portavoz de Comgemel. Durante la semana, se realizarán simulacros de respuesta a intrusiones, con énfasis en la integración con la Guardia Civil y la Policía Nacional.

Un Escudo Integral

Sinergia 25 trasciende lo terrestre. La Armada Española ha desplegado la fragata F-33 Reina Sofía (clase Santa María), equipada con misiles Harpoon y un helicóptero SH-60 Seahawk, para vigilar el tránsito marítimo en el Estrecho y el Mediterráneo occidental. El 16 de septiembre, la fragata realizó un seguimiento discreto al submarino ruso Novorossiysk y al buque auxiliar Yakov Grebelsky, ilustrando la doble amenaza: no solo marroquí, sino también extrarregional. Apoyada por el patrullero P-74 Furor, la presencia naval se extiende hasta las aguas canarias, donde se integra con la operación «Eagle Eye», que involucra submarinos S-70 y aviones P-3 Orion para patrullas antisubmarinas.

En el ámbito aéreo, el Ejército del Aire contribuye con escuadrones de Eurofighter Typhoon desde la base de Gando (Gran Canaria) y Morón (Sevilla). Estos cazas de superioridad aérea, armados con misiles Meteor de largo alcance, realizan vuelos de reconocimiento sobre los peñones de soberanía y el litoral alauita. Un destacamento de la Unidad de Apoyo al Despliegue Aéreo (UADA) en Ceuta asegura la logística, con capacidad para 12 salidas diarias. «La sinergia aéreo-naval permite una cobertura 360 grados: radares de la fragata detectan, los Eurofighter responden», afirma la capitana Elena Vargas, analista en el Real Instituto Elcano.

En las Canarias, el despliegue incluye el Grupo de Artillería Antiaérea nº 73 con sistemas NASAMS, protegiendo el espacio aéreo atlántico ante posibles vectores marroquíes como los drones Bayraktar TB2 adquiridos por Rabat. Ceuta, por su parte, recibe refuerzos del Regimiento de Pontoneros, preparando puentes flotantes para escenarios de evacuación.

Efectivos y Expertos

En las Chafarinas, el sargento primero Miguel Herrera, del Tercio Gran Capitán, describe el ambiente: «Llegamos en lanchas Zodiac al amanecer. El mar está en calma, pero sabemos que desde la costa marroquí nos observan. Nuestras misiones son patrullar las calas y monitorear con binoculares láser. Es disuasión pura: que sepan que estamos aquí, listos». En Melilla, el despliegue ha generado un revuelo local. Residentes aplauden la visibilidad militar, pero algunos temen escaladas. «Es necesario, pero esperemos que no provoque lo que pretende evitar», comenta un pescador ceutí anónimo.

Sinergia 25

Expertos coinciden en la necesidad estratégica. El almirante retirado Ignacio Frutos, exjefe de la Flota, subraya: «Marruecos ha pasado de una marina costera a una de aguas azules, con doctrina de ‘defensa activa’. Sinergia 25 equilibra eso con nuestra experiencia OTAN». Por su parte, la investigadora del IEEE (Instituto Español de Estudios Estratégicos) Laura Gómez advierte: «No es solo militar; es diplomático. Reforzar presencia sin diálogo podría endurecer posiciones en la UE». Un informe reciente del IEEE destaca que el 70% de las intrusiones marroquíes en 2024 se concentraron en el Estrecho, justificando esta respuesta.

Más Allá de la Disuasión

Sinergia 25 no es un fin en sí misma, sino un ensayo para doctrinas futuras. Integra el concepto de «multidominio» de la OTAN, donde tierra, mar, aire y ciberespacio convergen. El Mando de Ciberdefensa (MCyD) participa sutilmente, monitoreando ciberamenazas marroquíes –como las atribuidas a grupos hackers pro-rabíes en 2024–. Además, el ejercicio valida el Plan de Alto Nivel de Defensa Nacional 2025-2030, que prioriza la «presencia persistente» en el sur.

