David Melero y Oriol Puig, dos periodistas catalanes, han denunciado las vejaciones y las amenazas sufridas a manos de la policía marroquí cuando trataban de viajar hacia los territorios del Sáhara Occidental ocupados por Marruecos la semana pasada, antes de la visita de Pedro Sánchez al país alauí.

Ambos fueron interceptados por la policía marroquí en un bar de Tarfaya, cerca de la frontera con el Sáhara Occidental. Tras una tensa identificación de documentación, fueron trasladados por la fuerza a un taxi dirección Agadir, del que fueron extraídos, agredidos, amenazando su integridad física, con graves acusaciones como las de terrorismo. Ambos reporteros llegaron a Barcelona el pasado 7 de abril.

Tanto Melero como Puig tenían como principal objetivo visitar y entrevistar en la ciudad de Bojador a Sultana Khaya, una activista y defensora de los derechos humanos saharaui que sufre el hostigamiento continuo de las autoridades de Marruecos. Khaya es presidenta de la Liga Saharaui para la Defensa los DDHH y en Contra del Expolio de los Recursos Naturales en Bojador.

Desde 2005, Khaya ha sufrido agresiones físicas, amenazas de muerte, tortura y acoso sexual. Durante los últimos años, las autoridades marroquíes han intensificado la represión contra los activistas y periodistas saharauis, sometidos a malos tratos, detenciones arbitrarias y hostigamiento en represalia por sus acciones no violentas contra la ocupación del Sáhara Occidental. El pasado julio la relatora especial de la ONU que examina la situación de los defensores de los Derechos Humanos, Mary Lawlor, condenó las vejaciones contra Khaya.

Según el índice mundial de libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras, Marruecos ocupa el puesto 136 entre 180 países. La organización califica de «desierto informativo» la situación del periodismo en los territorios de la excolonia española ocupados desde 1976 por Marruecos.

En el informe «Sáhara Occidental, un desierto para el periodismo», publicado hace tres años, Reporteros Sin Fronteras denunció la “persecución y constante represión de los reporteros saharauis que intentan hacer periodismo alternativo al margen de la oficialidad marroquí, muchas veces condenados a desorbitadas penas de cárcel”.

La mordaza informativa también se aplica a los periodistas extranjeros, expulsados casi de forma inmediata cuando acceden al territorio. Además de la cárcel o la expulsión, los profesionales que intentan ejercer su derecho a informar son víctimas de arrestos, calumnias, torturas, malos tratos o amenazas a su entorno familiar. A juicio de la organización, ejercer la profesión periodística en esa parte del mundo es todo un “acto de heroísmo”.

Redacción en Revista Rambla | Web | Otros artículos del autor

Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.

Comparte: