Dialogué con el filósofo argentino Martín Buceta, quien en 2021 publicó su libro Camus, Sartre, Baricco y Proust: Filósofos escritores y escritores filósofos en la editorial Sb. Por ese camino, charlamos sobre las relaciones entre filosofía y literatura, la polémica en torno al marxismo entre Albert Camus y Jean-Paul Sartre y las obras de estos dos autores. También sobre los textos de Alessandro Baricco y Marcel Proust.

Leandro A. Cuellar (LAC): ¿Desde hace cuánto trabajás en la vinculación entre filosofía y literatura? ¿Por qué creés que es necesario vincular ambas manifestaciones?

Martín Buceta (MB): Mi investigación en torno a las relaciones entre filosofía y literatura puede ser datada, formalmente, desde el inicio de mis estudios doctorales por el año 2012. En ese momento, la lectura de la obra de Maurice Merleau-Ponty, en especial de su libro póstumo La prosa del mundo, despertó en mí una inquietud muy fuerte por el quehacer literario y por la expresión literaria y su capacidad para manifestar el mundo de las vivencias de los sujetos. Desde ese momento en adelante, no he dejado de indagar esas relaciones, ya sea mediante el abordaje de la colosal Recherche proustiana desde una óptica fenomenológica merleaupontiana hasta la curiosidad por las obras de Camus, Sartre, Baricco y otros tantos escritores-filósofos.

Respecto de la necesidad de vincular o pensar conjuntamente ambas disciplinas, lo que creo es que su andar no es muy distante, al contrario, ambas son formas de intentar llevar a la palabra cierto sentido que se advierte en la percepción. Toda filosofía y toda literatura que se precie de tal busca expresar un sentido circundante, un sentido que el sujeto adivina en su entorno y quiere manifestar para que sea accesible a otros. En eso, filosofía y literatura se parecen y hasta se confunden, apelando a un mismo lenguaje creativo que logra decir más de lo que está dicho en la significación cerrada y abre un horizonte de cosas por decir, de terrenos experienciales por conquistar.

LAC: Empezando por Jean-Paul Sartre, ¿qué nos recomendarías leer de su obra literaria?

MB: La obra de Sartre es muy vasta y, haciendo gala de su gran versatilidad para la literatura, se ha dado el gusto de escribir todos los géneros: cuentos, novelas, teatro, etc. Creo que lo más destacable de su obra literaria es su teatro, en particular, A puerta cerrada, que condensa uno de sus planteos más desafiantes: pensar las relaciones intersubjetivas. Allí escribe aquella frase reconocida, “El infierno son los otros”, con la que quería englobar, de alguna manera, aquella larga reflexión explorada un año antes en El ser y la nada en torno al conflicto intersubjetivo. Por otro lado, me gustaría recomendar su libro de cuentos El muro. Esta obra es menos nombrada pero muy potente. Sartre elabora allí diversas temáticas interesantísimas como, por ejemplo, las últimas reflexiones de unos condenados a muerte, o explora la psicología de un asesino que busca alcanzar la fama mediante un asesinato en masa.

LAC: Ahora bien, siguiendo con Albert Camus, ¿qué consideraciones políticas creés que trae consigo El extranjero?

MB: Albert Camus es en sí mismo un símbolo político. Nacido en Argelia pero con raíces francesas por parte de su padre, sintetiza y preanuncia, de alguna manera, todo el conflicto en torno a la guerra de Argelia y las colonias francesas. En relación con su obra más leída, El extranjero, creo que es un manifiesto político en varios sentidos, pero me gustaría resaltar dos. En primer lugar, hay un tratamiento implícito y explícito de la cuestión árabe, si así se me permite llamarla. El protagonista asesinó a un árabe y eso no es lo más escandaloso para su sociedad. Eso habla de la importancia que la justicia francesa daba a las víctimas árabes. También la cárcel —sabemos por palabras del protagonista— está llena de argelinos. Esto pone de manifiesto algo bastante actual: las cárceles no son, principalmente, para quienes cometen delitos sin importar distinción, sino para aquéllos que pertenecen a determinado grupo social. Por otro lado, hay una consideración política que no tiene que ver con la política internacional o partidaria, sino con algo más propio de la reflexión filosófica en torno a la organización de una ciudad. Esa cuestión tiene que ver con el contrato social implícito que todos sostenemos, por más absurdo que sea, para creer que el mundo tiene sentido y vivir con cierta tranquilidad, seguridad y coherencia como diría su maestro Friedrich Nietzsche. El hecho de que Meursault sea condenado, no tanto por matar a un árabe sino por no llorar en el velorio de su madre, hace que reflexionemos sobre la necesidad de ser funcionales a ciertos hábitos, normas, que nos dan seguridad y nos permiten vivir una existencia tranquila. Meursault debe ser eliminado no por su crimen, sino por ser una amenaza al orden social. Esa lectura de la necesidad del establecimiento y sostenimiento de un orden político tiene raigambre, creo yo, en la lectura camusiana del artículo póstumo de Nietzsche “Sobre la verdad y la mentira en sentido extramoral”.

