¿Quién quiere a Miquel Badia?

Autor: Jacobo Piñol

A lo largo de tres artículos trataremos de aproximarnos a la ideología y personalidad de los hermanos Josep y Miquel Badia, dos mártires de Estat Català que tras el ascenso de Quim Torra a la presidencia de la Generalitat de Cataluña vuelven a tener protagonismo en la escena mediática y política catalana

Miquel i Josep Badia en sendas fotos publicadas por La Humanitat el día después de su muerte, 29 de abril de 1936.

Jacobo Piñol (Torregrossa)-. El 28 de abril es una fecha que para la mayoría de catalanes suele pasar desapercibida. No obstante, hay un grupúsculo de personas que la tienen marcada en rojo en el calendario. Hace 83 años, ese mismo día, morían tiroteados en la calle Muntaner de Barcelona los hermanos Badia, dos personajes oscuros que representaron la Catalunya más casposa de nuestra historia contemporánea. El enfrentamiento directo con el President Companys y el desafío constante al movimiento obrerista, al socialismo revolucionario y al anarquismo significó que encontrasen la muerte una tarde de abril de 1936 a apenas cien metros de su casa.

Normalmente cada 28 de abril delante del número 38 de la calle Muntaner de Barcelona se aglutinan una docena de personas que rinden homenaje a estos personajes de la extrema derecha catalana. Uno de los asiduos es el recién nombrado president de la Generalitat, Joaquim Torra Pla, pero si echamos un poco la vista atrás veremos como en el 77 aniversario del asesinato de los Badia (2013) Oriol Junqueras, presidente de la renovada ERC, fue el principal actor de la celebración, aventurándose a decir que Miquel Badia “era un defensor de la ley y de las instituciones democráticas”.

No sabemos porque un profesor universitario de historia soltó dicha aseveración, más aún cuando la propia Fundació Josep Irla (de ERC) mantiene en la biografía de Miquel Badia que “durante su breve mandato como jefe de la policía continuó su enfrentamiento con los grupos anarquistas, frente a los que utilizó métodos expeditivos y que en ocasiones traspasaban la legalidad vigente”. De hecho, la misma biografía de la fundación de Esquerra comenta que “la actuación de los escamots (de los que Badia era el responsable) motivó un creciente malestar en sectores de ERC (…) alarmados por lo que consideraban una peligrosa deriva hacia el fascismo catalán”. Quizás por esto, Junqueras fue el único líder visible de Esquerra ese día, y de las JERC (juventudes de ERC) sólo se podía atisbar a un solo representante que acudió por compromiso. Pro sionistas como el historiador Joan B. Culla o Pilar Rahola rehusaron la invitación.

Y es que en el mismo acto confluyeron -como cada año- veteranos Boixos Nois y dirigentes de Unitat Nacional Catalana (UNCat) arropados por un grupo de skins heads y miembros de las JEREC (juventudes de Estat Català) uniformados para la ocasión. También representantes del Moviment Identitari Català (M.I.C), una asociación de extrema derecha que defiende “una Cataluña catalana, donde las ayudas sociales sean para los catalanes, por una regularización de la inmigración y, sobretodo, para que desaparezca esa garrapata asquerosa tan enraizada, ese espíritu castellano que tan cerca tenemos”, según puede leerse en su web.

Los hermanos Badia fueron dos miembros destacados de esta doctrina totalitaria en las décadas de los años 20 y 30 junto con otros ilustres apellidos como Dencàs, Casanovas o Cardona. Como ya comentó el periodista de La Vanguardia, Daniel Arasa, en su artículo Badia, nazis, estos chicos “estaban fascinados por Benito Mussolini, por sus camisas negras y por los ‘facci di combatimmento’”. De hecho, la organización estructural y combativa de EC-JEREC -pese haber sido inspirada por el Sinn Fein irlandés- se convirtió en un calco del Partido Nacional Fascista italiano. En realidad, todo lo que rodea a los Badia y su gente es sórdido y grotesco, aunque en el fondo no fueron más que dos chicos de pueblo de mentes cerriles con tendencias psicopáticas uno, y supremacistas el otro, que alcanzaron el estatus de catalanets burgueses en una Barcelona convulsa y cambiante. Su arrogancia y crueldad no podía terminar de otro modo, el 28 de abril de 1936 un grupo anarquista los liquidaba sin mediar palabra.

