“Un país que da poco valor a la cultura no tiene futuro”

altJordi Savall es uno de los pioneros en la recuperación y difusión de la música histórica, así como de la concepción de la música como instrumento para la paz y la concordia, como diálogo intercultural para acercar y unir diversas tradiciones musicales sin prejuicios ni tabúes. Hace un mes y medio rechazó el Premio Nacional de Música por sus diferencias con la política cultural del ministro Wert

 

 

 

Jordi Savall es uno de los pioneros en la recuperación y difusión de la música histórica, así como de la concepción de la música como instrumento para la paz y la concordia, como diálogo intercultural para acercar y unir diversas tradiciones musicales sin prejuicios ni tabúes. Hace un mes y medio rechazó el Premio Nacional de Música por sus diferencias con la política cultural del ministro Wert

 

altO no necesita presentación o requiere una página entera. Jordi Savall (Igualada, 1941) es una de las personalidades musicales más polivalentes de su generación. Concertista (violoncelo y viola de gamba), director, pedagogo e investigador de proyectos musicales y culturales, lleva más de 40 años descubriendo tesoros ocultos en forma de partituras, sacando la música antigua del olvido y la indiferencia. Más allá de su contribución decisiva a la revalorización de la música histórica, sus programas de conciertos han convertido la música en instrumento de mediación para la armonía y la paz entre pueblos y culturas distintas.

 

Ha recibido numerosísimos premios, entre los cuales cabe destacar el título de caballero de honor de la Legión de Honor de la Academia francesa, el de Officier de l’Ordre des Arts et Lettres del Ministerio de Cultura francés, los títulos Doctor Honoris causa de las universidades de Evora (Portugal), de Barcelona, de Luvain (Bélgica) y de Basilea, la Creu de Sant Jordi (1990), la Medalla de Oro de las Bellas Artes (1998), la Medalla de Honor del Parlament de Catalunya y el Premio Léonnie Sönning 2012, considerado el premio Nobel de la música. Embajador de la paz de la UNESCO hace un mes y medio recibió la Medalla de Oro de la Generalitat de Catalunya y rechazó el Premio Nacional de música español por sus discrepancias con la política del Ministerio de Cultura dirigido por Wert. Una decisión ejemplar que sólo puede tomar alguien con un gran valor artístico y una credibilidad profesional más que probada. Un “trovador omnívoro” según The Guardian responsable de un trabajo que, más que una simple recuperación musical, se trata de una “reanimación creativa”, en palabras de Allan Kozninn, crítico del The New York Times.

 

Ofrece una media de 140 conciertos y seis trabajos discográficos anuales (desde hace años desde su propio sello, Alia Vox), una productividad increíble fruto de un apasionado. “Ayer me fui a dormir a las siete de la mañana y me he levantado a las once. Duermo poco pero lo paso muy bien”. Consigo contactar con él por casualidad después de volver de los Emiratos Árabes y un día antes de viajar a Shangai.

 

¿Le costó mucho renunciar al premio o enseguida vio que tenía que hacerlo por principios?

 

Mi primer sentimiento fue el de pensar que no me veía capaz de aceptarlo, en ese momento me encontraba en Almería y me quedé sorprendido. Fui consciente que no me veía cogiendo el premio, era incoherente aceptarlo y, al mismo tiempo, decir que no te gusta nada de lo que hacen. Pensé que lo mejor era decir que ‘no’.

 

¿Ese ‘no’ se puede interpretar como un acto de rebelión en defensa de la dignidad de los artistas y que podría servir para reflexionar y corregir actitudes y decisiones?

 

Eso ha tenido una repercusión en muchos músicos que les ha servido para tomar conciencia de que hay situaciones inaceptables. Visto el eco que ha tenido es impresionante, sólo por la concienciación que ha habido de la situación de los músicos, que ha permitido visualizar ese mundo de la música que no existe dentro de las estructuras estatales. En este sentido h sido muy positivo

 

¿Cuáles son los déficits culturales más graves que tiene España?

 

No soy un experto para analizarlos, te hablo desde mi punto de vista, los déficits que vemos todos son el desinterés por la cultura, que se manifiesta muy concretamente en la subida del IVA; la falta de interés por crear una ley de mecenazgo a nivel europeo que permitiera encontrar salidas; la falta de sensibilidad en aspectos artísticos, la falta de diálogo con el Ministerio, hace 40 años que estoy en esta situación. En el caso de la música es más grave, es un caso particular porque toda la inversión estatal que se hace en la música se hace en instituciones del mismo estado, el Auditorio Nacional, los teatros de ópera, las orquestas sinfónicas… y eso no cubre para nada el ámbito de las músicas barrocas y medievales, que es donde tenemos nuestro patrimonio más importante. Hay una gran ignorancia y un gran desinterés.

 

¿En Catalunya hay más sensibilidad institucional por la música que en el resto del Estado?

 

Yo en Catalunya tengo una situación privilegiada porque desde hace unos veinte años tengo una ayuda que me permite sacar adelante proyectos y estar estructuralmente apoyado, pero si miramos el conjunto de las actividades hay un trabajo para hacer. Lo que no puede ser es que sólo tengan ayuda unos ciertos proyectos, también se debería ayudar a los jóvenes que estudian e intentan tirar adelante proyectos de difusión y recuperar patrimonio.

 

¿Un país que da poco valor a la cultura es un país menos democrático y menos libre?

 

Pienso que un país que da poco valor a la cultura es un país que no tiene futuro, justamente lo que te define como país es tener y valorar el patrimonio cultural. En un mundo como el actual la presencia como país depende del interés cultural que tenga, del interés que tenga como país productor de obras literarias y músicas interesantes, de artistas, pintores y arquitectos interesantes, que tiene algo que ofrecer como país, como cultura, si eso no se produce, desapareces. La gente debe tener educación y vivienda, las cosas mínimas, eso es fundamental, pero es que la cultura es tan fundamental como las otras cosas, sin ella todos los jóvenes del país no tendrán medios para sobrevivir. Lo que permite convertirte en persona autónoma es tu educación, lo que has aprendido: saber lenguas, hacer las cosas, no sólo la tecnología, lo que tú eres como entidad cultural y eso está muy ligado a la educación y a la cultura.

 

¿Qué significó recibir la Medalla de Oro de la Generalitat de Catalunya?

 

Una gran ilusión, aunque siempre estoy dando vueltas por el mundo y he vivido en Suiza durante años y tengo raíces ahí, siempre me he sentido muy catalán, Catalunya es mi patria y mi cultura, y que el país de tus raíces te dé una medalla tan importante me llenó de orgullo. Lo compartí con Montserrat Figueras, mi mujer.

 

¿De todos los premios y distinciones qué ha recibido, con cuál se queda?

 

No sé qué decir, todos llegan en un momento en el que te cogen por sorpresa, todos tienen un valor, así como el hecho de ser embajador de la paz por la UNESCO. Todos los premios los recibes como contrapartida de una cierta toma de decisión en la que ligas lo que estás haciendo con la vida cotidiana y aportas también unas respuestas y una reflexión empáticas con lo que está pasando mucha gente.

 

¿Qué ha aprendido después de tantos años de investigación en la música antigua? ¿Se siente una especie de arqueólogo?

 

No, más que como un arqueólogo siempre he dicho que soy un explorador, me gusta explorar y descubrir constantemente cosas nuevas, aprovecho cada viaje para descubrir nuevos países, nuevas músicas y nuevas culturas. Lo que me da satisfacción es ver que la música puede servir realmente como vehículo de diálogo y de concordia, por ejemplo en los Emiratos Árabes hay músicos turcos, armenios, griegos marroquíes, franceses…y es una maravilla ver como ese conjunto de personas pueden formar una armonía tan formidable, y ver como el público la recibe, con qué entusiasmo y reconocimiento recibe esta música, me da mucha alegría. Desde hace muchos años estoy viviendo con la máxima de Ghandi, la de vivir cada día como si fuera el último, y también la máxima de ‘estudia cada día como si tuvieras que vivir mil años’. Tienes que dejar resueltas las cosas que haces cada día, si tienes que decirle a alguien que le quieres, tienes que decírselo ese día, no esperes a mañana, pero al mismo tiempo tienes que estar estudiando para muchas cosas que harás en los próximos años.

 

¿El público de hace siglos ha cambiado mucho o se parecía al actual? ¿También le movía la emoción?

