18 octubre, 2021

Los talibanes reanudan las ejecuciones y amputaciones en Afganistán

En una entrevista con Associated Press, el mulá Nooruddin Turabi anunció que los talibanes han reanudado las ejecuciones y amputaciones en Afganistán. «Todo el mundo nos criticó por los castigos en el estadio, pero nunca dijimos nada sobre sus leyes y castigos. Nadie nos dirá cuáles deben ser nuestras leyes. Seguiremos el Islam y haremos nuestras leyes sobre el Corán». Nooruddin Turabi continuó afirmando que «cortar las manos es muy necesario para la seguridad». Según Associated Press, Nooruddin Turabi fue «uno de los verdugos más feroces e inflexibles del grupo» durante el anterior gobierno talibán.

Los cuerpos de cuatro hombres fueron ahorcados en Herat, Afganistán, por los talibanes. Sher Ahmad Ammar, vicegobernador de Herat, afirma que «sus cuerpos fueron llevados a la plaza principal y colgados en la ciudad como lección para los demás secuestradores». International Christian Concern informa de que «este anuncio ha infundido miedo en los corazones de los cristianos afganos, que temen ser considerados criminales por los talibanes debido a su conversión al cristianismo. William Stark, director regional de International Christian Concern para el sur de Asia, pide a la comunidad internacional que «proteja y rescate» a los cristianos afganos.

La Universidad de Kabul cierra sus puertas a todas las mujeres

Mientras el mundo se olvida de Afganistán y de la realidad de sus habitantes; mientras las naciones aliadas se desentienden de todos aquellos que trabajaron por la normalización y la apertura del país; mientras Naciones Unidas se limita a «condenar» la falta de «inclusividad» de los talibanes en la formación de su gobierno, el grupo terrorista en el poder aplasta los derechos más básicos de las mujeres.
Mohammad Ashraf Ghairat, nuevo rector de la Universidad de Kabul, acaba de prohibir la entrada de todas las mujeres. «Les doy mis palabras como rector de la Universidad de Kabul», dijo Ghairat en un Tweet el pasado lunes, 27 de septiembre. «Mientras no se proporcione un entorno islámico real para todos, no se permitirá a las mujeres venir a las universidades o trabajar. El islam primero».

En un reportaje del New York Times se explica que la «nueva política universitaria es un eco de la primera época de los talibanes en el poder, en la década de 1990, cuando las mujeres sólo podían entrar en público si estaban acompañadas por un familiar varón y eran golpeadas por desobedecer, y se las mantenía alejadas de la escuela por completo». El espejismo voluntario de muchos occidentales, que han querido ver en esta nueva generación de talibanes una mayor moderación, se ha esfumado.

Según un breve perfil desarrollado por el Times en el reportaje, Ghairat es un hombre joven (34 años) con poca experiencia educativa para ejercer el cargo de rector. En contrapartida, es un gran devoto del movimiento talibán y, según el medio neoyorquino, «se ha referido a las escuelas del país como “centros de prostitución”». Un loco.

Algunas profesoras dijeron al Times que los talibanes impusieron autoritariamente su visión de cómo se debe vivir bajo la fe islámica. Ellas creen y profesan su fe, pero aún así, el grupo va siempre más allá en sus restricciones.

«En este lugar sagrado no había nada no islámico», dijo una profesora de la Universidad de Kabul que, según el Times, trabajó con relativa libertad en los últimos veinte años hasta la vuelta de los talibanes al poder. «Aquí se forman presidentes, profesores, ingenieros e incluso mulás, y se regalan a la sociedad (…) La Universidad de Kabul es el hogar de la nación de Afganistán».

Hamid Obaidi, exportavoz del Ministerio de Educación Superior que también fue profesor de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Kabul, lo declara con toda crudeza: «No hay esperanza, todo el sistema de educación superior se está derrumbando».

De acuerdo con el reportaje, el sindicato de profesores de Afganistán pidió al régimen talibán que diera marcha atrás al nombramiento de Ghairat a través de una misiva. La petición fue ignorada.

Según The Times, algunos de los antiguos compañeros del nuevo rector, le describen como una persona asilada y radical que tuvo problemas con profesores y compañeras.

Desde su regreso al poder, los talibanes han prohibido la música, han privado a las mujeres de ir al trabajo, han ilegalizado protestas y han radicalizado su política en relación con el teatro, el cine, a la televisión y el papel de las mujeres en la sociedad.

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