Las culturas de los países andinos deben mucho a las tradiciones del pueblo quechua: representaciones, símbolos, imágenes, comida, han dado origen a nuevas creaciones interculturales. Es el caso del ave mítica de los incas quechuas, el huaman, o halcón, que fue para ellos el ave sagrada por excelencia. Se le atribuyó sabiduría, capacidad creativa, inclinación al poder, bellas artes, etc.

En el pensamiento inca-quechua, lo religioso estuvo indisolublemente ligado a lo político, lo legal, lo administrativo, lo estético. Contenía un conjunto de ideas valederas que los españoles minimizaron o ignoraron; sin embargo, en un examen detenido, el halcón fue tema especial de cronistas importantes y aún sobrevive en las culturas de Ecuador, Perú y Bolivia.

La representación del halcón -ave sagrada- es característica de las antiguas civilizaciones, aparece en los sistemas religioso-mitológicos de Sumeria, Grecia, Roma, India como   signos solares. Esto se debe a que los halcones vuelan hacia el sol apenas despunta el día y resisten mirándolo directamente sin perjuicio para sus ojos.

Entre los incas el halcón cumplió variadas funciones: en el mito de origen, recogido por Sarmiento de Gamboa, se lo muestra como antepasado totémico del clan real inca y resalta la figura de Manco Capac, último personaje del modelo cosmológico y primero de la historia, o cuasi historia, fundador de la dinastía. Según el mito, Manco Capac salió de una caverna acompañado por sus cuatro hermanos y sus cuatro hermanas-esposas.  Manco traía consigo la figura de un halcón, en una petaca de paja, a la que veneraban todos, y esto hacía al Inca señor principal y que la gente lo siguiese. La efigie estaba muy cuidada, y así fue trasmitido por mayorazgo a los sucesores del monarca. Cuando le llegó a Mayta Kapac (cuarto soberano), este abrió la petaquilla y habló con el ave. “De esto, quedó muy sabio y avisado”.   Según Sarmiento, el pájaro indi (Inti) que lleva el mismo nombre que el Sol (Inti en quechua) era considerado hijo de la divinidad y hermano del soberano, a quien servía como oráculo: era tan cercano al inca que hablaba el mismo lenguaje.

El texto enunciado pertenece, sin duda, a una época en la que ya se había consolidado el poder de los gobernantes sobre muchos ayllus, pero se quería que el halcón divinizara el poder oficial.

El halcón no solo generó mitos, sino que está presente en muchos rituales del incario. Domingo de Santo Tomás, en su Lexicón quichua, define a los huamanes como “aves demediano tamaño , que se crían en la laguna sagrada de Vilcanota, tienen las plumas ajedrezadas, blancas y negras y luego que se coronaba rey el inca, arrancaban plumas de las alas del ave y las fijaban a los lados de la borla regia”. Las plumas del ave maskaypacha se colocaba como recuerdodel proto ancestroinca yse conservaron hastaHuáscar y Atahualpa.

En los ceques, líneas imaginarias que salían desde el Cori Cancha hacia los cuatro suyos, había algunos adoratorios dedicados al waman sagrado: dice Bernabé Cobo que “ la novena guaca del tercer ceque se llamaba Cusi Guamán y era una piedra a manera de halcón, que dijo Inca Yupanqui habérsele aparecido en una cantera y mandó que se le hiciesen sacrificios”. Añade además “que la octava guaca del quinto ceque era una sepultura pequeña llamada Guamán Guachanca, de un hermano de Huayna Capac, la cual estaba del otro lado de la fortaleza. Hiciéronla adoratorio por haber muerto de pequeño el hermano del Inca”.               i

La fortaleza a la que se refiere Bernabé Cobo, es Sacsay Huaman, que literalmente significa “Halcón satisfecho”, lo que hace pensar que la famosa edificación fue fundamentalmente un templo donde se ejercía el poder sagrado solar.

Los halcones ya eran importantes en culturas anteriores a la inca, como la Chavín, la Nazca, o la Wari, pero los soberanos del Cusco, le dieron funciones político-legales-administrativas que anteriormente no tenían, es el caso de utilizar las alas del pájaro como garantía de respetar y sellar un pacto entre el inca y otros gobernantes al personaje político que negociaba.

Huaman denotaba también privilegios y títulos otorgados a nobles y a guerreros destacados. La onomástica recogida en el libro de Luis Valcárcel, “Historia del Perú Antiguo”,recoge muchos nombres de importantes personajes que llevan el nombre Guaman o Huaman.  Citemos algunos ejemplos:  Cusi Guamán Chiri, fue hijo del inca Pachacuti,  Guaman Achachi,  capitán del ejército inca, Guaman Atau,  curaca, Guaman Capac  hijo del inca Roca, Guaman Cucho, curaca,  Guaman Huallpa, hermano de Atau Huallpa Inca, Guamán Guaraca, curaca de Andahuaylas.

