2 diciembre, 2021

Revista Rambla Barcelona

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Los señoritos del clima

Biden echando una cabezada durante la cumbre.

Consejos vendo que para mí no tengo. Es larga tradición entre los apóstoles de la nueva religión climática no dar ejemplo. Predican, pero no dan trigo. ¿Recuerdan al pionero Al Gore, dando vueltas al planeta sobre su jet privado mientras instaba a los ciudadanos ordinarios a utilizar transportes ecológicos? Esta cumbre climática de Glasgow ha sido el acabóse: según la prensa británica no menos de 200 aviones privados habrían aterrizado ya en suelo británico para asistir a la cumbre contra la contaminación.

El gran atasco aeroportuario es, además de la contaminación añadida, uno de los efectos de los «domingueros del clima». A las decenas de Jefes de Estado, de Primeros Ministros y de altos cargos de organismos internacionales (ONU, OSCE, OCDE, OMS, OMT etc. etc.), se unen las correspondientes cortes ministeriales y políticas, la legión de ONG y los cientos de altos ejecutivos de multinacionales que aterrizan con sus impolutos y lujosos jets privados tapizados con piel de vaca (al parecer, vacas climáticas cuyas ventosidades no contaminan -a diferencia de las que nos comemos- el aire).

Alberto de Mónaco, Macron, Sánchez, Merkel, Johnson… Todos acuden en sus aeroplanos de lujo y poderío.

Los millonarios climáticos, predicadores del Apocalipsis que ellos mismos provocan, han llegado ya. Una vez aterrizado el jet, grandes delegaciones de impecables coches oficiales a gasolina les recogen en los aeropuertos. Biden al parecer lleva una escolta de más de 50 vehículos, a cada cual más contaminante, ahí es nada. Ya en Glasgow se hospedan en grandes hoteles con espléndida calefacción a carbón o gasoil mientras devoran la legendaria carne producida por la ganadería intensiva de Argentina, Francia o de España.

Las predicciones más optimistas sugieren que la flota de aviones privados que llegue para la CP26 emitirá 13.000 toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera, el equivalente a la cantidad consumida por más de 1.600 británicos en un año.

Nosotros no podemos pecar. Ellos son el pecado.

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