UNA HUELGA LIBRE DE PACTOS

altMañana, España entera se pone en huelga. Sindicatos y trabajadores saldrán a la calle para protestar contra la nueva reforma laboral, el recorte del gasto social, la congelación de las pensiones. Contra una serie de medidas impulsadas desde el Gobierno central que han generado gran polémica y revuelo social. Sin embargo, la lucha ya hace días que ha empezado. Y cada uno combate a su manera, enarbolando su propia bandera.

 

Texto: Blanca Mendiguren Gomila Fotos: Francesc Sans

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Mañana, España entera se pone en huelga. Sindicatos y trabajadores saldrán a la calle para protestar contra la nueva reforma laboral, el recorte del gasto social, la congelación de las pensiones. Contra una serie de medidas impulsadas desde el Gobierno central que han generado gran polémica y revuelo social. Sin embargo, la lucha ya hace días que ha empezado. Y cada uno combate a su manera, enarbolando su propia bandera.

 

En Barcelona, desde el sábado pasado, un centenar de activistas de diversos movimientos sociales mantienen ‘okupada’ la antigua sede del Banco Español de Crédito, situada en Plaça Catalunya. Acción con la que pretenden reclamar cambios en materia política y protestar contra la situación actual de crisis económica, que consideran fruto de un capitalismo desmedido. Hermanados bajo el nombre de Moviment del 25-S o de Assemblea de Barcelona, reivindican la importancia de aunar esfuerzos para conseguir defender los derechos de los trabajadores. Pequeños sindicatos, comités de empresa y de huelga, asambleas de barrio, cooperativistas y colectivos de mujeres. Son muchos los organismos que componen el movimiento incipiente y que apoyan la ‘okupación’, además de los no afiliados que han querido sumarse a la causa. 

 

Críticos con UGT y Comisiones Obreras por haber accedido a pactar el 29-S con el Gobierno, los activistas quieren difundir la idea de que estos sindicatos no son los únicos en pie de guerra. Insisten en que otra huelga es posible. No están  en contra de la general, pero la consideran demasiado pactada y extremadamente tardía. Creen necesario ir más allá, romper moldes. “Queríamos hacer una huelga que sirviera para algo, para que la gente se uniera con miras a un objetivo común”, comenta una de las activistas y responsable del comité de huelga de la Barceloneta, Mercè Precària, nombre que han adoptado todos y cada uno de los implicados en la ‘okupación’.

 

Manifestarse, actuar, piquetear, crear, difundir, luchar. Ese es su propósito, sintetizado en uno de los muchos carteles que reparten y que definen su ideario. Por eso, el 25 de Septiembre protagonizaron una manifestación por las calles de Barcelona que acabó con la ‘okupación’ del citado banco, que desde entonces se ha erigido en un espacio de convivencia y de unión para el intercambio de ideas en el que han tenido lugar asambleas, debates y charlas en torno a temas como el cooperativismo o la soberanía alimentaria.

 

Mañana habrá manifestación, a las 17.00 h. en Plaça Universitat. Pero ahí no acaba la batalla. Como rezan los panfletos, “la huelga no cabe en un día”. En palabras de Mercè Precària, “la lucha es un proceso, y acciones como la reapropiación del banco nos han unido. Nos han permitido coordinarnos y trabajar juntos. Acaba de empezar algo que no queremos que acabe con el 29-S”. Los activistas seguirán con su misión. Aún está por debatir, pero de momento no descartan seguir con la ‘okupación’ hasta que se les impida, convirtiendo así el banco en un espacio para la huelga diaria. “Y seguir construyendo una cultura de lucha que se había perdido”, comenta la activista.

Por ahora, el banco sigue ‘okupado’. Las estatuas de piedra que vigilan la entrada, disfrazadas con sombreros y harapos. Su fachada, maquillada con todo tipo de pintadas y ataviada de pancartas de tela en las que descansan lemas como “Sí, sabem viure sense capitalisme” o “Que el desencís es torni ràbia”. Su interior, convertido en escenario para la discusión. La función que ahora cumple dista mucho de la que hubo de cumplir años atrás. Es lo irónico de la cuestión. Según Mercè Precària, “con la crisis económica se ha ayudado a los bancos, mientras que los de siempre somos los que tenemos que pagar sus consecuencias”. Así pues, la ‘okupación’ del edificio viene a ser un castigo simbólico a la figura de la banca.

 

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