En 1956, se publicó un libro que cautivó a millones: El Tercer Ojo, presentado como la autobiografía de un monje tibetano que narraba su formación espiritual y el misterioso despertar de un «tercer ojo» que le otorgaba habilidades psíquicas. Sin embargo, años después se reveló la verdad: el autor no era un monje tibetano, sino un ciudadano inglés que jamás había puesto un pie en el Tíbet, y que escribió la obra para su propio beneficio.

El bulo detrás de la narrativa

La obra, lejos de ser una ventana auténtica a la cultura tibetana, era una construcción ficticia llena de prejuicios y exageraciones. En ella, se describen prácticas extremas y crueles, como métodos violentos de estudio o rituales peligrosos con cometas que terminaban en muertes entre los alumnos, supuestamente para seleccionar a los monjes más fuertes. Estas imágenes no solo resultan poco creíbles, sino que alimentan estereotipos negativos y sensacionalistas sobre una cultura que pocas personas en Occidente conocen en profundidad.

El «tercer ojo» como símbolo de prejuicios

Lejos de ser un concepto espiritual genuino, en esta obra el «tercer ojo» funciona simbólicamente como un lente deformante, una visión sesgada que refleja más los prejuicios del autor que la realidad del Tíbet. El libro distorsiona tradiciones milenarias para encajar en una narrativa que oscila entre la exotización y la demonización, mostrando la cultura tibetana como un lugar de misterio, pero también de violencia y prácticas irracionales.

Apropiación cultural y falta de respeto

Este caso es un claro ejemplo de apropiación cultural: la usurpación de elementos espirituales y culturales de una comunidad sin permiso ni comprensión, para beneficio personal o comercial. Además, la presentación falsa como autobiografía contribuyó a legitimar una visión errónea y prejuiciosa, perpetuando malentendidos que todavía pueden afectar la percepción de esta cultura hoy en día.

El riesgo de la desinformación y la intolerancia

Este tipo de relatos demuestra lo fácil que es caer en la intolerancia si uno no se esfuerza en informarse con rigor. A juzgar por las descripciones del libro —como la supuesta violencia sistemática contra niños en monasterios—, no es descabellado imaginar a alguien tomando esas ficciones como verdad literal. ¿Y si un lector fanático llegara a decir que “los monjes han matado a su hijo”? ¿Y si, llevados por la histeria colectiva, grupos armados organizaran una cacería para matar monjes en el Tíbet? El poder de la narrativa irresponsable puede derivar en consecuencias reales y trágicas cuando se mezcla con ignorancia, miedo y prejuicio.

El tercer ojo en otro orden de cosas: la propaganda y la distracción

En otro plano, esta historia se puede entender también como una metáfora de la propaganda anglosajona que crea todo tipo de mitos aventureros y relatos exóticos para distraer la atención pública de la falta de valores y problemas profundos de su propio modelo de vida. Un ejemplo claro es el dominio financiero global de gigantes como BlackRock, la llamada «tercera potencia del mundo» en términos de movimiento de capitales, solo detrás de Estados Unidos y China. Su modelo financiero está cada vez más alejado de la economía real y la productividad, y a costa de una clase media trabajadora que se deteriora progresivamente. Esta desconexión lleva al mundo a un callejón sin salida, donde la sociedad busca refugio en mitologías falsas y relatos superficiales, en lugar de confrontar los desafíos reales y buscar soluciones profundas.

Conclusión

*El Tercer Ojo* no solo es un engaño literario, sino una advertencia sobre cómo las narrativas construidas sin respeto pueden dañar la imagen de culturas enteras. Los verdaderos monjes tibetanos nunca escribirían para su propio beneficio, pues el auténtico despertar espiritual implica la entrega desinteresada y la humildad.

El verdadero «tercer ojo» es, en realidad, lo opuesto a los prejuicios y a todo lo que puede ser reflejado con palabras. Se trata de una apertura de la mente y de un amor universal que trasciende el lenguaje, quedando muy lejos del ego propio de una aspiración literaria o comercial. Es una experiencia profunda que invita a ver con claridad y compasión, no a imponer una visión sesgada o interesada sobre otras culturas.

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Escritor sevillano finalista del premio Azorín 2014. Ha publicado en diferentes revistas como Culturamas, Eñe, Visor, etc. Sus libros son: 'La invención de los gigantes' (Bucéfalo 2016); 'Literatura tridimensional' (Adarve 2018); 'Sócrates no vino a España' (Samarcanda 2018); 'La república del fin del mundo' (Tandaia 2018) y 'La bodeguita de Hemingway'.

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