Esquerra ha admitido que dispone de una estructura de comunicación opaca que actúa al margen de las campañas oficialistas del partido. Así lo ha explicado el hasta ahora vice consejero del Govern y responsable político de comunicación de ERC, Sergi Sabrià i Benito, en rueda de prensa, quien ha presentado hoy mismo su dimisión a Pere Aragonès. Sabrià, según parece, era el hombre en la sombra que articulaba una estructura paralela a ERC y que actuaba fuera de las siglas, conocida como Xarxa B (red b). Y esta estructura, a la que, perfectamente, podríamos llamarle clan, usaba a militantes de confianza pagándoles por contracampañas a través de una empresa afín a ERC, Relevance, facturas de 1.000 y 2.000 euros, según Ara.

Una de las acciones que habrían llevado a cabo sería la difusión —en la campaña de las últimas municipales— de los carteles con el lema «Fuera el Alzehimer de Barcelona», que atentaban contra la dignidad de su compañero de partido Ernest Maragall (presente en la rueda de prensa) y contra el hermano de este, Pasqual Maragall, afectado por la enfermedad. Una operación de falsa bandera, según ha dicho Sabrià, que tenía por objetivo situar a Maragall —candidato a las municipales por Barcelona— en el centro del huracán mediático.

Otra de las acciones que habría ejecutado el grupo opaco sería la campaña «Free Junqueras» con la que se empapeló —y grafiteó— media Catalunya con la cara del exlíder de ERC. Asimismo, al cerebro de Xarxa B se le habría ocurrido contratar a unos mariachis para que acudieran a la sede de Junts en Barcelona durante el impasse en el que la formación de Puigdemont decidía si abandonaba o no el gobierno de coalición con los republicanos. A esta red en la sombra también se le ocurrió repartir por las estaciones de Rodalies a militantes disfrazados de sardinas para protestar por la masificación de los trenes o ser los creadores de La Fàbrica de Rufián, el programa de entrevistas que conducía el diputado de ERC. Y tantas otras campañas a través de redes sociales o a más pequeña escala.

Sabrià, cipayo de Marta Rovira y mano derecha de Pere Aragonès (quien le otorgó funciones de súper conseller), no se ha ido sin disparar contra Junqueras, insinuando que «hay quien ha querido precipitar mi dimisión con informaciones falsas (…) mientras sonaban de fondo frases como hay que limpiar los trapos sucios en casa», expresión que acuñó Junqueras tras la publicación del manifiesto de los afines a Rovira, en el que se pedía una renovación del partido. Sabrià ha admitido que no se habla con Junqueras desde la noche electoral del 23 de julio de 2023, cuando ERC perdió cinco diputados en las elecciones españolas. De hecho, ha asegurado que «hay a quien no le importa el partido» porque «usa su ambición para hacerse un partido a su medida».  Pese a todo, Sabrià ha dicho que se va tranquilo porque no se siente «culpable de nada» y espera que su dimisión sirva para «rebajar tensiones».

Y es que el pulso entre Junqueras y Rovira tiene a ERC partida por la mitad, mientras Catalunya sigue con un gobierno en funciones y con el cronómetro en marcha ante una más que probable repetición electoral.

Redacción en Revista Rambla | Web

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