Ya sucedió en la acería Azov en la ciudad de Mariúpol y en otras muchas poblaciones, donde el ejército ucraniano y los neonazis que lo componen retuvieron de manera forzosa a buena parte de la población civil para utilizarlos como escudos humanos. Son prácticas deleznables que el derecho internacional no permite, pero que, a su vez, los gobiernos occidentales o la llamada comunidad internacional las obvia por completo.

Fue el jefe del Centro de Gestión de la Defensa Nacional de Rusia, Mijaíl Mízintsev, quien informó que las fuerzas ucranianas siguen utilizando instalaciones industriales con objetivos militares, usando a la población civil como escudo humano.

Según RT, el oficial ruso dijo militares ucranianos retienen por la fuerza a centenares de civiles en las estructuras subterráneas de la planta Azot en la ciudad de Severodonetsk (república de Lugansk).

Mízintsev subrayó que los ucranianos minaron depósitos con sustancias químicas peligrosas como ácido acuoso, amoníaco y nitrato de amonio para hacerlas explotar durante su retirada.

También señaló que se está preparando otra “provocación sofisticada” para culpar a Rusia de asestar “ataques indiscriminados” contra objetos importantes de la infraestructura civil.

Al parecer, según información facilitada por Mijaíl Mízintsev, combatientes ucranianos han desplegado una batería de artillería en la provincia de Járkov para abrir fuego contra la central eléctrica de Zmievka con el perverso objetivo de destruirla y dejar sin electricidad a las provincias de Járkov, Poltava y de Sumy.

Por otra parte, en la ciudad de Avdéevka (república de Donetsk) nacionalistas ucranianos también minaron almacenes con componentes tóxicos en el territorio de la planta de coque local para hacerlos explotar cuando militares rusos se acerquen al lugar, frenando así su avance. En opinión de Mízintsev, con esos intentos, los militares ucranianos buscan acusar a Rusia de usar armas químicas.

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