14 junio, 2021

Los filetes y las ventosidades de Gates

“Creo que todos los países ricos deberían pasar a la carne 100% sintética.” Estas palabras, pronunciadas por Bill Gates en una reciente entrevista en la MIT Technology Review con motivo de su nuevo libro “Cómo evitar un desastre climático”, han vuelto a poner el foco en la carne como gran enemigo del planeta.

En su libro, el magnate insiste que los países ricos deben llegar con urgencia a las cero emisiones de gases de efecto invernadero y, con ese fin, opina que hay que presionar a los gobiernos de los países ricos para que se abandone el consumo de la carne animal.

Han pasado ya algunos años desde que este multimillonario norteamericano inició su particular cruzada contra la ganadería vacuna. Gates ha invertido importantes sumas en las mayores compañías dedicadas a la producción de carnes sintéticas, como Beyond Meat o Impossible Foods; y en los últimos tiempos, el magnate ha comprado –a través de Cascade Investment– algo más de 100.000 hectáreas de terrenos de cultivo, en casi una veintena de estados norteamericanos.

El argumento que esgrimen los partidarios de la carne sintética es que, según ellos, la mayor parte del efecto invernadero es debido al metano emitido con las flatulencias de vacas, cerdos y cabras. Se trata de una afirmación completamente falsa: si se realiza un riguroso inventario, de los 50.000 millones de toneladas anuales de gases de efecto invernadero, la ganadería es culpable de menos de un 1%. Además, es también falso que el metano producido en la fermentación entérica sea expulsado en las ventosidades, lo hace a través del propio sistema respiratorio del animal.

Hipocresía progre

Usted no verá a Bill Gates en una particular cruzada contra los perjuicios causados por China, que es –con una industria cuya principal fuente energética es el carbón– el mayor emisor de dióxido del mundo, y con enorme diferencia. Casi un tercio del carbono que se genera cada año en el planeta, procede de este país comunista que tiene suscritos importantes acuerdos de cooperación con el fundador de Microsoft.

Según un estudio de la Texas A&M University, los niveles de contaminación en China son tan altos que puede estar alterando las tormentas en el Pacífico, intensificándolas y cambiando su trayectoria, influyendo por tanto de manera directa en el clima del Planeta. Para cualquiera que pretenda reducir la Huella de Carbono, la reducción de la contaminación china debería ser una prioridad.

Obviamente, tampoco veremos a Bill Gates confesar los efectos que, en el cambio climático, pueda producir el propio magnate con sus inversiones en edificios –la huella en las ciudades es mucho mayor que en el campo–, con sus viajes en jet privado o los megayates, en los que disfrutan él, sus socios y amigos.

La libertad amenazada

A mí –y confío que a un número creciente de personas en todo el mundo–, lo que me parecen especialmente fétidos son los cuescos que desde hace unos años lanzan el Sr. Gates y otros multimillonarios con sus indisimuladas intenciones de imponernos cómo tenemos que vivir –y morir– los seres humanos de todo el mundo. ¿Quiénes se han creído qué son estos hombres para pretender gobernar nuestras vidas sin nuestro permiso?

Por ejemplo, ¿qué sentido tiene que un matrimonio controle una entidad como la OMS? Hay quien pensará que a Gates le otorga algún tipo de derecho la contribución que realiza –de cerca del 12% del presupuesto de esta entidad– mediante los negocios y colaboraciones de su fundación con otras organizaciones y a través de la iniciativa The Giving Pledge. Pero es completamente absurdo.

Las implicaciones de estas entidades supuestamente filantrópicas –cuyos beneficios fiscales y de imagen justifican por sí solos su creación– con la poderosa industria farmacéutica, especialmente en el gran negocio de las vacunas, así como los casos conocidos de utilización de las campañas de vacunación para la esterilización de jóvenes del tercer mundo levantaron ya hace algunos años todo tipo de sospechas.

El caso de Bill Gates es parecido al de otros multimillonarios que han amasado en el sector tecnológico un patrimonio descomunal durante las últimas décadas gracias a un evidente abuso de su posición dominante en el mercado, como Jeff Bezos con Amazon, Mark Zuckerberg con Facebook, Larry Page con Google o Jack Dorsey con Twitter. La riqueza de solo estos cinco empresarios supera los 500.000 millones de dólares.

A finales del siglo XIX se aprobó en Estados Unidos la Ley Sherman Antitrust. Fue una iniciativa del senador republicano John Sherman cuyo propósito era imponer restricciones a las empresas que disfrutaban de un poder excesivo en el mercado. Desde entonces, en varios momentos de la historia, con el fin de recuperar la competencia, la aplicación de las leyes antimonopolio han llevado, con aciertos y desaciertos, al fraccionamiento de grandísimas corporaciones empresariales. Eso apenas ha ocurrido en sector tecnológico, en el que se han permitido ininterrumpidamente todo tipo de excesos monopolísticos. El de Microsoft, con su sistema operativo Windows, es un ejemplo paradigmático (y, en él, el caso de Internet Explorer no era más que una anécdota insignificante).

Desde los años 90, la globalización económica ha facilitado la formación de peligrosos monopolios de ámbito mundial, y de grandes grupos empresariales que operan en un mismo sector con diferentes compañías cuyas vinculaciones quedan ocultas gracias a la complejidad de las nuevas estructuras financieras.

La pregunta que debe hacerse ahora es cómo proceder tras haber permitido durante lustros que los propietarios de esos negocios acumularan, con esas prácticas monopolísticas, patrimonios de escándalo, especialmente ahora, que gracias a estas fortunas, disfruten de un inmenso poder con el que tratan de dominar el mundo.

No solo deben aplicarse las medidas anti-trust a sus compañías, sino que –con el fin de proteger las libertades amenazadas de los ciudadanos– deben retrocederse las consecuencias de tantos años de abuso. Es necesario y urgente confiscarles la mayor parte de su riqueza para garantizar las libertades individuales.

rebelionenlagranja.com

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