En 1933, el químico norteamericano Waldo Lonsbury Semon impulsó un nuevo material que revolucionó el mercado: el policloruro de vinilo, más conocido por la inmensa mayoría de nosotros como PVC. Desde la invención de este plástico reciclable, han pasado algo más de 90 años. Seguramente, llegaremos al siglo y aún lo encontraremos en productos tan útiles como las tuberías del desagüe o los marcos de las ventanas. Sin embargo, los ciudadanos particulares no son los únicos que aprovechan la flexibilidad, impermeabilidad y resistencia del PVC en beneficio propio.

La industria alimentaria es uno de los sectores que también aboga por su uso. Rara es la empresa de obtención, fabricación, distribución y venta de alimentos que no cuenta con un buen par de cortinas de lamas PVC instaladas en algún lugar. En la Comunidad Valenciana, en una pequeña localidad a media hora en coche de la capital, se encuentra la sede física de Clever Spain, una sociedad limitada con más de 25 años de experiencia en su ámbito: el desarrollo de paneles sanitarios, revestimientos de suelo, bolsas de envasado al vacío y, por supuesto, cortinas de PVC que protegen las superficies del polvo y aíslan las estancias (cámaras frigoríficas incluidas) térmica y acústicamente.

Sin más dilación, entramos en pormenores.

Cortinas de PVC certificadas para Inspección Sanitaria

El PVC es un polímero, es decir, un material que existe porque se han unido una y otra vez ciertas estructuras más pequeñitas a las que los especialistas llaman monómeros. Por supuesto, no es el único de su especie. La celulosa, que recubre las paredes de las células vegetales, también es un polímero. Lo mismo sucede con el almidón de la patata o con la pectina, naturalmente presente en frutas como las manzanas. En la industria alimentaria, para elaborar mermeladas, se utiliza la pectina tanto como el otro polímero con el que hemos abierto el artículo: el PVC. Como cabe esperar, a diferencia de la pectina, el PVC no es comestible. Sin embargo, las cortinas de lamas que se fabrican con él sí aportan ciertas ventajas que explican el éxito de este tipo de soluciones en la industria alimentaria:

  • Al contrario de lo que alguien podría creer erróneamente, las cortinas PVC flexible de Clever Spain son autoextinguibles. El policloruro de vinilo tiene esta capacidad para reaccionar favorablemente al fuego. En primer lugar, sólo se prende si se le aplica directamente y de forma continuada una llama. Que sean autoextinguibles significa que dejan de arder en el momento en que la fuente de ignición se aleja.
  • La ductilidad del PVC permite obtener lamas de muy diversos tamaños. Los gruesos disponibles en Clever Spain oscilan entre, aproximadamente, 2 mm y 5 mm de ancho, rollos con 50 metros lineales y lamas con anchos entre 100 mm y 500 mm. Asimismo, las hay de lamas transparentes (dejan pasar la luz por completo) y de lamas translúcidas, ideales para espacios que requieren algo más de privacidad (por ejemplo: las salas donde se mezclan los ingredientes clave que componen una bebida refrescante).También fabrican opacas donde no dejan pasar la luz y no se puede ver.
  • Cada paquete incluye los elementos (barra, pletinas de acero inoxidable y lamas de PVC) que la empresa de alimentos necesita para instalar su cortina donde desee. A su vez, las cortinas son una forma rápida y sencilla de dividir el espacio sin hacer obras.
  • Aunque las medidas son bastante variadas, y encontrar la cortina que mejor se ajusta al espacio es relativamente sencillo, se pueden dar casos en los que se necesiten unas dimensiones muy específicas. Para estas ocasiones, Clever Spain cuenta con unos rollos de lamas de PVC cuyo ancho viene predeterminado, pero no así el largo. Sólo hace falta cortar el rollo justo a la altura del largo que necesitamos. Uno de los modelos específicos de estos rollos es, además, antinsectos, lo que evita que los bichitos pasen al interior de las estancias donde se manipulan alimentos.
  • En el caso concreto de la cortina de PVC de 2.000 mm x 984 mm (alto máximo x ancho máximo) en formato Economy Pack, la temperatura que las lamas resisten oscila entre los -15 ºC y los +50 ºC con una opción, y entre los -30 ºC y los +40 ºC con la opción de congelación. El primer rango de temperatura es el adecuado para alimentos que no requieren conservación en frío o que, en caso de necesitarla, deben permanecer entre los 0 ºC y los 4 ºC. Éste es el intervalo ideal para mantenerlos frescos sin que proliferen bacterias, pero también sin congelarlos. El segundo rango, el que desciende hasta los 30 ºC bajo cero, es ideal para las cámaras frigoríficas que se utilizan en la industria alimentaria.

Con estas cortinas, los alimentos aguantan hasta un año

Con respecto a este último punto, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición aconseja congelar los alimentos a temperaturas de -18 ºC o por debajo, para que duren en buen estado varios meses. Para conseguirlo, hace falta instalar cortinas PVC para industria alimentaria que soporten hasta los -30 ºC. De este modo, las industrias alimentarias que confían en las soluciones de Clever Spain pueden conservar:

  • las frutas y verduras, entre 8 y 12 meses;
  • la carne de ternera, cordero y cerdo, entre 6 y 12 meses;
  • la carne de pollo, entre 9 y 12 meses;
  • la carne picada para preparar hamburguesas, entre 3 y 4 meses;
  • los fiambres y embutidos, como mucho, 2 meses;
  • los huevos sin cáscara (crudos), hasta un año;
  • el pescado blanco (por ejemplo: la merluza), hasta 8 meses;
  • el pescado azul (salmón), hasta 3 meses;
  • el marisco, entre 3 y 6 meses;
  • las sopas y los guisos, hasta 3 meses.

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