 

Sí, la música siempre ha sido un vehículo de expresión de la emoción, es un lenguaje que nos habla a través de la belleza, la emoción y la espiritualidad, eso es algo que no cambiará nunca mientras haya seres humanos, son los sentimientos más profundos del ser humano y eso hace que el oficio de músico sea uno de los más bellos del mundo. Poder transmitir estos sentimientos y esta belleza creada por unos genios anónimos y manteniéndolos vivos en cada público y notar la energía del entorno es maravilloso. Es de las cosas más bonitas que existen, yo estoy viajando constantemente, me encanta, por ejemplo ahora sé que mañana llegaré a Shangai y me encontraré con una cantante griega, otra judía, otra turca y todos juntos haremos un viaje en el tiempo y estaremos disfrutando con esta música.

 

¿Ha podido constatar que este descubrimiento de la música antigua es una manera de romper prejuicios? Lo digo porque muchos jóvenes asocian música antigua con música anticuada.

 

De hecho, yo no la llamo ‘música antigua’, la partitura y los manuscritos son antiguos, las melodías son antiguas y algunas no están escritas porque son orales, pero lo que estamos haciendo en el momento es totalmente moderno, es de hoy, es la fuerza de esta música, que tiene un ritmo, poesía, colores y una riqueza. Y cada vez que se toca es distinto, los jóvenes que tienen la oportunidad de ir a un concierto de este tipo salen fascinados, y en mis conciertos cada vez veo más gente joven porque esa música les toca y les llega muy directamente.

 

¿Hay alguna pieza que le emocione especialmente?

 

Hay muchas que por su nivel siempre me han emocionado más como por ejemplo el ‘Cant de la Sibil·la’, cantos milenarios que han sobrevivido, una canción de cuna o una música sefardí…Veo maravilloso que es que puedes sentir tanta emoción escuchando una voz cantando una canción de cuna como escuchando la sinfónica de coro y orquesta con mil músicos y cantantes, tendrás la misma sensación de placer, el impacto emocional de una obra de arte musical de calidad no tiene nada que ver con el número de músicos, un lied de Schumann te puede emocionar igual que una ópera o que una sinfonía con siete músicos. Eso es lo fascinante, que la música habla a través de una emoción que siempre es íntima, en los conciertos que hacemos pueden haber 500 100 o 2000 personas pero lo que está pasando es de tú a tú, cada uno de los músicos se expresa individualmente y cada uno del público lo recibe individualmente y esto es un misterio y un milagro.

 

Imagino que editar los discos con su propio sello (Alia Vox) le da más libertad y margen de maniobra para hacer lo que realmente quiere.

 

Sí, si pones en el Google las palabras ‘Jordi Savall independentista’ te saldrá la presentación que hice de Alia Vox en Cannes, en la que decía: ‘hemos creado eso para ser independientes’, porque ser independiente es la primera cualidad que necesita el ser humano y el artista. No puedes imaginarte utopías ni avanzar en cosas verdaderamente locas pero fascinantes si no tienes la independencia de decir ‘haré eso’. Eso es fundamental, aunque implica muchos riesgos, cada año tenemos un par de distribuidores que hace suspensión de pagos y nos cae encima una pérdida de 60-70 miles de euros. Eso es muy duro en este momento, tirar adelante con estas sorpresas.

 

alt¿Cómo vivió la caída de la industria discográfica, teniendo en cuenta que su música ya era marginal antes que sucediera?

 

Nosotros hemos tenido la suerte que antes de esa caída nuestra discográfica ya había creado un producto muy exigente de mucha calidad que ha sobrevivido a este contexto mayoritariamente gris, con unos discos bien editados con Digipass y hasta este año hemos aguantado bastante bien. Este año ha sido más duro porque notas que el mercado está sufriendo y que la gente no tiene suficiente dinero para comprar discos, esto lo notas, el momento es muy complicado.

 

¿Qué papel juegan las nuevas tecnologías en su trabajo? ¿Son un recurso esporádico, algo fundamental?

 

Las utilizo siempre para tener el sonido más fidedigno y auténtico, tenemos siempre los mejores aparatos para captar el sonido, todos los discos los hacemos en Super LSD y hay pocas casas discográficas que lo hagan, eso significa que invertimos mucho en algo que tiene un precio muy alto. No empiezo nunca una grabación hasta que entro en la cabina y detecto que el sonido sea realmente igual que el que estoy escuchando en la iglesia o en el lugar donde esté ensayando. Es muy importante hacer una grabación en la que todo lo que estás haciendo se escuche, que se escuchen todos los detalles y colores y no queden desvirtuados. Siempre he defendido eso y también que cada grabación contenga la versión más bonita, con más expresión y calidad porque sólo quedará lo que es realmente bonito y emotivo.

