Francia ha vivido este jueves su primera jornada de huelgas y manifestaciones masivas contra el plan estrellan del presidente, Emmanuel Macron, para reformar las pensiones y extender la edad mínima de jubilación hasta los 64 años. Más de 1 millón de personas ha participado en las movilizaciones organizadas a lo largo de toda la geografía francesa. El sindicato francés CFDT ha convocado una nueva jornada de protestas el 31 de enero.

Según datos del Ministerio del Interior, 1,12 millones de manifestantes se han citado en las calles de las distintas regiones. Las movilizaciones más numerosas han tenido lugar en la capital, donde según el ministerio se han manifestado hasta 80.000 personas. La Confederación general del trabajo (CGT) francesa, por su parte, habla de 2 millones de asistentes a nivel nacional.

Desde la cabecera de la multitudinaria cita en París, el secretario general de CGT ha defendido que la movilización refleja los resultados de las encuestas, «que una gran mayoría de los ciudadanos de este país están en contra de esta reforma».

Al comenzar la manifestación, a las 14:00 hora local, los sindicatos estimaban que ya había más manifestantes que el 5 de diciembre de 2019, cuando las protestas se dirigían contra el anterior proyecto de reforma. La CGT contó entonces 1,5 millones de personas y la policía 806.000.

La convocatoria de París estaba considerada de alto riesgo por las autoridades, y el ministerio de Interior había desplegado a miles de policías. De hecho, a mediodía los agentes han disparado gas lacrimógeno contra algunos manifestantes.

Efectos en el transporte y los servicios públicos

El transporte ha sido uno de los sectores más afectados. La compañía ferroviaria SNCF ha advertido de que solo circulaba el 10% de los trenes regionales, entre una tercera parte y una quinta parte de los trenes de alta velocidad (TGV) y ninguno de los otros trenes de largo recorrido. El aeropuerto internacional de Orly, uno de los principales en Francia, ha anulado uno de cada cinco vuelos.

En la región de París solo ha circulado un tercio de las dos grandes líneas de trenes de cercanías (RER A y RER B) y un 10% del resto, mientras en el Metro sólo funcionan con normalidad las dos líneas automáticas, la 1 y la 14, pero incluso éstas tienen algunas estaciones cerradas.

En la energía, la producción se ha reducido en más de 7.000 megavatios, según la Confederación General del Trabajo (CGT), mayoritario en este sector. En las refinerías de la petrolera TotalEnergies, el seguimiento del paro está entre el 70 % y el 100 %, según la misma fuente.

Los trabajadores de los servicios públicos de educación y salud también han ido a la huelga, aunque sindicatos y administración difieren en el seguimiento.

Los paros han afectado también a los medios públicos de comunicación. Las emisoras de radio France Inter y France Info han interrumpido su programación habitual y en su lugar han emitido música.

Inicio de una campaña de movilizaciones

El objetivo de los sindicatos franceses es que la de este jueves sea la primera de una campaña de grandes movilizaciones que fuercen al Ejecutivo a dar marcha atrás en su impopular proyecto de reforma del sistema de jubilaciones.

«Es una primera jornada y habrá otras», ha declarado el secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT), Philippe Martínez, que en una entrevista en el canal Public Sénat. «Es raro que los sindicatos en Francia estén de acuerdo. Es un indicador de que la situación es grave», ha añadido.

«Aquí están todas las organizaciones. Es una gran señal de que la gente está furiosa», ha declarado a EFE la secretaria nacional del sindicato Solidaires, Gaelle Martínez.

«Queremos tener una buena jubilación, no queremos llegar a la jubilación estando quebrados, cansados, rotos (…) Si el Gobierno no recobra la razón habrá más» protestas, ha advertido el secretario general de la Unión Nacional de los Sindicatos Autónomos (UNSA), Laurent Escure, en declaraciones a EFE la cabecera de la protesta en la capital.

Por su parte, Laurent Berger, secretario general de la Confederación Francesa Democrática del Trabajo (CFDT), primer sindicato del país, ha criticado en el canal BFMTV unas declaraciones de Macron, que ha acusado de irresponsables a los sindicatos. «¿Creen que hoy [por el jueves] habrá cientos de miles de personas irresponsables, a las que les da igual el equilibrio de las cuentas públicas?», ha preguntado retóricamente Berger.

En 1995, un proyecto de reforma de las pensiones del presidente conservador Jacques Chirac fracasó por la presión de la calle, a pesar de la mayoría absoluta gubernamental en el Parlamento. Aquel año las organizaciones sindicales reunieron a dos millones de personas en un solo día.

Un proyecto de reforma sin apoyo popular

La propuesta de Macron no cuenta con apoyo popular. Dos tercios de los franceses están en contra, según sondeos.

Todos los sindicatos, los partidos de izquierda y la ultraderecha de Marine Le Pen se oponen. Sin embargo, Los Republicanos (conservadores) podrían apoyarlo en el Parlamento, lo que sería suficiente para su aprobación.

El plan prevé elevar de 62 a 64 años para 2030 la edad mínima de jubilación y adelantar a 2027 el aumento de 42 a 43 años de cotización para poder disfrutar de una jubilación completa (hasta ahora previsto para 2035).

El Gobierno insiste en que su propuesta tiene en cuenta a quienes comenzaron a trabajar antes de los 20 años y también a quienes por motivos médicos deban jubilarse antes de los 64. Por ello, asegura que un 40% de los futuros pensionistas podrán jubilarse antes de los 64 años.

El Ejecutivo asegura que la reforma es necesaria porque de lo contrario se generará un déficit en el sistema de pensiones que alcanzaría los 12.500 millones de euros en 2030, mientras que los detractores al proyecto creen que se podría aumentar los impuestos a los ultrarricos y a los beneficios del capital para conseguir ese dinero.

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Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.

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