LAC: ¿Qué reflexión política hacés de su obra teatral Los justos y de su novela La peste? ¿Qué otras obras literarias recomendarías de Camus?

MBLa peste es de 1947; es una obra que puede pensarse como una gran metáfora del encarcelamiento en que han vivido los europeos sitiados y asesinados por el totalitarismo nazi. Aunque también Camus la elabora como una metáfora existencial. No obstante, su primer sentido, como él mismo confiesa en una carta a R. Barthes, es un sentido político. La peste es el totalitarismo nazi que arrecia Europa con su brazo exterminador. La crónica del Dr. Rieux, protagonista de la novela, es, al mismo tiempo, una denuncia contra el totalitarismo que mata todo a su paso y un programa de lucha comunitaria, de Resistencia —diría Camus— contra el terror. Como tal, la obra que venía siendo elaborada desde la guerra es publicada dos años después de su culminación y tiene un notorio éxito porque puede leerse en ella una crónica metafórica de lo que todos los europeos habían vivido. En ella también se anticipa una posición conflictiva de Camus en relación con la legitimación del asesinato que luego cobrará más fuerza en Los justos (1949) y se explicitará en El hombre rebelde (1951).

Los justos es una obra teatral muy desafiante, ya que plantea un dilema moral muy interesante: ¿es justo que perezcan los inocentes en pos de la construcción de un mundo mejor y pacífico para todos? La respuesta de Camus es clara: no, el asesinato no puede ser nunca legitimado. Esta posición es una crítica directa a la Unión Soviética, ya que los protagonistas son unos rebeldes soviéticos que quieren realizar un atentado, pero al querer realizarlo descubren que aquél al que iban a matar viene acompañado de niños que pueden también perecer. Esta obra teatral y la novela precursora sobre la peste anticipan la posición de Camus en relación con la legitimación del asesinato político (práctica también presente en los comunistas).

Por último, sobre la recomendación de lectura, creo que es una obra excelente para introducirse y disfrutar de Camus la pieza teatral Calígula. Esta obra explora la realidad de un césar que descubre que la vida no tiene sentido y entonces comienza a hacer cosas muy delirantes, pero esos delirios esconden una idea muy sugerente que se irá revelando con el paso de los actos.

LAC: ¿Nos contarías de qué se trata la polémica entre Sartre y Camus en torno al marxismo?

MB: La polémica entre Sartre y Camus es muy famosa y, principalmente, se la explica por su discusión política (aunque también tiene una arista filosófica) en torno a la existencia de los gulags (campos de trabajo soviéticos) durante una parte del siglo XX. No obstante, la explosión de dicha polémica se da con la publicación de El hombre rebelde, ensayo filosófico de Camus que vio la luz en 1951. En ese escrito, Camus toma una postura crítica en relación con la Unión Soviética en quien ve la misma legitimación del asesinato que en las potencias occidentales. La crítica de Camus va al hueso porque asimila al materialismo con el cristianismo en tanto que, para él, ambos sacrifican el presente en pos de un mundo futuro que no ha llegado ni parece que llegará. Él explica que ante el mal que hay en el mundo el hombre pide justicia y el cristianismo responde esta protesta con un reino que exige la fe y, el materialismo, como servidor de la historia, aumenta el dominio del asesinato histórico y lo deja al mismo tiempo sin justificación, como no sea en el provenir que exige asimismo fe. Por ello afirmará que “en ambos casos hay que esperar y durante ese tiempo el inocente no cesa de morir”.

Obviamente, estas ideas no dejan indiferente a Sartre que permite la publicación de una reseña feroz por parte de su discípulo Francis Jeanson en Los tiempos modernos. Camus comete el error de responder a esta reseña dirigiendo una carta al editor de la revista, es decir, al mismo Sartre. Y luego Sartre responde de un modo aún más atroz propinándole una cantidad de insultos e ironías que llevan a la ruptura de la relación.