 

¿Qué opina del rock y otras músicas “más modernas”? ¿Le interesa algo de ellas, algún artista o grupo en concreto?

 

Cuando estoy en casa raramente escucho música, a veces sí escucho por ejemplo músicas africanas y de culturas de otros países, porque ahora estoy trabajando en un proyecto sobre esclavos y estoy escuchando muchas músicas africanas, de tradiciones africanas y del nuevo mundo, brasileñas. Cuando escucho música casi siempre lo hago con el objetivo de aprender, muy raramente escucho música por el placer de escucharla, por ejemplo, en mis discos, yo hago un disco y lo escucho y en el momento en el que lo entrego al fabricante, ya no lo escucho más, ya no puedo hacerlo. Como ya no puedo cambiarlo me pondría a mil, lo escucho hasta que todavía puedo llamar para que me cambien algo, a veces lo escucho en la radio mientras me afeito o en el coche. Y en cuanto a músicas de otros géneros, me fascina ver cómo construyen estos ritmos y estas mezclas de música electrónica pero muchas veces pienso que si sacas toda la fuerza  del volumen y te quedas con la música sin la manipulación a veces te das cuenta de la poca sustancia que hay en músicas que son muy populares. Hay cosas muy bonitas como The Beatles, Serrat o Llach. No tengo mucho tiempo para escuchar música en casa, siempre estoy con proyectos y trabajando en cosas a 3-4 años vista, me queda muy poco tiempo.

 

El otro día se cumplieron 23 años de la muerte de Freddie Mercury. ¿Qué piensa de su contribución a la música?

 

En su momento fue uno de los grandes artistas aunque su tipo de música nunca me ha interesado mucho, no es lo que yo escucharía si tuviera tiempo libre, me quedo con un Bach o un Monterverdi.

 

¿La música es matemática más espiritualidad o una combinación de ambas?

 

La música es una combinación de sonidos que puedes definir matemáticamente, pero si no le pones el alma del intérprete no te dirá nada, y la música más maravillosa tocada por un ordenador no te dirá absolutamente nada. El milagro de la música es que, de la misma forma que se produce el milagro del creador, del genio que hace una combinación de notas y una música que siempre será una maravilla escuchar, el intérprete igual, con una partitura que todos pueden tocar, ciertos intérpretes crean un momento mágico que si lo escuchas no lo olvidarás nunca. Es lo maravilloso de la música, esa capacidad de los humanos de poder ir más allá de las notas objetivas y crear algo único partir de estas notas que están a disposición de todo el mundo.

 

Se ha declarado como un independentista que se siente bien tocando en cualquier sitio. ¿Cómo se percibe el proceso catalán a nivel internacional?

 

Depende mucho de los países pero yo creo que la gente es cada vez más consciente de lo que representa el proceso en este momento en Catalunya y lo gente lo mira de otra forma, especialmente después de los últimos 11-S. El pasado agosto estuvo tocando en Edimburgo y participé en un simposio de diálogo de las culturas, por la noche hubo una cena en la que Alex Salmond hacía un discurso, después del acto me felicitó porque me dijo que en Escocia eran los políticos quienes habían iniciado un proceso y que esperaban que el pueblo les seguiría pero que en Catalunya pasaba al revés y es mucho mejor, que el pueblo haga mover a los políticos. Eso es excepcional porque crea un deseo de mejorar, de ir adelante, de cambiar las cosas y de salir de esta situación gris y de este ambiente deprimente, que es el ambiente de tantos años de falta de diálogo, de perspectiva y de corrupción. Creo que es muy importante que un pueblo pueda tener la ilusión de pensar por él mismo qué necesita y qué puede hacer. Siempre con un gran respeto por los otros y una gran capacidad de diálogo, yo soy catalán y me siento muy bien, soy medio valenciano porque mi padre era de Gandía pero eso no me impide sentirme muy bien en Santiago de Compostela o en Sevilla.

 

¿Ha cambiado mucho su profesión en los últimos 40 años respecto a cuando empezó?

