29 septiembre, 2020

Trabajar para ser pobre

precariedad laboral

Según el Informe AROPE elaborado por el EANP-España, el perfil de las personas en situación de pobreza está constituida por personas españolas (80,5%), adultas (77,6%), con nivel educativo medio o alto (22,9% de mayores de 15 años con Bachiller y13,4% con educación superior) y, además, con trabajo.

Es el acceso al mercado de trabajo y las condiciones laborales uno de los factores determinantes que inciden directamente en el grado de pobreza y/o exclusión de las personas y el acceso al mismo está mucho más limitado para la mitad de la población trabajadora, mujeres.

El concepto de pobreza ha ido evolucionando con el tiempo y abarca cada vez más variables. De hecho, se utiliza el término exclusión social como una fase en la que la persona se encuentra al margen de lo que se supone que son los estándares básicos de bienestar: no sólo se trata de cuestiones de ingresos económicos, sino de formación, participación social y política o lazos sociales. Pero ¿cuándo se está oficialmente en riesgo de exclusión?

En el estado español, según el informe AROPE, 12,3 millones personas (26,1% de la población) se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social.

Según podemos leer en la web del INE, «el concepto de riesgo de pobreza y/o exclusión social se amplía para considerar no sólo los términos monetarios (nivel de renta) sino utilizando un concepto multidimensional de pobreza y/o exclusión social al incorporar los tres subindicadores siguientes: la tasa de riesgo de pobreza después de transferencias sociales, la carencia material severa de bienes y los hogares que presentan muy baja intensidad de trabajo».

Por tanto, una persona estaría en riesgo de exclusión social cuando:

  1. Vive con bajos ingresos (60% de la mediana del ingreso equivalente o por unidad de consumo). Según el INE el valor del umbral de pobreza de un hogar de una sola persona (calculado con los datos de ingresos de 2017) era de 8.871 euros anuales. El de un hogar formado por 2 adultos y 2 niños menores de 14 años era de 18.629 euros anuales.
  2. Sufre privación material severa, si no puede satisfacer 4 de los 9 items siguientes:
    • 1)  No tener retrasos en el pago del alquiler, hipoteca, recibos relacionados con la vivienda o compras a plazos.
    • 2)  Mantener la vivienda con una temperatura adecuada durante los meses fríos.
    • 3) Hacer frente a gastos imprevistos.
    • 4)  Una comida de carne, pollo o pescado cada dos días.
    • 5)  Ir de vacaciones fuera de casa, al menos una semana al año.
    • 6) Un coche.
    • 7) Una lavadora.
    • 8) Una televisión a color.
    • 9) Un teléfono.
  3. Vive en hogares con una intensidad de empleo muy bajo (por debajo del 20%)

En el estado español, según el informe AROPE 12,3 millones personas (26,1% de la población) se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social.

Tener un trabajo no significa necesariamente escapar de la precariedad y la pobreza. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el empleo precario está en alza: se estima que alrededor del 42% de la población trabajadora en el mundo (1.400 millones de personas), estaban en situaciones laborales precarias en 2017, y se espera que aumenten. Al mismo tiempo, la reducción de la pobreza laboral es lenta. La pobreza laboral moderada (esto es, personas trabajadoras con ingresos entre los 1,90 y 3,10 dólares al día) se mantiene generalizada, con 430 millones de población trabajadora afectada en países emergentes y en desarrollo en 2017. La situación en países desarrollados es menos extrema, pero la OIT apunta altos niveles de desempleo, insatisfacción de las personas que componen la fuerza de trabajo, y una creciente incidencia de los contratos a tiempo parcial no deseados.

Los trabajos más precarios implican negar a las personas la realización de sus derechos, la ausencia de protección social, poniendo en riesgo su salud y seguridad, la constante sensación de transitoriedad, con trabajos inestables, intercalados con periodos de desempleo, viviendo con inseguridad, con acceso incierto a la vivienda y a los recursos públicos.

Precariedad en femenino

Las mujeres tienen menos probabilidades que los hombres de entrar y permanecer en el mercado laboral, lo que se traduce en una brecha de género de participación de más de un 26% a nivel internacional. Una vez dentro del mundo del trabajo, es más probable que las mujeres sufran discriminación en relación al sector y puesto de trabajo al que acceden, la ocupación y el tipo de relación laboral que tienen, entre otras razones, por actitudes discriminatorias hacia las mujeres y su trabajo. Todo ello afecta a la calidad del trabajo al que las mujeres pueden acceder.

La discriminación de género, que rige el mercado de trabajo, aboca a las mujeres a optar a empleos precarios y/O jornadas reducidas.

La desventaja y la discriminación a la que hacen frente las mujeres se basa en un sistema que, desde su origen, fue diseñado para ocultar y devaluar su contribución, incorporando una desigualdad estructural profunda que las confina en roles, sectores y formas de trabajo que no ofrecen una forma de vida digna. Las concepciones tradicionales acerca de los roles y habilidades de las mujeres en el mercado de trabajo continúan influyendo en la llamada «segregación ocupacional», concentrando a mujeres y hombres en ciertos sectores y tipos de trabajo socialmente considerados como «masculinos» o «femeninos», y que afecta a los tipos de trabajo que las mujeres pueden esperar encontrar. Los sectores en los que las mujeres superan en número a los hombres, como la asistencia social, el cuidado infantil, la restauración, servicios de limpieza, o la atención al cliente, son reflejo de estas normas y suelen estar peor pagados que aquellos dominados por hombres.

Infografía CNT.

En España, algunos de los sectores más precarios son la industria de la hostelería, restauración y turismo, y el trabajo del hogar y de cuidados: las mujeres constituyen el 55.8% de la fuerza de trabajo de la primera y el 87.9% de la segunda. Internas, kellys, auxiliares de ayuda a domicilio, camareras, cocineras, auxiliares de geriatría… forzadas a trabajar en condiciones precarias e involuntariamente muchas veces a tiempo parcial.

Según el estudio «Voces contra la precariedad: mujeres y pobreza laboral en Europa» de OXFAM, casi cuatro de cada cinco personas trabajadoras a tiempo parcial en la UE son mujeres, y casi una de cada tres personas trabajando a tiempo parcial preferiría hacerlo a tiempo completo. Las mujeres tienen el doble de posibilidades que los hombres de estar en un trabajo parcial no deseado. En España, casi 3 de cada 4 personas con un trabajo parcial involuntario son mujeres.

La precariedad laboral es un factor determinante para formar parte de la cuarta parte de la población en situación de exclusión social. Y la discriminación de género, que rige las condiciones del mercado de trabajo, abocan a las mujeres a optar a empleos precarios y/o jornadas reducidas

La tasa de paro siempre ha sido superior entre las mujeres que entre los hombres y sólo en el período de crisis la diferencia se redujo. Comenzada la recuperación, los datos de empleo muestran que es más acelerada para los hombres y las diferencias por sexo vuelven a incrementarse. En el año 2018, la tasa de paro femenina es del 17,02%, y la de hombres del 13,72 %, es decir, una diferencia entre ambas de 3,3 puntos, superior ya a la que se registraba en 2008. Por otra parte, respecto a las horas de trabajo, la tasa de trabajo a tiempo parcial entre las mujeres ha sido siempre extraordinariamente superior a la de los hombres. Para el año 2018, el empleo a tiempo parcial ocupa al 24% de las mujeres y sólo al 6,8% de los hombres.

La «crisis» vino para instalarse y normalizar situaciones de privación material y social con mayor o menor saña. La cuarta parte de la población del estado español se encuentra en situación de riesgo de exclusión social.

En diferentes estudios y análisis se utiliza la brecha salarial de género en salarios por hora, que calcula Eurostat y que define como la diferencia entre hombres y mujeres de su salario bruto por hora, expresado como porcentaje del salario masculino. Los últimos datos son del año 2016: para jornadas a tiempo completo las mujeres ganan alrededor de un 11% menos que los hombres y esta cifra se ha mantenido relativamente constante, al menos, desde 2009. En el caso de jornadas a tiempo parcial, la brecha salarial indicada por Eurostat es mucho más amplia: en 2016 es del 14,5%, aunque ha llegado a ser hasta del 35%.

La asociacion Estatal de Directores y Gerentes en Servicios Sociales ha publicado una nota de prensa de 21 de noviembre en la que valora la inversión social, escasa en general, de municipios mayores de 20000 habitantes, y concluye que no hay mayor o menor inversión según el partido político que gobierne.

La «crisis» vino para instalarse y normalizar situaciones de privación material y social con mayor o menor saña. La cuarta parte de la población del estado español se encuentra en situación de riesgo de exclusión social.

Infografía CNT.

El empleo, como herramienta para satisfacer nuestras necesidades ya no cumple su función, y no es garante de obtener mínimos de bienestar social. Y los sistemas de protección social que han de estar para garantizar que tenemos acceso digno a la alimentación, vivienda, suministros mínimos vitales, educación, salud… están sufriendo recortes.

Hemos tenido que contar con el apoyo mutuo como medio de subsistencia en pequeñas redes familiares y personales. Pero el acceso a los bienes básicos no debe quedar al arbitrio exclusivo de la red de apoyo con la que se cuente (que también afecta a los procesos de exclusión, menos recursos, menos redes sociales) ¿Cómo hacer para trascender de lo personal a lo colectivo? ¿Cómo hacer para que la pobreza deje de tener cara de mujer? Organizarse. En el sindicato, en la asociación, en el trabajo, en las coordinadoras. Inventar medios colectivos de apoyo social, tener control sobre nuestros impuestos y decidir en qué reinvertimos (políticas sociales), criterios de acceso a recursos pensados por y para la gente, participación y control sobre criterios en materia de alquileres, luz, agua, coherencia entre smi y siempre con la mirada puesta en que la mitad de la población, nosotras, accedamos en igualdad de oportunidades. ¿Cómo trascender de lo colectivo a respuestas reales a nuestras necesidades?

Fuentes:

  • 9º INFORME AROPE. El Estado de la Pobreza elaborado por el EANP-España. Octubre 2019.
  • «Voces contra la precariedad: mujeres y pobreza laboral en Europa» de OXFAM. Septiembre 2018.
  • Asociacion Estatal de Directores y Gerentes en Servicios Sociales ha publicado una nota de prensa de 21 de Noviembre 2019.
Real Time Web Analytics