‘La última fotografía de Carles Sabater con vida la tengo yo’, MARTÍ ESCUDER

alt“Boig per tu”. Loco por ti. Tres palabras que no pueden sonar indiferentes a ningún amante del rock catalán. Una canción que despierta muchos sentimientos, el icono de un grupo que ya no existe, pero que pervive en el recuerdo. Sau. Grupo que nació en 1987 y murió con su cantante, en 1999. Martí Escuder, fotógrafo free lance, fue quién inmortalizó con su cámara

 

 

Blanca Mendiguren Gomila

alt“Boig per tu”. Loco por ti. Tres palabras que no pueden sonar indiferentes a ningún amante del rock catalán. Una canción que despierta muchos sentimientos, el icono de un grupo que ya no existe, pero que pervive en el recuerdo. Sau. Grupo que nació en 1987 y murió con su cantante, en 1999. Martí Escuder, fotógrafo free lance, fue quién inmortalizó con su cámara cada escenario, cada concierto desde los inicios hasta el último día, sumergiéndose así en el fenómeno Sau y en el mundo de la fotografía.

 

¿Cómo empezaste tu trayectoria como fotógrafo?

Colándome en conciertos del grupo Sau. Lo curioso es que a mí, de hecho, el rock catalán no me interesaba demasiado. Lo que me atraía era hacer fotos. Podría haber sido Sau o cualquier otra cosa. El manager de ese grupo, que justamente buscaba material porque era todo muy incipiente, vio mis fotos y me las compró. Recuerdo que me dijo: “Oye, me las quedo, ¿cuánto valen?”; y yo: “Bueno, no sé, dame lo que quieras, pero ¿puedo ir a otro concierto?” (se ríe). Y así acabé siendo el fotógrafo oficial del grupo. Me llamaban para todo lo que necesitaban. Para las giras, la grabación de discos…

 

¿Estabas en algún medio mientras eras fotógrafo de Sau?

Por aquel entonces, el grupo contactó con Enderrock, que hasta el momento solo había publicado cinco números. Era una fundación de tres o cuatro socios y yo me apunté. En el número 6, la portada justamente ya es mía, sobre Sau. Y bueno, me lié con los de Enderrock. Ahora están más o menos saneados, continúan currando como capullos pero… fueron dos o tres años muy difíciles en los que trabajé muchísimo, invirtiendo tiempo y poniendo dinero del bolsillo. Y acabé ejerciendo de jefe de fotografía, de jefe de producción… Bueno, es que tampoco había ningún esquema, se trataba de hacer el trabajo y ya está.

 

¿Cómo siguió tu trayectoria profesional?

A partir de todos estos contactos, empecé a colaborar también con un grupo incipiente de periodistas, que ahora están todos colocados. Gente muy maja que recibió el encargo de hacer un diario universitario. En aquel entonces solo existía la Gazeta Universitaria. Hicieron el Catalunya Campus, que era el proyecto de un tío vinculado a las juventudes de Convergencia. Nou Campus duró un año, después se lo quedó un grupo de jóvenes abogados inversores.

 

También estuve colaborando en el Diari de Tarragona. De hecho, aún colaboro. Hice las prácticas allí durante un verano. Y luego entré en Europa Press. Junto con dos fotógrafos y una redactora, fuimos dando servicio gráfico a esta agencia. Soy un free lance.

 

¿Has hecho de paparazzi?

Sí. Europa Press se nutre de las revistas del corazón. Fotografía social, fiestas, eventos… No he hecho de paparazzi más que para Europa Press y lo hago por una cuestión alimenticia.

 

¿Aún trabajas para Europa Press?

Sí, lo que pasa es que últimamente no mucho. Toda la vida he sido free lance. De alguna manera, se podría decir que me he cogido un año sabático. Pero no he dejado los clientes. Aún busco nuevos, de lo que sea, y mientras tanto trabajo en gabinetes de comunicación, en el tema de los conciertos… De alguna manera, me he apartado un poco de la parte de paparazzi, que requiere de mucho tiempo, mucho estrés y mucha competencia. Exige mucho, sacrificas mucha parte personal.

 

¿Qué es lo que más te gusta cubrir?

Lo mío es hacer fotos de conciertos. La música es lo que aún me mueve y lo que me hizo empezar. Gracias a Enderrock conseguí clientes como El Mercat de Música Viva de Vic, L’Altaveu, discográficas y managaments, prácticamente. También he hecho trabajos relacionados con el teatro, he colaborado con el auditorio, L’Espai y demás.

