La CONFESQ (Coalición Nacional de Fibromialgia, Síndrome de Fatiga Crónica, Sensibilidad Química Múltiple y Electrohipersensibilidad), Electro y Químicos Sensibles por el Derecho a la Salud (EQSDS) y Ecologistas en Acción se suman a la ciudadanía europea impulsora de la ICE  ‘Stop 5G, si te conectas ¡protégete!’ para recoger firmas en SignStop5G.eu/es. El requisito oficial en la UE para iniciar este proceso político adicional es recoger un millón de firmas en un año.

Esta ICE atiende a problemáticas relacionadas con el 5G y el Internet de la cosas: implicaciones en la salud, el medioambiente y el clima, así como el control social y la pérdida de libertades.

Sobre la salud

Las organizaciones, conscientes de los consensos y disensos en el ámbito científico, apelan al principio de precaución en línea con el reciente estudio del Comité de Evaluación de Opciones Científicas y Tecnológicas (STOA) del Parlamento Europeo. En dicha investigación se solicita a las y los europarlamentarios una moratoria del despliegue del 5G por motivos de salud. El estudio encargado por este órgano oficial del Parlamento Europeo responsable de la evaluación tecnológica, considera “el despliegue generalizado del 5G” como “un experimento masivo que puede tener impactos adversos en la salud pública”.

Esta revisión bibliográfica actualizada de las radiofrecuencias conocidas (anteriores al 5G) y sus efectos en el ámbito del cáncer y la reproducción, concluye que ya hay pruebas de los mismos (“sufficient evidence” y “limited evidence”). Al mismo tiempo, no considera protectores los criterios de referencia de la Comisión Internacional de Protección de Radiación no Ionizante (ICNIRP).

Ecologistas en Acción recuerda que el ICNIRP y grupos como el Comité Científico Asesor de Radiofrecuencias del Colegio de Ingenieros de Telecomunicación, ya fueron cuestionados por sus conflictos de interés en ámbitos científicos, sociales y del Parlamento Europeo.

Las organizaciones impulsoras de esta ICE apoyan las peticiones a la UE de dicho estudio STOA: moratoria del despliegue del 5G y la reducción de la exposición a las radiofrecuencias. Para ello, el panel científico responsable del estudio propone medidas tales como la modificación de la tecnología móvil, reducción de los límites de exposición, educación a la población, fomento de la conexión por cable de fibra óptica o protección a las personas más vulnerables con zonas libres de radiofrecuencias (como las zonas libres de humo de tabaco.

Asimismo, las impulsoras de la ICE se hacen eco de las peticiones de moratoria del 5G manifestadas en más de 30 Estados por, al menos, algún organismo público y consultivo de salud o medioambiental, o por algún colegio médico, asociación de medicina ambiental, comité científico de radioprotección o institución de investigación del cáncer, además de los llamamientos científicos internacionales.

Sobre el medioambiente

Las organizaciones exponen las alertas científicas del 5G como “un devorador de energía”. Lejos de ser una solución al cambio climático, la huella ecológica digital alcanzará su punto álgido con el 5G y su Internet de las cosas a nivel energético, climático y de expansión de la minería -nociva y contaminante- para alimentar los millones de teléfonos y dispositivos interconectados, así como sus antenas, centros de datos y satélites.

Si el ‘Alto Consejo por el Clima’ francés, en su informe al Senado, alertó  del consumo energético e impacto climático del 5G (y su Internet de las cosas), la ‘Comisión Iberoamericana de Protección Radiológica de Campos Electromagnéticos’ (CIPRACEM) en su Guía de noviembre de 2021, denunció el “fuerte impacto de las comunicaciones inalámbricas en el cambio climático”. Se basó en informes de organismos como el Instituto Nacional de Ciencias y Políticas Públicas de los Estados Unidos (NISLAPP), la Agencia Federal del Medio Ambiente de Alemania (UBA) y el Centro de Investigaciones de Eficiencia Energética en Telecomunicaciones de Australia (CEET).

Según la CIPRACEM, “la comunicación inalámbrica representa un tremendo derroche de energía con relación a la cableada dado que consume 10 veces más, lo que necesariamente obliga a quemar combustibles fósiles y producir un volumen creciente de gases de efecto invernadero (GEI) y el consiguiente aumento de la temperatura del planeta y el riesgo de desastres ambientales”.

Por este motivo, la CIPRACEM aconseja a las autoridades apostar por redes de fibra óptica y cobre, “muy superiores a las inalámbricas en velocidad, seguridad y costo”, para evitar un daño que se está produciendo “al planeta y a la gente sin obtener beneficios a cambio”.

Sobre la privacidad y el control social

Las organizaciones impulsoras de la ICE reconocen en el 5G y el Internet de las cosas “la nueva fiebre del oro del Big data”; miles de billones de datos que permiten crear perfiles digitales completos de cada persona, a lo largo de toda su vida. Tal y como afirma su iniciativa, la información personal se vende, comparte o roba con fines de publicidad, influencia, seguimiento o control.

En esta línea, Ecologistas en Acción se solidariza con el llamamiento de académicas y académicos de todo el Estado a favor de una moratoria sobre el uso del reconocimiento facial (que se desarrollará exponencialmente con el 5G y la inteligencia artificial), por considerar que afecta no sólo al ámbito de la privacidad sino fundamentalmente al de la justicia social.

Por todo lo anterior, el objetivo de esta ICE es impulsar las medidas legislativas europeas necesarias que defiendan la salud, el medio ambiente y la privacidad ante el proceso desenfrenado de digitalización inalámbrica. Una digitalización impulsada por la apuesta del 5G y el Internet de las cosas, impuestos, entre otros, en los planes de estímulo europeos Next Generation EU.

Julio Carmona, portavoz de Ecologistas en Acción, ha declarado: «Las organizaciones que apoyamos esta ICE apostamos por una transición a modelos energéticos y climáticamente sostenibles basados en la sobriedad y en las tecnologías biocompatibles con la defensa de la salud de los seres vivos y el planeta”.

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Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.

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