La candidatura de Diomaye Faye, activada como un “plan B” con el que sortear la ilegalización de la de Ousmane Sonko, logró un triunfo histórico el pasado 24 de marzo. Además del volumen de los apoyos conseguidos, la victoria en primera vuelta de un candidato de la oposición es un hecho inédito en la democracia senegalesa. Sin embargo, siendo este apoyo un hecho incontestable, el carácter histórico reside en la apuesta por la ruptura con el statu quo desde la que se abre un nuevo ciclo político de corte panafricanista, con una clara vocación popular y, aunque ciertas categorías políticas resulten un tanto impostadas para describir las diferentes realidades africanas, de izquierdas.

Este momento de ruptura viene impulsado por la lucha articulada del movimiento social y de las organizaciones políticas y personalidades públicas contra el tercer mandato de Macky Sall. Este frente democrático, de naturaleza amplia, plural y contradictoria, ha conseguido hacer fracasar los principales objetivos del intento de la suspensión de las elecciones.

El primero de estos objetivos era la profundización de la represión del movimiento social que, con su lucha en las calles de Dakar y del resto de ciudades del país, ha mostrado su rechazo a un tercer mandato presidencial que contravenía el espíritu y la letra del texto constitucional. Un movimiento social que, a partir de una estrategia de vocación reactiva frente a los intentos de subvertir el sistema democrático, ha liderado el proyecto político de país que, a partir del 2 de abril, encarna la presidencia de Diomaye Faye. La propuesta de un Nouveau Type de Sénégalais, conceptualizada por Y’en A Marre desde su creación en 2011 en el marco de las protestas contra un tercer mandato de Wade, constituirá una de las guías políticas de este nuevo tiempo en el país africano.

El segundo objetivo de las maniobras del presidente Sall iba dirigido a la consolidación de las condiciones políticas para favorecer la victoria del candidato de la élite dakaroi, Amadou Ba. La presión social en la calle, los y las activistas presas y las muertes provocadas por los abusos de las fuerzas del orden ha generado la suficiente presión política, social y mediática como para hacer imposible que el aparato judicial (fiel a Sall hasta la constatación de su muerte política) avalase el retraso ad eternum de las elecciones.

El último de los objetivos relevantes, en términos políticos, de la inestabilidad generada por Macky Sall, más allá de la vocación crematística de las élites educadas en Europa, lo encontramos en el mantenimiento de la relación de subordinación con la UE y, de manera inherente a esta relación, a la consolidación del modelo neoliberal y de exportación de las ingentes reservas de hidrocarburos descubiertas en las costas senegalesas. El proyecto político de Diomaye Faye y la perspectiva de su presidencia se construye a partir de la necesidad inmediata de redefinir las relaciones exteriores de Senegal, buscando asociaciones de mutuo beneficio y con una mayor participación social.

Una vez derrotado el intento de un tercer mandato, constituido como verdadero leit motiv de la resistencia en las calles del país, Diomaye Faye, y el campo político y social que representa, debe afrontar una serie de retos que determinarán, en el medio plazo, el futuro del país.

El primero de estos retos interpela directamente al movimiento social, cuyo papel debe transitar desde la oposición y la resistencia en defensa de la democracia a una lógica de apoyo crítico a las transformaciones en favor de las mayorías sociales, sin perder la necesaria labor de vigilancia y denuncia de los excesos del poder.

En cuanto al ámbito político-institucional, la condición de posibilidad de una gestión exitosa va a radicar en el establecimiento de unos parámetros de convivencia entre el presidente electo y Ousmane Sonko, líder natural de la mayoría social que ha apoyado la candidatura de Faye.

Desde este espacio, otro reto clave es tanto la respuesta eficaz y directa a las demandas sociales existentes, como, tan importante o más que la anterior, la gestión de la inevitable frustración cuando los cambios materiales reales no alcancen la profundidad deseada. La pedagogía para explicar las medidas adoptadas y el establecimiento de canales de participación y comunicación entre la nueva élite dirigente y los sectores populares van a ser decisivas en el escenario senegalés de los próximos años.

En el plano global, los retos centrales van a girar alrededor de la órbita regional e internacional. En la primera, la relación con los países del entorno más cercano se va a caracterizar por la necesaria gestión de las contradicciones inherentes a la existencia de gobiernos de corte autoritario, alejados del modelo ideológico de Diomaye Faye y Ousmane Sonko, con un discurso profundamente panafricanista como el que defiende el presidente senegalés y el movimiento social que lo ha aupado al poder. En cuanto al plano internacional, la redefinición de la relación con las potencias aspirantes a jugar un papel hegemónico en la región (Francia, UE, EEUU, China y Rusia) va a demandar inteligencia política y una lectura correcta de cada momento para diseñar marcos de relación horizontales que eviten cronificar dependencias pasadas y replicarlas, con otros protagonistas, en el presente.

La victoria popular en Senegal abre un tiempo de esperanza, no solamente para el pueblo de la teranga, si no para todos los pueblos del mundo. Sus conquistas son nuestras lecciones: defender la democracia, definir un proyecto de transformaciones profundas y establecer alianzas políticas amplias e integradoras.

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