 

¿Estás contento con tu trabajo?

Es un trabajo que pocos hacemos y del que muchos querrían vivir. Es necesario ser bueno, profesional, humilde, constante y tener un poco de suerte. Yo he tenido esta suerte, pero siempre digo lo mismo, que parece mentira que siendo una cosa tan apetecible al final acabes diciéndole a la gente: “Pues estoy hasta los cojones”. Y te contestan: “Venga tío, ¿cómo es posible?”. Todo cansa.

 

Háblanos sobre el resultado de tus inicios, de tu trabajo para Sau.

Fotografié al grupo desde 1992 hasta 1999. Llegué a hacerles unos 12.000 negativos. Yo estaba en el concierto el día en qué Carles Sabater murió. La última foto de ese tío vivo, la tengo yo. Estaba allí en Vilafranca, y cayó en el camerino. Carles era muy atractivo, no en el sentido de guapo, que también, sino en el de especial. Era muy querido.

 

Esos negativos que les hice los dejé en cajas y no me preocupé más. Pero el año pasado, cuando se cumplieron diez de la muerte de Sabater pensé en hacer un libro que recogiese mis fotografías. Lo titulé Sau vist, porque es el Sau que yo vi. Lo complicado fue decidir qué fotos escoger para hacer el libro. Primero elegimos unas quinientas, hasta que reducimos la selección a unas 125. Las fotos enseñan el grupo al completo. La gente se piensa que Sau era Carles Sabater y no es así. También estaba Pep Sala, que está vivo. Yo vi a los dos. Los dos eran Sau.

 

Las fotografías del libro son a pie de escenario, pero también en los camerinos. ¿Cómo es eso de estar dentro y fuera?

Has de saber estar en los camerinos, fotografiarles mientras tocan sobre el escenario… Saber hacer que no te vean cuando toca, pero también hacerte el simpático. Saber avivar los momentos. Ponerlos juntos, provocar alguna situación… Has de estar embebed, como los periodistas americanos que fueron a la guerra de Irak. Les ponían una cámara y un casco, ¡y ala! Te has de introducir. Y lo hice bastante bien. Lo que me sabe mal es que me acuerdo de fotos que no hice por vergüenza, porque era jovencito.

 

En una ocasión le dije a Pep Sala: “Ostras Pep, recuerdo fotos que no hice porque era tan tímido…” y él me dijo: “Justamente porque eras tan tímido me pudiste hacer tantas”.

 

Había muy buen rollo entonces, ¿no?

Bueno. A Carles no le gustaba que le hicieran fotos. Algunas de las que yo hacía las vendíamos a las tiendecitas de merchandising, para los fans. Una vez, escogimos una de Carles muy bonita, en la que sólo se le veían los ojos y el micro. ¡Una foto muy Carles Sabater! Hicimos cien o doscientas copias para vender y entonces Carles se pasó por la tiendecita antes del concierto, vio la foto y dijo: “Ésta no la vendáis”. Y los de la tienda: “¡Pero si es preciosa!”. Y él: “ya, ya, pero es que soy muy yo”. No le gustaba nada… sólo cuando estaba actuando, sobre el escenario. Entonces sí.

 

Aunque la música no te encantase, imagino que te gustó la experiencia ¡Estarás satisfecho!

Disfruté mucho haciendo este trabajo. ¡Era el fotógrafo oficial del grupo catalán del momento! Veo otras fotos, de gente haciendo cola ante la Monumental o el Palau Sant Jordi, de mogollón de niños y niñas… y es ahora cuando me doy cuenta de la locura del momento. Pero a mí no me importaba eso. Nunca me giraba para fotografiar al  público. No los entendía, de hecho. Ya te digo, la música tampoco me interesaba, lo que quería era fotografiarles a ellos.

 

Estuve ocho años haciendo Sau. Pero si ahora me pidieran este encargo lo exprimiría mucho más. Hice lo que pude. Aunque bueno, visto el resultado, alguien que ve las fotos ve que sí, que están bien. Y, como documentos que son, adquieren fuerza. Y hace gracia porque ves la gente que sale y dices: “Coño, el Muntaner”, “Cojones, con greñas”. Adquieren potencia porque son un documento, más que por su estética.

 

{morfeo 92}

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