“Las pequeñas editoriales son una alternativa de calidad”

altEl editor Javier Serrano apuesta por rescatar a ilustres marginados del mundo literario oficial

 

En abril de 2014, el madrileño Javier Serrano dio rienda suelta a su vehemencia de bibliófilo con la creación de la editorial Libros de Itaca, especializada en narrativa y ensayo. Pero antes que editar, Serrano escribió mucho –de seguro lo sigue haciendo, pues hay vicios incurables por más que uno asese– y ejerció como traductor y articulista sobre cine y literatura en la revista digital La república cultural. También es activo publicista desde su blog Un instante de caos.

 

 

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Nuestro entrevistado, galardonado en distintos concursos de relato, ha visto publicados sus cuentos en algunas compilaciones impresas, entre ellas Narrando contracorriente, de Ediciones Escalera; en páginas de Internet (Babab, Enfocarte…) y en revistas especializadas en el género (Al otro lado del espejo). También es autor de la novela La jaula (editorial Eutelequia), ganadora de la 26ª edición del premio Premier Roman de Chambéry (Francia), en la categoría de primera novela en español. Serrano define esta narración como “una distopía que transcurre en una cárcel situada en un espacio absolutamente desolado y desolador, que habla sobre la posibilidad de la libertad humana y cómo a menudo los límites a esa libertad vienen impuestos por el propio individuo. El proceso de escritura, ese descenso a los infiernos, fue duro pero finalmente terminó siendo también algo bastante liberador, incluso catártico. Pese a todos los problemas a los que tuvo que enfrentarse la obra (problemas editoriales incluidos)”. Por eso, el hecho de que la obra resultara premiada fue la mejor compensación a esas dificultades: “No si llamar a eso justicia poética”.

 

Como escritor, Serrano no se atreve a catalogarse en género alguno. Y lo explica así: “Creo que los géneros son herramientas que sirven a un determinado autor para plasmar sus ideas en el papel; pero lo importante son las ideas. Que el género sea ciencia ficción o novela negra es lo de menos. Te pongo el ejemplo de una película que me gusta mucho y que he visto unas cuantas veces: Blade Runner. ¿Policiaca, ciencia ficción…? En el fondo, lo que nos subyuga de esa película, lo realmente importante a mi juicio, es la idea que aparece en ella sobre la muerte y la posibilidad de prolongar la vida más allá de lo estipulado.”

 

Quizá esta voluntaria indefinición se relacione con la cantidad de corrientes y autores de los que se considera de alguna manera deudo. La lista incluye a “Kafka, los existencialistas franceses, Céline, Cortázar, Cervantes, Sherwood Anderson, la picaresca española, Carver, Bolaño…, por citar algunos nombres”. Y vuelve a referirse al cine, o mejor dicho, a “un determinado tipo de cine: Erice, Berlanga, Theo Angelopoulos, Andréi Tarkovski, Bergman… Todo eso mezclado y bien agitado”.

 

Ante la pregunta de qué le empujó a convertirse en editor, si un plan largamente incubado o un proyecto sobrevenido, la respuesta es tajante: “No creo que haya proyectos sobrevenidos: muchas veces rumiamos ideas durante mucho tiempo y ni siquiera somos conscientes de estar haciéndolo. Y luego, de repente un día, nos parece que hacer determinadas cosas es lo más lógico del mundo, como un proceso natural.”

 

Si consideramos que en España tradicionalmente se lee poco, o eso nos dicen las estadísticas; que el mercado editorial y su red de distribución están copados por grandes empresas; y para mayor dificultad, que pende sobre la prosperidad del sector una recesión económica que ha reducido sus ventas, debe de ser muy osado para afrontar una aventura editorial como la de Libros de Itaca, máxime cuando solo se cuenta con las propias fuerzas físicas y pecuniarias, como es el caso de Serrano. “Soy el responsable de todos los fallos y de todos los aciertos –reconoce–. Lo cual, no te creas, es a menudo demasiada responsabilidad.” Pero nuestro interlocutor da otra vuelta de tuerca a su osadía cuando manifiesta, inflamado de altruismo bibliófilo, que “era consciente de que había libros que nunca se habían publicado y tampoco tenían muchas posibilidades, así que alguien tenía que hacerlo”.

 

