Los pocos medios que se han hecho eco de la noticia han calificado de “gesto imperialista” el hecho de que Felipe VI no se levantase ante la entrada en una urna de cristal de la espada de Simón Bolivar durante la toma de posesión del nuevo presidente de Colombia, Gustavo Petro. Puede, en cambio, que el tipo que ostenta la jefatura del estado español en realidad no se atreviera a moverse, temiendo que alguno de los presentes se hiciera con la daga e hiciera rodar alguna cabeza (la suya, por ejemplo). El caso es que el actual jefe del estado ha hecho gala del resentimiento patrio y se ha negado a presentar sus respetos ante un objeto icónico que liberó al país latinoamericano de la opresión imperialista española. A eso hay que añadirle que Felipe VI ha sido increpado en varias ocasiones por el público.

Los problemas para el rey español han comenzado en cuanto ha dado inicio la ceremonia. El nombre de Felipe VI -que por protocolo ha sido el primero en sonar por megafonía- ha sido uno de los pocos que ha recibido un sonoro silbido al unísono de los asistentes durante la ronda de presentaciones. Contrariamente, el público no ha dudado en aplaudir el nombre del mandatario que se sentaba a su lado: el presidente de Chile, Gabriel Boric, aliado político de Petro y uno de los referentes progresistas de la región.

Cabe recordar que en marzo, el monarca español llegó con quince minutos de retraso a la toma de posesión de Boric, lo que obligó a las autoridades chilenas a retrasar la ceremonia. El presidente chileno –que hoy prácticamente no ha intercambiado palabras con Felipe VI– calificó en su día la tardanza del Borbón de “inaceptable”.

La crispación no ha terminado aquí. Minutos después, el monarca español ha respondido al rechazo del público negándose a levantar -como muestra de respeto institucional- durante la exhibición de la espada de Bolívar, talismán de la liberación nacional de Colombia del imperio español. Felipe VI ha sido el único mandatario que ha permanecido sentado e impávido durante la muestra del arma con la que el líder revolucionario expulsó a las autoridades coloniales españolas hace más de doscientos años.

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