El halcón pasó a ser símbolo de conquista y las ciudades ocupadas o creadas recibieron el nombre de Guaman. Al ocuparse de la ciudad Guamanga, el padre Murúa atribuye su nombre a una frase pronunciada por Huayna Capac, quien dejó a su hijo por gobernador de la fortaleza de Vilcas Huamán, “el inca como muestra de su afecto le obsequió una rica túnica de oro, diciéndole: Guamán, ca que quiere decir Guamán toma”.

El halcón sagrado aparece en las Crónicas siempre ligado al linaje inca.  El cronista Molina del Cusco anota que en el ritual de iniciación Huarochicu, los jóvenes candidatos a usar orejeras, símbolo de la nobleza, iban a un altar en la cumbre del monte Yahuira, cercano al Cusco, y recibían allí los símbolos iniciáticos. La  huaca del monte consistía en dos halcones de piedra puestos en un altar en la cumbre del cerro. “Dicha huaca fue institucionalizada por el Inca Pachacuti y se le sacrificaban cinco llamas tiernas pidiendo que los jóvenes sean valientes guerreros”.

Como hemos visto anteriormente, los halcones de la laguna Vilcanota eran sagrados en el modelo del mundo de los incas, sin embargo, hay que resaltar que una variante del ave, el coriquenque, especial por los colores amarilla o roja que tiene cuando joven en la cara, se transformó con el tiempo, como sucede en el desarrollo de las ideas religiosas, en la categoría lógica de cualidad y pasó a simbolizar la “dignidad del Inca”.

El nombre coriquenque, o coriquinga, es traducido literalmente como “inca de oro”. En el museo de Arte Precolombino del Cusco, hay una lámina con la imagen de un ave hecha en oro, lleva el nombre de “pájaro de oro”, y semeja un halcón aunque el pico esté representado en tamaño exagerado e impropio, probablemente para significar la fuerza del ave rapaz.

De importancia para mostrar la permanencia de la figura del halcón en la historia del pueblo quechua es un anónimo de la Revista Inca Nº 2, 1923. Se   se lee que, “conmemorando a los incas en la ciudad del Cuzco en 1610, realizada por los indios principales de la parroquia de Santiago entre danzas, músicas y vestidos muy galanos desfilaron con canciones en que hacían referencia al ave sagrada de los Incas, el Coriquenque”.

El Huaman simbolizaba el poder oficial de los incas, conseguido con las conquistas guerreras, Huamaní (probablemente el nombre del pájaro más un sufijo locativo), era también, como opina Tom Zuidema, en  “Reyes y Guerreros”, Ensayos de Cutura Andina” , una unidad administrativa, una división territorial de acuerdo al número de contribuyentes, una provincia que tenía como referente un valle.

Con la conquista el culto al curiquenque no desapareció.  En un documento anónimo publicado en  la Revista Inca Nº2 (1923),  aparece un homenaje que los descendientes de los incas llevaron a cabo en la parroquia de Santiago en 1610 y dice que en la procesión se cantaban canciones que hacían referencia a  al ave personificada de los Incas, el Coriquenque.

Estas ideas antiquísimas sufrieron cambios, pero el ave continuó inspirando representaciones artísticas variadas y simbolizando la esencia de la cultura quechua.  Cesar Vallejo, uno de los innovadores de la poesía universa del siglo XX y máximo exponente de la poesía peruana, en su famoso poema “Huaco”, tomó al corequenque como uno de los símbolos quechuas, para rechazar la colonización española y sus trágicos efectos entre los indígenas:  En el primer párrafo escribe: Yo soy el corequenque ciego/que mira por el lente de una llaga/ y que atado estoy al Globo/como un estupendo huaco que girara. El corequenque, transformado en un huaco (pieza de cerámica artística deviene en una metáfora de identidad perdida por el colonialismo.

Vale la pena hacer referencia a la costumbre popular conservada en el “Pase del niño” en Riobamba, Ecuador. El «Baile del Curiquingue” es el que más atrae a la gente, mantiene, en ciertos rasgos, la base ritual antigua en la cultura quichua ecuatoriana. Los bailarines con figura de ave, danzan en la fiesta imitando los movimientos del curiquingue, su manera de caminar y de levantar sus extremidades y mover las alas. Aunque ahora está desritualizado, el baile guarda un cierto grado de valor sagrado para la colectividad, por mucho tiempo para los indígenas de las comunidades quichuas cercanas a Riobamba, el baile era una obligación social y religiosa ineludible.

Además, el tema del «Baile del Curiquingue», que cada año se celebra en Riobamba, sirvió como inspiración al cuadro de Diógenes Paredes, pintor emblemático del Indigenismo ecuatoriano. Se trata de una pintura que deja huella profunda en el espíritu porque con su lenguaje artístico da testimonio de la situación de los indígenas,  que desposeídos de su tierra, se aferran a sus costumbres, a sus viejos rituales. Muestra en el cuadro los rostros de una multitud de individuos que sobrellevan su existencia, con dignidad y sentido comunitario de ritualidad y celebración.

Ileana Almeida: Filóloga, profesora universitaria y escritora. Entre sus libros figura Mitos cosmogónicos de los pueblos indígenas del Ecuador.


*Fuente: https://rebelion.org/huellas-de-la-cultura-quechua/

Comparte: