28 noviembre, 2021

Parar a la extrema derecha

Ilustra Paolo Calleri.

Desde la provocación de VOX en Vallecas, a las recientes balas a Iglesias y la provocativa y chulesca negativa de Monasterio, el debate ha tomado aún más fuerza. La extrema derecha es una realidad y una amenaza directa no sólo por sus políticas patronales y neoliberales en la economía y por la reivindicación directa del gran nacionalismo español, católico y franquista, sino también por sus ataques racistas, homófobos y machistas. Se trata del crecimiento de Vox en las últimas elecciones catalanas y las proyecciones de las encuestas estatales. Pero también en cómo sus planteamientos influyen sobre los demás partidos, en el giro del PP de Ayuso en Madrid, o, aún peor, la prohibición –como pedía VOX- de los actos del 8 de marzo en Madrid por parte del Gobierno “más progresista”, y sin que Podemos se desmarcara ni un pelo. No minimizamos en absoluto, la amenaza que Vox y la extrema derecha suponen para los y las trabajadoras.

La extrema derecha crece hoy porque vivimos en una situación de crisis brutal económica y política y la respuesta de los partidos que han sido el pilar del régimen desde el final del franquismo ya no convencen a una mayoría. Las clases populares viven una desesperación en situaciones límites, con una profunda polarización social y sectores del capital financiero y del régimen, impulsan sus políticas de división y de provocación para evitar que los de abajo se unan para echarles del poder. Cierto que es un fenómeno mundial (Le Pen, Salvini, Trump, Bolsonaro…) pero también es cierto que la extrema derecha agrupada hoy en Vox, vivió por años en el interior del PP, y es el instrumento político de un sector muy significativo del aparato de estado (ejército, policía, Guardia Civil, jueces…) que quedó intacto del franquismo por obra y gracia de la traición del pacto de la transición, por tanto, como instrumentos de poder. Prueba de esa continuidad con el aparato franquista, son las amenazas de muerte a Pablo Iglesias, a Marlaska, y a la directora general de la Guardia Civil, María Gámez, un paso más en el que habíamos visto en los chats de los militares que pedían fusilamientos o los que pedían por carta al rey, un cambio de gobierno -unos y otros impunes-. La extrema derecha llegará a ser fascismo, cuando el capital se vea acorralado por la lucha de clases y tenga que bajar a las calles para combatir la amenaza de un levantamiento de los y las trabajadoras. Entre tanto, trata de gestionar con mano de hierro desde las instituciones burguesas.

Entre los y las trabajadoras y la juventud se preguntan ¿cómo paramos la extrema derecha? Hay quien responde: a la extrema derecha se la ignora. Pero ¿cómo podemos ignorar a la tercera fuerza política en escaños, que ciertamente saca muy buenos resultados en los barrios más ricos, pero que va penetrando en aquellos barrios populares más castigados, e incluso trata de hacer pie en la misma clase obrera, con su sindicato Solidaridad?. Ignorar es permitir que siga construyéndose mientras nos tapamos la cara para no verlo… ¿hasta que sea irreversible?

Enfrentarla se impone, pero ¿cómo? Agrupándonos para combatirla. ¿Un frente antifascista? Pero ese frente político y de movimientos no puede identificarse en la política de “demócratas contra fascistas”, porque lo que estamos haciendo es blanquear fuerzas que son directamente responsables del avance de Vox, con lo que lo que pretendemos sacar por la puerta nos entra por la ventana. Rechazamos un frente político con partidos de la burguesía. Estamos por un frente antifascista desde la independencia de clase.

Desde la izquierda el cartel de Vox escandaliza por la criminalización de los menores inmigrantes. Cierto. Pero también es grave que muchas abuelas cobren los poco más de 400 euros. Por ello, no basta denunciar la criminalización de los jóvenes inmigrantes, sino que hay que levantar una política para que no haya pensiones de miseria, porque si no se hace, el discurso fácil y de enfrentamiento de Vox, continúa. Lo mismo ocurre con los servicios sociales. Apunta Vox: los inmigrantes se quedan con los servicios sociales, y eso no es cierto, pero la verdad es que los servicios sociales son escasos y no puede haber otra política desde la izquierda que exigirlos, en lugar de justificar el reparto de la miseria. Por ello hemos denunciado que la falta de esas políticas en un gobierno de supuesta izquierda con el PSOE e Izquierda Unida-Podemos, allana el camino a la extrema derecha en los barrios obreros y populares.

Desde el PSOE, Mas Madrid y Podemos se nos explica que al fascismo se le derrota con el voto el próximo 4 de mayo. Para nosotros las elecciones eran la oportunidad de avanzar en la construcción de una candidatura por la ruptura con la Monarquía y el capitalismo. Esto no ha sido posible. ¿Qué hacer? ¿Rechazar el voto porque no hay ninguna opción progresiva en estas elecciones? No creemos que esto ayude a crearla. Tampoco es cierto que todos los partidos son iguales. Un voto contra la derecha del bifachito, que necesariamente debe ser desde la crítica a esos partidos, convencidos de que de ganar habrá que enfrentar a este hipotético “gobierno de izquierdas” desde el primer día, porque su política, como demuestran día a día en el Gobierno central, no quiere ni romper con la monarquía ni con el capitalismo, y seguirá gestionando la crisis al servicio de las grandes empresas y a costa de los y las trabajadoras y a la vez, manteniendo la miseria, seguirá alimentando a Vox. Bajo ese gobierno, el fascismo seguirá creciendo y habrá que pararlo con la movilización y la construcción de una verdadera izquierda obrera y popular.

Vox además, vive de la provocación, ganando a través de ella los espacios que no gana de otra manera: así la mesa que quieren poner en los jardines de Yolanda González, estudiante y compañera nuestra, asesinada por los fascistas en la transición; así las mesas y actos en los barrios, es donde los hemos de combatir, defendiendo nuestros barrios. Hay que aislarlos con la movilización de masas. Vallecas marca el camino. 5000 jóvenes y trabajadores/as salieron a movilizarse contra el acto de provocación de presentación de la campaña de Vox. La evidencia fue tal, de que eran sólo unos pocos y rechazados masivamente por el barrio, que Abascal tuvo que suspender el acto, intentando revertir el fracaso buscando el choque directo con los antifascistas, lo que le permitió –¡cómo no! – la policía que le abrió el cordón policial que les separaba y acabó deteniendo a jóvenes antifascistas. La escena se repitió en otros barrios y localidades de Madrid, con más detenidos/as por la policía. ¡Exigimos su libertad i la retirada de todos los cargos!.

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