28 octubre, 2020

Rembrandt, un genio del retrato

El Museo Thyssen de Madrid presenta, por primera vez en España, una exposición dedicada a la faceta de Rembrandt como retratista, un género en el que el pintor más importante del siglo XVII holandés alcanzó también el máximo nivel. Junto a treinta y nueve retratos, se presentarán destacados ejemplos de otros artistas activos como él en Ámsterdam durante el «siglo de oro» holandés, sumando un total de 80 pinturas, 16 grabados y una plancha de grabado, algunos nunca antes vistos en Europa.

rembrandt retrato
Retrato de un caballero con sombrero y guantes (h. 1656-58 Washington, National Gallery of Art, Widener Collection).

Cuando Rembrandt llegó a Ámsterdam a principios de la década de 1630, había ya en la ciudad retratistas como Thomas de Keyser o Frans Hals -residente en la cercana localidad de Haarlem pero con clientes en la capital-, que respondían a una alta demanda del mercado. Tras él, siguieron llegando otros, como Bartholomeus van der Helst, atraídos por las posibilidades de negocio.

La exposición, comisariada por Norbert E. Middelkoop, conservador del Museo de Ámsterdam, permitirá descubrir la variedad y calidad de estas obras y familiarizarse con las historias que hay detrás de los personajes retratados: parejas casadas, artesanos trabajando, niños, eruditos, hombres de negocios, los propios pintores, así como destacados retratos de grupo.

El Museo Thyssen y el Museo de Amsterdam firman esta exposición, que podrá verse hasta el 24 de mayo en Madrid, y que cuenta con una excepcional nómina de obras, muchas de ellas visitan España por primera vez. En total son un centenar de obras de Rembrandt y de otros 35 autores contemporáneos.

Una revolución en el retrato

El retrato era un género con mucha demanda en el Amsterdam del siglo XVII, una ciudad rica y bulliciosa, llena de comerciantes, burgueses, artistas y artesanos, en la que cualquiera podía “encargar un retrato por unos 80 florines” (unos mil euros de la época), ha explicado la comisaria ténica de la muestra, Dolores Delgado Peña.

Con su llegada a la ciudad (1630), Rembrandt emprende toda una revolución en el retrato, un género marcado por rígidos códigos y la seriedad de los personajes.

Desde el principio, el pintor da a sus modelos una libertad inusual para la época. Les deja “moverse” y refleja en su trabajo las emociones en los retratados, como puede verse en los dos retratos que hizo de su hermana o “Retrato de un joven caballero” (1633).

“Busca la complicidad con el espectador. Es el primero que introduce la narrativa en este tipo de cuadros. Hay escenas en las que parece que has pillado al personaje haciendo algo y levanta la cabeza, como si te mirara”, asegura la comisaria.

Pero Rembrandt no estaba solo, el mercado del retrato está en plena abullición y son muchos sus competidores. Antes que Rembrandt, se encuentran Cornelis KeteNicolas Eliasz.Pickenoy o Thomas de Keyser; y en su misma época, el pintor compite con grandes nombres como Jaob Baker o Frans Hals.

Todos ellos están representados en la muestra gracias a préstamos de instituciones como el Met, el Hermitage, la National Gallery de Whashington o colecciones privadas.

Entre las obras más importantes incluidas en la exposición se encuentran los retratos de Thomas Brouart y Johannna van Merwede van Clootwijk -prestados por el MET-, un ‘tronie’ -retrato de fantasía- de un anciado cedido por Isabel II de Inglaterra o un retrato que podría ser su mujer Saskia, disfrazada de hombre, del Rijksmuseum.

Si Rembrandt revolucionó el género y muchos de sus coetáneos le copiaron, en la década siguiente (1640), la moda cambia y los retratistas de la época están fuertemente influenciado por el estilo francés, más colorista.

Frente a estos nuevos aires, Rembrandt se cierra en banda y se mantiene fiel a su estilo sobrio, que acentua incluso más. Redujo aún más la paleta de colores y la técnica del claroscuro.

“Ya no se lleva la sobriedad, pero él sigue fiel a su estilo, marcado por fuertes empastes y muy monocromático”, ha subrayado Mar Borovía, otra de las comisarias de la muestra y jefa del área de pintura antigua del museo.

La fidelidad de Rembrandt a su estilo y su desconexión con la nueva moda es clara en las últimas salasm donde se enfrentan sus obras con las de sus coetáneos.

Frente a los retratos de Herman Auxbrebis y su mujer, dos obras fundamentales de Rembrandt, marcados por la falta de luz, la pincelada gruesa y el contraste, se encuentra un retrato de Abraham van den Tempel que muestra a Albertine Agnes y a sus hijos, en una escena que se parece más a un cuadro mitológico que a un retrato.

“Creo que para los visitantes puede ser más fácil identificarse con un retrato, que suele reflejar a gente corriente de la época, que una escena bélica”; ha explicado el comisario del Museo de Amsterdam y comisario de la muestra Norbert E. Middelkoop.

Rembrandt, a su juicio, uno de los retratistas más importantes de todos los tiempos, siguió “fiel a su estilo” hasta el final de sus días, y se concentraba mucho en las emociones y en los detalles de, por ejemplo, “los ojos”, donde se concentra gran parte de “la expresividad de sus personajes”.

“Rembrandt y el retato en Ámsterdam, 1590-1670” dedica un pequeño apartado a grabados del genio holandes. Se han incluido una decena de retratos, entre los que aparece retratados la mujer del artista y personajes importantes de la época, proceden de la Biblioteca Nacional.

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