16 mayo, 2021

Treinta años sin Gabriel Celaya…

Emblemático poeta de la generación literaria de posguerra, Celaya fue uno de los más destacados representantes de la que se denominó «poesía comprometida» o poesía social en unos tiempos de silencio
Gabriel Celaya en su taller. (Alberto Schommer/CC-BY-SA)

Citamos a Gabriel Celeya sea Rafael Gabriel Juan Múgica Celaya Leceta,​ conocido como Gabriel Celaya (Hernani, Guipúzcoa, 1911-Madrid,  1991) emblemático poeta de la generación literaria de posguerra. Celaya fue uno de los más destacados representantes de la que se denominó «poesía comprometida» o poesía social en unos tiempos de silencio y terror; su obra y su figura estuvieron influenciados y fueron fruto de la estrecha colaboración con su esposa, Amparo Gastón Echevarría (Donosti,  1921-Madrid, 2001), intelectual y poeta proveniente de una de militancia comunista, que había padecido las consecuencias de la  sublevación militar-fascista,  pudiéndose afirmar que fue ella quien creó la figura de Celaya.  Presionado por su padre, Gabriel se radicó en Madrid donde inició sus estudios de Ingeniería y trabajó por un tiempo como gerente en la empresa familiar, vivió en la Residencia de Estudiantes donde se relaciona, entre otros,  con García Lorca, Moreno Villa y Salvador Dalí, comenzó a militar contra la monarquía siendo estudiante; apasionado por el teatro, amén de su participación en «La Barraca», como figurinista y escenógrafo, empieza a escribir una «Historia General del Teatro», desconocida hasta el día de hoy.

«No comprendo como un buen poeta puede ser tan mal actor», parece ser que le dijo Lorca a Celaya al ver como éste se desenvolvía en el escenario; para entonces ha olvidado su lengua euskera, la que hablaba de niño, y aunque Celaya, en algunos de sus versos, cante tradiciones vascas, raíces primitivas de su tierra, tiene que hacerlo, cosa que lamenta, en otra lengua que no es la suya de origen;  combatió en la guerra y tras la derrota republicana  permaneció preso en un campo de concentración de Palencia. En 1946 fundó en San Sebastián, con su inseparable Amparo, la colección de poesía «Norte» y desde entonces abandonó su profesión de ingeniería y su cargo en la empresa de su familia. La colección de poesía «Norte» pretendía hacer de puente entre la poesía de la generación del 27 en el exilio en su mayor parte, editando poetas de la primera línea.

En 1946 publicó Tentativas, libro en prosa en el que por primera vez firma como Gabriel Celaya. Esta primera etapa es de carácter existencialista; en la década siguiente se integra en la estética del compromiso (Lo demás es silencio 1952 y Cantos Iberos 1955, verdadera biblia de la poesía social, la misma que  defiende la idea de una poesía no elitista, al servicio de las mayorías, «para transformar el mundo». Defiende como principio:  “Cantemos como quien respira. Hablemos de lo que cada día nos ocupa. Nada de lo humano debe quedar fuera de nuestra obra.

En el poema debe haber barro, con perdón de los poetas poetísimos. La Poesía no es un fin en sí. La Poesía es un instrumento, entre otros, para transformar el mundo”. Se estima que la obra de Celaya constituye una gran síntesis de casi todas las preocupaciones y estilos de la poesía española del siglo XX. Sus poesías se convirtieron en instrumentos de agitación cultural, especialmente por parte de la base social del PCE del que fue un vehemente “compañero de ruta”, un aporte que acabó siendo inmortalizado por cantautores, singularmente por el incombustible Paco Ibáñez, entre otros.

Cantautores que ha contribuido a que su poesía se siga recitando con pasión y entusiasmo.


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