“Trabajo en plan hombre-orquesta –redunda–. Cada libro ha sido como un pequeño parto: buscar el autor, gestionar los derechos, corregir el texto, diseñar la portada, maquetar, promocionar, crear la web, llevar la administración y la contabilidad… El resultado ahí está” y son por el momento seis títulos, por orden de aparición: “Y el muerto nadó tres días, de Rafael Barrett, un autor español a caballo entre los siglos XIX y XX que empieza a ser conocido de un tiempo a esta parte, y con unos cuentos magníficos en lo literario y bastante críticos hacia el poder; La carpa y otros cuentos, de Daniel Sueiro, un libro que recoge los que hemos considerado sus mejores relatos y un par de novelas cortas (la obra de Sueiro describe a la perfección, y con bastante mala leche a veces, lo que son las esencias de este país); La herida, de Santiago Casero González, que quedó finalista en diversos certámenes –el Premio Nadal, entre ellos– y no encontraba una editorial que apostase por ella (es una novela mezcla de género negro, distopía de evocación kafkiana y todo un ejercicio de introspección en la condición humana); Evolución, revolución y anarquía, un ensayo del geógrafo y anarquista decimonónico francés Elisée Reclus, que, como su propio nombre indica, habla de la evolución y la revolución como dos procesos complementarios entre , que finalmente han de culminar en la anarquía (incluye además otros textos del autor relacionados con el mismo tema: La anarquía; La anarquía y la Iglesia; ¿Por qué somos anarquistas?;y Carta a Jean Grave); Pornograffiti. Cuerpo y disidencia, un ensayo de Jorge Fernández Gonzalo (finalista con Filosofía zombi del premio Anagrama de Ensayo), que explora en la pornografía y su capacidad subversiva; y A tumba abierta, de Oriol Romaní, la autobiografía de un grifota en la Barcelona de la década de 1970, una novela que narra la accidentada vida del Botas (ya fue publicada en los años 80 por Anagrama).”

 

Serrano busca obras que “por una u otra razón no vieron jamás la luz, no disfrutaron de la acogida que merecían o que simplemente se encuentran descatalogadas. También damos la bienvenida a rarezas y aquellos libros que de manera deliberada (o a veces impuesta) habitan la periferia del mainstream o transitan por los márgenes de la historia oficial de la literatura con mayúsculas, sin que por ello su calidad se resienta. En definitiva, aportar elementos que contribuyan a fomentar el debate, sin renunciar por ello al goce estético”. Y a la hora de seleccionar autores, la calidad prima sobre la comercialidad, aunque el criterio de mercado –“¡Ah, los mercados”, se lamenta el editor– no dejan de influir, aunque sea secundariamente, pues se reconoce la importancia de “estudiar la acogida que podría tener la obra en cuestión”.

 

Libros de Itaca es una muestra más del fenómeno de proliferación de pequeñas editoriales registrado en España desde el inicio del siglo XXI. Hay tantas, y a menudo con tan pocos medios, que se me ocurre si debería darse entre ellas un proceso de fusiones al estilo bancario, para que puedan incrementar y diversificar su producto, y así tener más opciones de supervivencia. Pero Serrano parece escéptico al respecto –el entrevistador también: solo era un chascarrillo–: “Las pequeñas editoriales son proyectos muy personales, donde la decisión de lo que se ha de publicar la toman una o muy pocas personas, entre las que además debe haber una gran afinidad. En caso de existir dos proyectos muy similares, no creo que haya ningún problema para unir fuerzas y crear sinergias.”

 

Sobre si son esas pequeñas editoriales una alternativa de calidad a la línea ultracomercial de la mayoría de las grandes editoriales (no es una broma como la anterior, sino una apreciación general, con todas las salvedades que se quiera), nuestro interlocutor conviene en ello, y se explica así: “Son dos formas diferentes de hacer lo mismo. Las grandes se rigen por criterios de tipo económico, empresarial, y las pequeñas buscan más la calidad de la obra.” Eso , no duda el entrevistado en que “ambos modelos pueden coexistir”.

 

De momento, Libros de Itaca solo publica en papel, pero está previsto hacerlo también en digital. Ocasión para hablar de este formato, el cual, sumado a la piratería que anida en Internet, amenaza –tal vez– la edición en papel impreso, aunque nadie esté todavía en condiciones de fijar la fecha de su death line. Sin embargo, cabe considerar que la generalización del libro digital en el colegio será un paso definitivo para el establecimiento de una nueva relación entre los futuros lectores y la obra literaria. “Creo que el libro digital va a suponer un cambio radical en el mundo editorial –afirma Serrano–. Por supuesto, este tipo de revoluciones no ocurren de la noche a la mañana, sino que van teniendo lugar a lo largo de años, tal vez décadas. No creo que el libro impreso desaparezca, ni siquiera a largo plazo, como tampoco han desaparecido los discos de vinilo. Personalmente, prefiero el libro de papel, pero las nuevas generaciones de nativos digitales no tienen ese componente afectivo hacia el papel. Me acuerdo de cuando íbamos al colegio con unas mochilas tan cargadas de libros que amenazaban seriamente la rectitud de nuestra columna vertebral. Frente a eso, prefiero un book reader. Por otro lado, si te fijas, lo digital siempre ha acabado ocupando el lugar de lo analógico.”

 

Y mientras tanto se hace camino al andar. O como rezan los célebres versos de Konstantinos Kavafis que presiden la página web de Libros de Itaca: “Ten siempre a Itaca en tu mente. Llegar allí es tu destino. Mas no apresures nunca el viaje”. Su lectura estimula mi curiosidad: ¿dónde quiere llegar el editor Javier Serrano? ¿Tiene meta su travesía? Y él contesta por primera vez en plural mayestático, señal de la importancia que confiere a la respuesta: “Como dice el poema, lo importante no es dónde consigues llegar, sino el viaje en . Queremos seguir publicando el mismo tipo de libros que venimos editando, y no traicionar ese espíritu editorial. Si además podemos vivir de ello, bienaventurado sea.”

 

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