Puigdemont no consigue disolver el PDeCat pero afianza su liderazgo en JxCat

Todos los cruceros en una web
 

Autor: Jacobo Piñol

Carles Puigdemont y Artur Mas en una imagen de archivo.
Carles Puigdemont y Artur Mas en una imagen de archivo.

Al Todopoderoso Carles Puigdemont solo le falta un paso para reinar en el cielo y la tierra de la derecha catalana. El expresident de la Generalitat lleva meses en la sombra intentando liquidar el Partit Demòcrata (PDeCat) -y de paso a Artur Mas– pero, cuando parecía que le iba a dar la estocada, los herederos de Convergència se han resistido a desaparecer. Efectivamente, los posconvergentes han decidido integrarse en JxCat (la marca electoral de Puigdemont) pero, en ningún caso, disolverse. Eso sí, para fusionarse con la formación han tenido que reconocer al de Waterloo como líder absoluto de JxCat.

Así, la amplia mayoría del Consell Nacional decidió el sábado “transitar” hacia JxCat, conteniendo a los díscolos que dudan que el PDeCat tenga recorrido como tal en el futuro de la política catalana. De hecho, David Bonvehí, secretario general del Partit Demòcrata, afirmó que el PDeCat debe ser una “pieza clave” y que la formación “tiene futuro para muchos años”. Y es que desde aquel convulso congreso del verano de 2018, en las agrupaciones locales empezaron a surgir voces ingratas con la dirección, reclamando disolver el partido para integrarse en JxCat. Ahora, los Demòcrates tendrán que batallar para mantener su estructura directiva dentro de JxCat, una formación en la que acechan los rivales como comadrejas.

Curiosamente, la sugerencia de disolución la lanzó sin ambigüedades La Crida (agrupación política impulsada por Puigdemont, Torra y Jordi Sànchez para las generales) y fue apoyada por los -hasta el momento- independientes de JxCat, que terminaron formando parte de la agrupación, como Laura Borràs o Elsa Artadi. Entretanto, Puigdemont aguardaba agazapado esperando a que la confabulación diera sus frutos y abarcar todo el espacio de poder en JxCat. De hecho, el enfado fue mayúsculo en el Partit Demòcrata cuando Puigdemont anunció por sorpresa la creación de La Crida.

No obstante, dentro del PDeCat, Puigdemont también encontró aliados incondicionales como su autoproclamada fan -y amiga de Francesc Homs-, Míriam Nogueras, quien sucedió a la defenestrada Marta Pascal, después que ésta tratara que el PDeCat tuviera autonomía propia en la política catalana. Otra de las cabezas que rodó fue la de Jordi Xuclà, histórico diputado convergente que se despidió apostando por las tesis de Pascal. Por eso, no es casual que ahora las adalides de la derecha catalana en Madrid sean Borràs y Nogueras. Otros posconvergentes que se apuntaron a La Crida fueron Damià Calvet, Albert Batet o Eduard Pujol, entre otros.

Puigdemont no se ‘sacude’ a Artur Mas

El objetivo último de Puigdemont no era simplemente disolver el PDeCat porque sí, si no borrar de un plumazo el legado de Artur Mas. Además, con la desaparición del PDeCat, los derechos políticos y electorales de JxCat quedarían en el aire porque ahora están en manos de los herederos de la antigua Convergència.

Aunque, en principio, parezca improbable, Artur Mas podría presentarse de nuevo como candidato en unas hipotéticas elecciones al Parlament, puesto que su inhabilitación finaliza este mes de febrero. Así lo afirmó este verano. Pero, esta hipótesis supondría apartar de forma tajante a Puigdemont de la cúspide de JxCat e incluso podría abrirse una brecha que terminase con la escisión de la formación. De hecho, la idea salomónica de Mas era crear una coalición entre La Crida y el PDeCat.

No obstante, lo más racional es que Puigdemont siga moviendo los hilos, hecho que no arruga al PDeCat para promocionar a sus candidatos a la presidencia de la Generalitat. Entre los nombres que suenan -aparte de Mas- están el de la consellera Àngels Chacón o el del alcalde de Igualada, Marc Castells. En la órbita de Puigdemont se situarían Laura Borràs en detrimento de Quim Torra, o en su caso Elsa Artadi, aunque también se baraja al conseller Damià Calvet.

En este sentido, la artimaña que desearía Puigdemont sería la de esperar a que el TSJC inhabilite en firme a Torra y aprovechar que JxCat es el grupo independentista mayoritario en el Parlament, para forzar a Roger Torrent a nombrar a Laura Borràs presidenta de la Generalitat sin tener que convocar nuevos comicios. De este modo, el exalcalde de Girona ganaría tiempo (hasta que Bruselas decida sobre su inmunidad) sacudiéndose, a su vez, a los presidenciables del PDeCat y taponando la alternativa de ERC (previsiblemente Pere Aragonés).

Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) celebró su último congreso el 8 de julio de 2016. El simposio sirvió para que los convergentes fundaran el PDeCat con el objetivo de ofrecer una imagen nueva y limpia tras los continuos escándalos de corrupción de su predecesora CiU. Artur Mas fue elegido presidente y Marta Pascal se erigió como su mano derecha. Casi cuatro años después -y tras la inhabilitación de Mas y espantada de Puigdemont- las cosas no han cambiado tanto. Mientras Mas conserva a uno de sus afines en la presidencia (David Bonvehí), Puigdemont ha conseguido colocar a una de sus discípulas (Míriam Nogueras) como segunda de abordo. Mismos perros, distintos collares.

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