España ha cambiado una posición diplomática mantenida durante décadas por todos los gobiernos. Los españoles se han enterado un viernes por la tarde a través de una noticia difunda por una fuente marroquí, sin ningún debate parlamentario ni información previos a los medios de comunicación del país. Pedro Sánchez ha dado un giro completo a los principios de España en el Sahara con la aceptación de la idea marroquí de limitar su autogobierno a una autonomía dentro de Marruecos, algo que el Frente Polisario ha rechazado siempre desde que Rabat planteó esa salida en 2007.

Horas después del comunicado del gabinete del rey alauí, la Presidencia del Gobierno español emitió otro en el que subrayó que se abre «una nueva etapa de la relación con Marruecos basada en el respeto mutuo». Con una terminología similar al texto de Rabat, la Moncloa resaltó que esta fase tendrá «una hoja de ruta clara y ambiciosa» para «garantizar la estabilidad, la soberanía, la integridad territorial y la prosperidad» de ambos países y para «afrontar juntos los desafíos comunes, especialmente la cooperación en la gestión de los flujos migratorios en el Mediterráneo y en el Atlántico» con «un espíritu de total cooperación».

La primera consecuencia del deshielo en las relaciones fue el anuncio del viaje este mismo mes del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, a Marruecos, una cita obligada que no se había materializado por la crisis en las relaciones tras las avalanchas de Ceuta y el confuso ingreso en España del líder del Frente Polisario para ser tratado de covid. Una visita a la que seguirá, aún sin fecha, del presidente del Gobierno, que tampoco ha cumplido con la costumbre de que el primero de los viajes de su mandato fuera a Rabat.

El paso dado por Sánchez supone un giro a la postura defendida en los últimos 47 años. En un primer momento, España, tras la renuncia a la colonia por las presiones marroquíes con una marcha verde incluida, defendió la autodeterminación del Sáhara. Ante su inviabilidad apostó por una resolución del conflicto con acuerdo entre las partes en el marco de Naciones Unidas. Una posición que había defendido durante décadas. Hasta ahora.

Pero el aldabonazo de Donald Trump en diciembre de 2020 al reconocer Estados Unidos la soberanía marroquí sobre el Sáhara trastocó el tablero. Rabat presionó a la UE para que aceptase su plan sobre la excolonia, que básicamente pretende incorporar el territorio a Marruecos con un estatus de autonomía, ha surtido efecto. A la aceptación desde el primer momento de Francia se sumó después Alemania. Y ahora España.

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Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.

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