La raza del comisario Badia

Autor: Jacobo Piñol

En esta segunda incursión en la biografía de Miquel Badia profundizaremos en la figura del líder de Estat Català al frente de la Comisaría de Orden Público de la Generalitat de Catalunya. Este mártir del separatismo radical ha pasado a la historia -como máximo responsable de la policía catalana durante la Segunda República- por perseguir, torturar y tratar de aniquilar a sindicalistas, anarquistas y comunistas, pero también a cualquier otro elemento que atentase contra su Catalunya catalana.

Miquel Badia (segundo por la dcha.) y Josep Dencàs (izq.) junto con otros amigos de Estat Català en una comida informal (F. Rubiralta, Vida i mort d’un líder separatista)

Jacobo Piñol -. Como decíamos en el anterior artículo, tras la victoria de ERC en las elecciones catalanas de finales de 1932, Dencàs se perfila como nuevo consejero de Sanitat y a su lado germina la estampa de Miquel Badia quien ostentaría la secretaria de dicha consejería. Así, mientras el de Torregrossa se postulaba como nueva figura emergente de la alta política catalana, el propio Badia es protagonista de un incidente narrado por otro de los implicados, el periodista Josep Maria Planes, una de las plumas más audaces de la Barcelona republicana.

Planes, director del semanario satírico de referencia El Be Negre, se autodefinía como un “periodista mundano” que estuvo amenazado tanto por el separatismo radical como por las milicias de las FAI. Este periodista catalán publicaba en enero de 1933 en La Publicitat una epístola titulada Per al senyor Macià, president de l’Esquerra Republicana, en la que relataba el encuentro que tuvo él y cuatro de sus amigos con unos escamots a las órdenes de Miquel Badia.

Según Planes, tras salir del cabaret Excelsior -situado a la parte baja de la Rambla-, donde coincidieron con Miquel Badia -quien iba acompañado por el diputado de ERC por Valls, Manuel Galés-, un amigo común de ambos militante de ERC comentó al grupo del periodista: “vigilad, esta noche los escamots quieren pegaros una paliza. No os encantéis que va en serio”. Tras ser alertados, el grupo de Planes se refugió en el restaurante Pinguin de la calle Escudellers, mientras un grupo de cinco o seis escamotistas les esperaba en la esquina.

Finalmente, tras un buen rato de incertidumbre y miradas desafiantes, apareció la policía con lo que Planes y sus amigos pudieron coger un taxi y largarse. Según la carta del periodista, “Miquel Badia dirigió personalmente la operación”, y finalizaba diciéndole a Macià que “estos valientes profesionales querían vengarse de las desatenciones que dicen tiene mi periódico hacia usted y su partido (…) si no lo para la violencia podría ser mutua e iría a más”. Planes se refería a los encontronazos que se venían sucediendo entre los escamots y los anarquistas de la FAI. De hecho, Planes seguiría en el punto de mira de unos y otros hasta el mismo día de su muerte.

Extracto de la carta publicada por el periodista Josep Maria Planes en La Publicitat el siete de enero de 1933 (ARCA).

Lejos de atender las advertencias de Planes, Francesc Macià oficializó a finales de mes los nombramientos de Josep Dencàs y Miquel Badia. La intención de l’Avi no era otra que reconocer a sus leales procedentes del separatismo radical de Estat Català en detrimento de otras corrientes de ERC como L’Opinió de Joan Lluhí o la del propio Lluis Companys.

Dicho nombramiento sirvió sobretodo para que Miquel Badia dedicase su tiempo a reorganizar las JEREC (como siempre, con el apoyo en la sombra de su hermano Josep) ante la escalada de violencia callejera desatada entre las juventudes separatistas y los anarquistas de la FAI. En este sentido son varios los autores que coinciden en afirmar que Miquel Badia no dedicó ni un minuto de su tiempo a la política sanitaria catalana y que los escamots y las JEREC se empezaron a nutrir de dinero público procedente de ese departamento.

Todo ello llevó a que se desatara un crisis interna en ERC donde cada vez eran más las voces que tildaban al binomio Badia-Dencàs de fascista. En consecuencia, el gabinete de Macià empezaba a tambalearse.

La huelga de los tranvías: abril de 1933

La violencia en las calles desencadenada entre las JEREC y los sindicalistas tuvo su máxima expresión en la huelga del transporte del mes de abril de 1933 convocada por la CNT. La huelga se celebraba en un momento en el que los viajeros de los tranvías habían disminuido drásticamente por el incremento del precio del billete y por la competencia creciente entre taxis, autobuses, trolebuses y metro. El descenso de viajeros significó una rebaja de sueldos y se entró en una negociación de las bases de trabajo (lo que hoy conocemos como convenios colectivos) que se convirtió en un martirio. La primera medida de la concesionaria de los tranvías fue despedir a 16 trabajadores. El conflicto se extendió a los otros medios de transporte consiguiendo la parada conjunta el 25 de abril de 1933. No era más que el inicio de un conflicto político que se alargaría hasta más allá de 1939.

Una edición de ABC donde se recoge la noticia de la huelga.