En el fondo lo que queda es la discusión histórica de si el fin justifica los medios, siendo esos medios vidas humanas inocentes. Camus jamás aceptará eso, incluso sabiendo que será tildado de soñador e ingenuo.

LAC: Otro filósofo escritor que abordás es Alessandro Baricco. ¿Cuáles son los aspectos que trabajás de este autor en tu obra?

MB: Baricco es un autor vivo extraordinario. Este escritor italiano tiene una pluma exquisita y ha escrito muchas obras destacables (por ejemplo, su conocidísima obra Seda). En particular, yo he trabajado con más ahínco su segunda novela: Océano mar. Esta obra es una construcción minuciosa en la que un conjunto de personajes dispares entonan un canto polifónico con el objetivo claro de decir el mar. Está claro que el mar es una metáfora, hace referencia al ser, a lo insondable, lo misterioso, el sentido de la vida o de la muerte. Estos variados personajes, entre los que encontramos a un científico, a un pintor, a un sacerdote, a una mujer adúltera, entre otros, intentan llevar a la expresión el sentido de ese fenómeno insondable del misterio del mar (o de la vida). Todas estas voces están orquestadas por la pluma de quien escribe la sinfonía, el autor detrás de la obra, un misterioso personaje que jugará a las escondidas hasta el final.

Mi interés por esta obra, tal como lo expongo en mi libro Camus, Sartre, Baricco y Proust, reside en la potencia de la literatura para expresar el sentido del mundo sensible. La literatura y su particular lenguaje pueden captar y sostener en el tejido de sus redes el sentido que anda esparcido en la experiencia. Allí puede atraparlo, cristalizarlo y comunicarlo. Baricco es un gran hacedor de un universo particular en el que el sentido del mar intentará ser dicho. Esa empresa, como tal, es digna de ser pensada filosóficamente y eso es lo que traté de hacer en las páginas de mi último libro.

LAC: Finalmente, ¿qué te llevó a trabajar a Proust? ¿Cómo lo vinculás con la filosofía?

MB: La obra de Proust ha sido muy estudiada. En mi caso personal, yo le he dedicado mi tesis doctoral y el libro que de ella surgió: Merleau-Ponty, lector de Proust: lenguaje y verdad (SB, 2019), y una cantidad considerable de artículos académicos. A la busca del tiempo perdido, la novela más conocida y leída de Proust, es un objeto radioactivo, no sólo por sus siete extensos tomos, sino por su técnica de escritura y por su contenido. La novela inaugura un modo novedoso de contar; a lo que allí asistimos es a una suerte de narración de la vida de la conciencia (si es que algo así puede ser narrado). Esto hace que la obra cobre un valor inestimable para una corriente filosófica como la fenomenología que busca describir las vivencias de la conciencia. Ése ha sido mi abordaje: buscar en la novela proustiana una suerte de narración literaria de las vivencias de la conciencia. La expresión literaria de esas vivencias es lo que Merleau-Ponty llamó ideas sensibles —término que él mismo aprendió en la lectura de Proust—. Estas ideas sensibles son ideas veladas por tinieblas, ideas que no pueden ser separadas de la carne de lo sensible en que están incrustadas. Tales ideas interesaban a Merleau-Ponty (y a mí también), porque logran expresar el sentido de la experiencia sin renunciar a ella. Es decir, no se convierten en ideas de la inteligencia, alejadas de la sensibilidad, abstractas, sino que, al contrario, son ideas que no renuncian al tejido sensible que las estructura y logran ser sublimadas y expresadas en un tejido menos pesado que es el del lenguaje literario. La exploración de dichas ideas y de su expresión es lo que me ha obnubilado en la producción novelística de Proust.

LAC: ¿Puede conseguirse tu libro en el exterior, en países de Latinoamérica como México? ¿Cómo se podría hacer para obtenerlo?

MB: Ambos libros, tanto Merleau-Ponty, lector de Proust como Camus, Sartre, Baricco y Proust, están disponibles en México y toda Latinoamérica. Los pueden conseguir por medio de las páginas web de la editorial con envío a todo el mundo: https://www.editorialsb.com o https://www.editorialsb.com.mx. También vía Amazon.

*Fuente: revistacomun.com

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