Económicamente, beneficia a la industria: la fragata Reina Sofía incorpora radares SPS-49 modernizados por Navantia, y los Eurofighter usan combustible sostenible producido por Repsol. Políticamente, fortalece la posición de España en la UE, donde el flanco sur es clave para la migración y el Sahel.

Sin embargo, riesgos persisten. Una escalada podría involucrar a Argelia o Turquía (proveedora de drones a Marruecos). «La disuasión funciona si es creíble y proporcional», concluye Dávila Álvarez. «España demuestra que defiende lo suyo sin agresión».

Hacia un Estrecho Estable

A medida que la semana avanza en Melilla, con desfiles de la Legión y simulacros navales, Sinergia 25 envía un mensaje claro: la soberanía española es innegociable. En un mundo multipolar, donde Rusia y China cortejan a África, España reafirma su rol como puente euroafricano. Pero el verdadero éxito radicará en traducir hierro en diplomacia. Mientras el sol se pone sobre las Chafarinas, los legionarios custodian un legado de siglos. El Estrecho, ese hilo frágil entre dos mundos, respira por ahora en calma armada.

Una mirada críica a la operación Sinergia 25

La Operación Sinergia 25 se presenta como un despliegue «disuasorio» frente a Marruecos, integrando fuerzas terrestres, aéreas y navales en Ceuta, Melilla, las Islas Chafarinas y el Estrecho de Gibraltar. Sin embargo, esta maniobra militar, que involucra a la Legión y al Regimiento de Ingenieros nº 8 bajo el Mando Operativo Terrestre (MOT), no es más que una provocación que agrava las tensiones bilaterales en lugar de resolverlas. En un contexto donde las relaciones hispano-marroquíes han sido marcadas por crisis migratorias y disputas territoriales, este ejercicio parece ignorar las lecciones del pasado y priorizar el músculo militar sobre la diplomacia.

Uno de los principales defectos de Sinergia 25 es su potencial para escalar conflictos en una «zona gris», donde Marruecos ha empleado tácticas híbridas como la presión migratoria sin llegar a la guerra abierta. Expertos señalan que despliegues como este responden a décadas de fricciones, pero en lugar de disuadir, podrían invitar a respuestas asimétricas de Rabat, como el cierre de fronteras o el aumento de incursiones pesqueras. Además, el refuerzo en las Chafarinas con legionarios evoca episodios históricos de confrontación, como los intentos de ocupación en los años 60, sin abordar las reclamaciones marroquíes sobre estos enclaves, que Rabat considera «ocupados».

Desde una perspectiva humanitaria, la operación evoca recuerdos amargos de la masacre de Melilla en 2022, donde al menos 37 migrantes murieron en un intento de cruce fronterizo, con críticas a las fuerzas españolas y marroquíes por el uso excesivo de la fuerza. Reforzar la militarización en Melilla durante toda la semana, con simulacros y fortificaciones, podría exacerbar la exceptionalidad fronteriza, donde se suspenden derechos básicos en nombre de la seguridad. Críticos locales y organizaciones como Amnistía Internacional han denunciado que tales despliegues priorizan la contención migratoria sobre soluciones integrales, ignorando el desequilibrio económico que impulsa las migraciones desde Marruecos.

Económicamente, Sinergia 25 representa un derroche de recursos en un momento de presupuestos ajustados para defensa. Movilizar fragatas como la Reina Sofía y Eurofighters para vigilancia rutinaria distrae de amenazas reales, como el ciberespacio o el cambio climático en el Sahel. En redes sociales, usuarios expresan escepticismo, sugiriendo que estas alertas militares en Canarias y Baleares podrían ser distracciones para agendas internas, como reformas digitales.

En resumen, esta operación no fortalece la soberanía española, sino que perpetúa un ciclo de desconfianza. España debería optar por narrativas renovadas que promuevan el diálogo con Marruecos y la UE, en lugar de ejercicios que arriesgan una «pequeña guerra espléndida» con consecuencias impredecibles. La verdadera disuasión radica en la cooperación, no en las bayonetas.

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