Los primeros años

Miquel y Josep Badia habían nacido en Torregrossa (Lleida) a principios del siglo XX -junto con sus dos hermanas- en el seno de una familia en la que el padre era esquilador de ovejas y otros animales lanudos. Pronto la familia se trasladó a Lleida, donde los hijos estudiaron en los Maristas, eludiendo entrar en el Liceu Escolar, la institución histórica del movimiento de renovación pedagógica leridana dirigida por Frederic Godàs. De esa época, Miquel Badia destaca en su memorias inacabadas el interés de los padres maristas por “inculcar en mi espíritu unas profundas convicciones religiosas con el correspondiente temor a Dios”. Una vez superado el bachillerato, con 16 años (1922) Miquel Badia traslada su expediente académico a la Escuela Nacional de Náutica de Barcelona para cursar los estudios de piloto de marina mercante. En Barcelona le espera ya su hermano mayor Josep, quien desde 1919 regenta un negocio de compraventa y exportación de fruta, vino y aceite. Para sufragarse su estancia en la ciudad, Miquel Badia entra a trabajar de ayudante en la farmacia Bolós de la Rambla de Catalunya, y más tarde en la farmacia Solà. Ese mismo año, el resto de la familia Badia Capell se traslada a vivir a un piso de la calle Aragón para evitar sufrir necesidades económicas.

Vista actual de la casa familiar de la família Badia Capell, sita en la plaza Mossèn Jesus Jansà número 7 de Torregrossa (J. Piñol)

Los ideales radicales de los dos hermanos y su origen ilerdense pronto encontraron lazos con otros jóvenes procedentes de la creciente e incesante inmigración campesina de la Cataluña interior como Deogràcies Civit (Espluga Calba, Lleida), Joan Cornudella (Les Borges Blanques, Lleida), Antoni y Josep Oriol (Linyola, Lleida), entre otros. Acostumbrados a reunirse en el Centre Comarcal Lleidatà de Barcelona, pronto se les empezó a conocer como la colla dels Badia. En esas quedadas se empezaba a hablar de política y patriotismo.

Cuando ese mismo año (1922) Francesc Macià, quien tenía unos fuertes vínculos familiares con les Borges Blanques, fundó Estat Català, los hermanos Badia no dudaron en afiliarse. EC nació para impulsar la independencia de Cataluña desde la vía insurreccional. Una de sus premisas era la de crear un ejercito para la toma y defensa del Principado e ir incorporando territorios como Valencia, las Baleares, la Cataluña Norte y Occitania. Según sus memorias, Miquel Badia decidió alistarse “al ejercito catalán comandado por la figura idealista y romántica de Macià”. Después de asistir a un mítin de l’Avi, escribió: “esa misma tarde firmaba mi ficha de soldado de Cataluña, en un principal de la calle San Honorato”.

Desde el primer momento, Miquel Badia -quien recordemos aún tenia 16 años- entra en los escamots de Estat Català, cuadros juveniles de raíz paramilitar dedicados a la agitación política y social dirigidos por Daniel Cardona (apodado el Vibrant), un racialista quien más adelante entraría en guerra abierta con Macià, fundando -junto al fascista Manuel Blasi- Nosaltres Sols!, una organización supremacista escindida de EC que mantuvo contactos con líderes del partido nazi alemán.

Dos años más tarde, en 1924 con la dictadura de Primo de Rivera ya instaurada y Francesc Macià en el exilio, Miquel Badia, a sus 18 años, es nombrado jefe del escamot lleidatà, el más numeroso de los 54 existentes con más de 40 inscritos. Debido a la dictadura y a la persecución de los elementos separatistas, los escamots pasan a ser grupos secretos recibiendo el nombre de rondes volants y moviéndose en la clandestinidad. Entre otras acciones, son los encargados de proferir palizas e incendiar algunos comercios y almacenes regentados por ciudadanos no separatistas. Vuelve a resonar por toda Barcelona el término botifler (traidor) y ya se habla de acciones terroristas contra Alfonso XIII considerado ‘el primer opresor de Cataluña’.

Por esos años, su hermano Josep destaca como atleta y deportista multidisciplinar, siendo el naturismo una de sus pasiones. En esta época adquiere relevancia su pertenencia a los Amics del Sol, una colectivo creado en 1915 que enfatizaba en el excursionismo, los campos nudistas y las visitas a las playas. El grupo era más o menos apolítico y combinaba su amor a la naturaleza, las excursiones y una forma de eugenésia, disciplina que busca aplicar las leyes biológicas de la herencia para perfeccionar la especie humana. Por ello, es habitual encontrar fotos de Josep Badia en las que rinde culto a un cuerpo fibrado y atlético en medio de la naturaleza, junto con otros compañeros masculinos de iguales condiciones.

Josep Badia -a la derecha- con otro compañero de los Amics del Sol en una foto extraída del libro Miquel Badia, vida i mort d’un lider separatista, de Fermí Rubiralta.