 

El cambio ha sido brutal, en el 1965 éramos cuatro locos los que hacíamos música antigua, bichos raros, todo estaba por hacer, hoy en día la música antigua está normalizada en muchos aspectos, en todos los sitios hay discos y festivales de música antigua. Está todo mucho mejor pero continuamos con las mismas estructuras mentales que el siglo XIX, puedes ir al extranjero, estudiar esa música pero continuamos pensando que lo que es básico es el concepto centroeuropeo de la música, es decir, una ciudad, ¿qué necesita para ser cultural y musicalmente importante? Tener una orquesta sinfónica, un auditorio y un teatro de ópera. ¿Y en Barcelona qué? Tiene que ser igual que Viena o Berlín, pero estas ciudades tenían a Beethoven o Mozart y nosotros en esta época no teníamos ese nivel pero en cambio sí tenemos los trovadores, los codees, como el del Llibre Vell de Montserrat, los compositores del siglo XVI y XVII y todo eso no existe en este proyecto cultural. Eso nos pasa también en la vida, estamos evolucionando en tecnología pero continuamos con unas mentalidades muy anticuadas y no valoramos todo lo que deberíamos para estar adaptados a las nuevas situaciones.

 

¿La falta de originalidad o frescura de la música actual es la que de alguna forma nos obliga a mirar atrás y redescubrir clásicos antiguos?

 

Lo que pasa es que hay un fenómeno a tener en cuenta, en épocas antiguas los músicos de cada momento servían a nobles y a reyes, a iglesias, se ganaban la vida componiendo encargos muy concretos, eso hacía que haya tantas cantatas de Bach, sinfonías de Mozart, porque había un real interés y entonces una iglesia en España que no tuviera un compositor que compusiera una misa cada semana no se consideraba respetable. Eso se ha terminado. Tienes muchos más compositores que nunca y no tienes la visibilidad, es muy difícil que una iglesia pida a un compositor que componga unas piezas para escuchar los domingos durante la misa. En la época de Mozart en el mundo había 300 compositores y unos 30 han quedado como conocidos, 10 de ellos de gran calidad, hoy en día hay millones de compositores y en cada ciudad tienes a 3-4 que hacen cosas interesantes, ¿cómo puedes seguir todo eso si no hay una visibilidad como había en la época de Mozart? Es complicado. Por suerte hay Internet y puedes estar al día de lo que está pasando y escuchar cosas pero también hay que tener en cuenta que durante siglos, hasta prácticamente el siglo XIX, la música antigua no existía, desapareció completamente, se pensaba que no valía para nada. La música antigua empieza a interesar a partir de 1829 cuando Mendelssohn interpreta por primera vez una obra antigua, ‘La pasión según San Mateo y la gente ve qué bonita era la música de hace 100 años, todavía estamos recuperando estos siglos de olvido pero hay mucho trabajo por hacer y muchas cosas maravillosas que mucha gente no escuchará nunca. Por eso digo que los músicos son los verdaderos museos vivientes de la música, porque la mantienen viva.

 

¿Siente la necesidad de trascender con la música o sus objetivos son más terrenales? ¿Qué le mueve en la música?

 

Lo que me mueve es sentir que lo que hago cada día me llena y me permite transmitir a la gente lo que hago y me hace sentir útil, que lo que hago tiene un sentido porque lo veo. Veo que cuando hago un concierto la gente sale más feliz y lo agradece, lo que me mueve es descubrir algo que hasta entonces estaba olvidado y tomar conciencia como he hecho estos últimos años de las músicos de Siria, de los armenios, las músicas turcas, las judías, las célticas y  las de la ruta de la esclavitud, un proyecto que me llevará mucho tiempo de investigación.

 

¿Qué otros proyectos tiene entre manos?

 

Muchas cosas interesantes: el proyecto que saldrá a principios de año que es el de Guerra y Paz sobre 1614-1714, el gran proyecto de las misas Salisburgensis que presentaremos en L’Auditori de Barcelona en enero y después en Viena, ‘La pasión según San Mateo’, que presentaremos en marzo en Barcelona, el proyecto de la ruta de la esclavitud cuya primera etapa presentaremos en junio o un proyecto dedicado a la concienciación sobre la tierra, con músicas sobre las estaciones y el tiempo.

 

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