Lucha armada, condena a prisión y amnistía

1925 sirve para que el exilio parisino firme una alianza suscrita por Macià, el nacionalismo vasco, la CNT y el Partido Comunista que se traduce en la creación del Comité de Acción de la Libre Alianza. El acuerdo cayó como un jarro de agua fría entre los separatistas más radicales como Daniel Cardona o el propio Miquel Badia, quienes lo tildaron de gran farsa. Es entonces cuando Cardona -en el exilio de Perpinyà- decide fundar Bandera Negra Santa Germandat Catalana, una especie de brazo armado formado por díscolos de EC -disgustados con Macià- que quería poner bajo sus órdenes las rondes volants y los escamots. Algunos historiadores comentan que las hermanas Badia (Anna y Montserrat) “confeccionaron unas batas negras con capucha, al estilo de los antiguos inquisidores que nunca se llegaron a utilizar”.

Una de las acciones de Bandera Negra que ha pasado a la posteridad es el conocido Complot del Garraf (26 de mayo de 1925), cuando Miquel Badia y otros ocho separatistas (entre los que se encontraba Deogràcies Civit y Marcel·li Perelló) trataron de volar el túnel de la linea ferroviaria cerca de Sitges, al paso del tren en el que viajaba el rey Alfonso XIII de camino a Barcelona. Según admitió el propio Badia, “la acción era de dominio público entre muchos militantes de EC” y quizás por ello la policía supo abortar el atentado a partir de una delación.

Los ocho ejecutores acabaron detenidos y en el banquillo de los acusados. En el momento de su detención Miquel Badia estaba trabajando en la farmacia y portaba una pistola Parabellum cargada y tres cargadores más. Según parece, el tiempo que pasó Badia en los calabozos -y más tarde en la Modelo- a la espera de juicio fue para él un auténtico tormento (llegó a declararse en huelga de hambre) que le marcaría el resto de su vida. Tras el juicio Miquel Badia fue condenado a 12 años de cárcel de los que cumpliría cinco en los penales de Alcalà de Henares y Ocaña, prisiones de las que trató de fugarse sin éxito en alguna ocasión. El fracaso del Complot del Garraf significó la disolución temporal de los escamots, que no ser reorganizarían hasta dos años después. Según algunos conocidos de Badia, el jóven de Torregrossa, en su estada en prisión, “se convirtió en una persona sociopática, que había perdido parte de la razón con un desprecio claro por la vida”.

Paralelamente, Francesc Macià se afianzaba en Estat Català -en detrimento del ala de Daniel Cardona- con la conjura de Prats de Molló, una tentativa de incursión militar desde Francia para proclamar la independencia de Cataluña. Este complot fue abortado por la delación de Racciotti Garibaldi, un antifascista italiano que acabó a las ordenes de Mussolini. No obstante, la acción realzó la figura de l’Avi entre los independentistas, ya que, muchos le acusaban hasta entonces de inactividad. Macià acabó detenido, juzgado y condenado en París a seis meses de cárcel.

En 1930, tras la dimisión de Miguel Primo de Rivera, en plena crisis del régimen monárquico, y la llegada de la dictablanda del general Berenguer, se consigue la amnistía para los exiliados, represaliados y condenados durante la dictadura, entre los que se encuentra nuestro protagonista, Miquel Badia. En el mes de abril de ese año Josep Badia iba a buscar a su hermano al penal de Ocaña. Días después todos los condenados por el Complot se reencontraban en Barcelona, donde recalaría Francesc Macià el mes de febrero de 1931 procedente del exilio francés. A partir de ese momento los homenajes no dejarían de sucederse y la cara del pequeño de los Badia empezaría a ser conocida en la Cataluña prerepublicana.

14 de abril de 1931, proclamación de la República

Tras la rubrica del pacto de San Sebastián, donde todos los representantes republicanos del estado español pactan la instauración de la república y con una degradación más que evidente del régimen dictatorial, el gobierno no tiene otra opción que convocar elecciones municipales para el 12 de abril de 1931. Antes de su celebración, el nacionalismo catalán todavía está fuertemente segmentado, pero se consigue aunar a los principales sectores bajo las nuevas siglas de ERC (Esquerra Republicana de Cataluña). En el nuevo partido confluyen principalmente el Estat Català de Francesc Macià, el Partit Republicà Català de Lluís Companys y el grupo de Joan Lluhí, L’Opinió. Esquerra gana las elecciones en Cataluña y Francesc Macià proclama el 14 de abril desde el balcón de la antigua Diputación Provincial de Barcelona el Estado Catalán “que con toda cordialidad procuraremos integrar en la Federación de Repúblicas Ibéricas”, dijo. El hecho, parece, sirvió para entrar en conflicto con Companys, quien, como nuevo alcalde de Barcelona, ya había proclamado la República una hora y cuarto antes desde el balcón del ayuntamiento. Pero los tira y afloja entre ambos venían de lejos: Macià, un excoronel del ejercito de inclinación castrense e ingeniero de caminos defensor de la caseta i l’hortet, nada tenía que ver con un Companys abogado laboralista próximo al socialismo sindical libertario e intelectual de tradición masónica.

Entretanto, nuestro principal protagonista, Miquel Badia, decidió no separarse de l’Avi encabezando el grupo de los guardaspaldas del nuevo president. Paralelamente, su hermano Josep Badia fue nombrado por Josep Dencàs (médico y presidente de las JEREC) vocal del Avenç Democràtic Republicà de Sant Andreu de Palomar. Según parece, Josep Badia era un tipo con grandes dotes organizativas, del que se dice que “tiene un concepto formado de lo que es un soldado de la patria”. Sea como fuere, a Dencàs y Josep Badia se les unió de forma activa Miquel, organizando las JEREC y devolviendo de nuevo a los escamots su relevancia en la lucha callejera.

Proclamación de la República en la Plaça Sant Jaume en una foto de J.M. Segarra.

La proclamación de la república significó -entre muchas otras cosas- que los lideres más radicales del separatismo catalán atisbaran de nuevo el ideal de la independencia. Ello significó dejar las rencillas apartadas y ponerse a las ordenes de Macià, hasta que tres días después (el 17 de abril) l’Avi reculase ante la reprimenda del gobierno central dando un giro autonomista.

Por eso, transcurridos dos meses de la proclamación de la república, los miembros más radicales de EC se mostraron públicamente contrarios a la formación gubernamental de Macià. Además, seguía su camino el grupo extremo de Cardona, Nosaltres Sols!, que en ningún momento presto pleitesía al president e incluso se postuló en contra del nuevo Estatut d’Autonomia (que se aprobaría en setiembre de 1932). Se formaba el grupo Elements d’Estat Català con algunos de los encausados por el Complot del Garraf pero sin Miquel Badia, quien había visto en Macià -como decíamos- el líder romántico que tanto requería su espíritu o porque, simplemente, l’Avi lo había nombrado jefe de su guarda personal (24 de abril de 1931) con un sueldo de tres mil pesetas mensuales. Macià eligió a Badia después que Jaume Compte (quien más tarde saldría de EC para fundar el Partit Català Proletari de inspiración marxista) le dijera “el hombre más valiente, el de más cojones ya lo tiene en su escolta personal: Miquel Badia”. Era la primera referencia pública a las agallas y bravura de Badia (y en nuestra opinión a la crueldad y ferocidad del personaje), que más tarde le valdría el sobrenombre de Capità Collons.

Algunas voces, como las de Jaume Ros, comentan que un Miquel Badia “rencoroso” habría aprovechado su posición de fuerza durante esos días inmediatamente posteriores a la proclamación de la república para detener al supuesto delator o confidente del Garraf y que Macià le habría impedido tomar medidas drásticas.

Llegados a este punto, Miquel Badia, con 26 años, es el encargado de organizar las nuevas JEREC (Joventuts d’Esuqerra Republicana Estat Català), asociando “la idea de juventud como ideal de frescor ligada de forma indisoluble a los planteamientos radicales del catalanismo”, según comenta el catedrático Enric Ucelay da Cal. Parece que la formación de las JEREC respondía también a reforzar las posiciones d’EC dentro de ERC ante los sectores de Companys y L’Opinió, según el historiador Fermí Rubiralta. Miquel Badia decidió dar a las JEREC una formación militar que se asemejaba a la de los escamots de los años veinte y dotarlas de un uniforme compuesto por: una camisa verde oliva por debajo de la cintura, cinturón de cuero, pantalones de terciopelo hasta las rodillas (las féminas con falda azul), bandas de excursionista, zapatos forrados y sombrero del mismo color que los pantalones.

A partir de 1932 se empiezan a crear por toda Cataluña los Casals d’Esquerra-Estat Català bajo la influencia del propio Badia (quien presidia el Casal de Ciutat Vella, en la bajada de Santa Eulàlia) y su mentor, el que sería unos meses más tarde conseller de Sanitat, Josep Dencàs (que haría lo propio en Sant Andreu del Palomar) con un claro propósito reclutador y propagandístico. De hecho, sería en el Casal de Ciutat Vella donde Miquel Badia conocería a Carme Ballester, la esposa de su compañero, Carles Duran, una mujer que más tarde se casaría en segundas núpcias con Lluís Companys, pero que desde antes de octubre de 1934 mantenía una relación secreta con el president. La relación entre el principal de la Generalitat y Carme Ballester marcaría un antes y un después en la conexión Badia-Companys.

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