Sin lugar a dudas, tal y como podemos leer en una edición de ABC, el máximo opositor al paro fue el Governador Civil de Barcelona, Claudi Ametlla. Ametlla, tal vez superado por los acontecimientos, dio permiso a Miquel Badia para que organizara a las JEREC en diferentes equipos de conductores con la finalidad de que pusieran en funcionamiento los vehículos. El Governador Civil comentó a la prensa: “he recibido muchas ofertas de ciudadanos, a los que requeriré si es necesario”. Una de las condiciones que puso el gobernador es que los voluntarios de Badia no fuesen uniformados (recordemos que para sus acciones siempre vestían camisa verde oliva) para que no se les relacionara con el sabotaje.

Según el propio Ametlla, los autobuses y tranvías empezaron a funcionar a los pocos minutos, algunos a trompicones o haciendo zig-zag por las calles debido a la inexperiencia de los conductores. En realidad, para Dencàs y Badia la actuación de las JEREC no fue más que un “movimiento contrarevolucionario”. La acción capitaneada por Badia contribuyó a afianzar su liderazgo en las JEREC e incluso supuso que los sectores antimacianistas más radicales vieran en él una esperanza de futuro. En un artículo de La Humanitat, Miquel Badia llegó a decir que “esto la FAI no me lo va a perdonar nunca”. No andaba nada desencaminado.

Al fin y al cabo, la huelga de los tranvías no fue más que la expresión de un clima de tensión entre anarcosindicalistas y separatistas que se evidenciaría en graves problemas de orden público en toda Cataluña. De hecho, para las JEREC (quien en las comarcas interiores se traducían en la Unió de Rabassaires), según el historiador independentista Fermí Rubiralta, “el anarcosindicalismo no era más que una fuerza foránea que quería aniquilar la nacionalización de Cataluña”.

El aumento de la tensión fue a mayores y algunos casales de Esquerra se convirtieron en salas donde se torturaban a sindicalistas, tal y como recoge una edición de Solidaridad Obrera de julio de 1933 donde también se habla de asesinatos frustrados. La Soli apuntaba directamente a Badia: “el compañero Pérez Escudero tiene todo el cuerpo hecho una llaga y amoratada la cabeza. Todo ello sirve para formar un juicio exacto del tormento del que le hicieron víctima los escamots y su jefe Badia”. Dicho artículo se preguntaba si “el apaleamiento y tortura de trabajadores es el nuevo orden público”, ya que, los escamots empezaban a ejercer labores para-policiales a la sombra de la autoridad gubernativa.

Portada de Solidaridad Obrera en la que se denuncia la persecución y represión de los 'escamots' a elementos anarcosindicalistas.
Portada de Solidaridad Obrera en la que se denuncia la persecución y represión de los ‘escamots’ a elementos anarcosindicalistas.

Muestra de todo ello es el testimonio de Anna Murià, periodista de La Rambla y militante del sector republicano de Esquerra. En su libro Reflexions de la vellessa comenta que los “procedimientos fascistoides de los escamots” eran algo habitual y escandaloso. Murià pone como ejemplo el caso del sindicalista Viriato Milanés a quien “se lo llevaron detenido, no a la Comisaría, si no al Casal d’Esquerra Estat Català del Distrito II, el mío, donde lo apalearon tan brutalmente que vomitó sangre”. Parece que Milanés tenía un doble juego: era confidente de Dencàs y Badia, pero los mismos lo acusaban de tramar atentados con la FAI. En cualquier caso, Murià -y muchos otros militantes de ERC- ejerció una enérgica protesta por dicha actuación centrando sus airadas críticas contra Miquel Badia.

En esa misma linea, el redactor de la Soli y sindicalista de la CNT, el castellonense Josep Peirats, llegó a escribir que “algunos casales se han convertido en mazmorras clandestinas donde se secuestra y apalea trabajadores”. El propio Peirats fue detenido seis veces y encarcelado más de 29 meses del 1931 al 1936.

Desfilada de las JEREC por la Avenida Maria Cristina el 22 de octubre de 1933.

En esta situación de auténtica violencia y con el rechazo generalizado de la opinión pública a la actuación de los escamots y las JEREC, a Miquel Badia no se le ocurrió otra cosa que organizar a través de la organización juvenil de Estat Català las jornadas atléticas del 22 de octubre de 1933. La cita ha pasado a la historia por la desfilada de corte fascista de centenares de escamotistas uniformados por la avenida de Maria Cristina hasta Montjuic, donde se congregó un grupúsculo de atletas en una especie de Juegos Olímpicos catalanes que no tenían otro objetivo que demostrar la fuerza de las JEREC ante el todo Barcelona.

La coordinación de las pruebas atléticas corrió a cargo de Josep Badia, el hermano mayor de la familia. En palabras del aparato del partido, las jornadas servirían para conseguir “una juventud fuerte físicamente e intelectualmente preparada”. Incluso el president Macià acudió a la cita acompañado por algunos líderes de ERC. Ese día Miquel Badia dijo lo siguiente: “¿Fascistas nosotros? No son ellos los que deben decir lo que somos. No queremos otra cosa que lo que quiere el pueblo (…) mientras sea la voluntad de la mayoría del pueblo, defenderemos esta voluntad”. Curiosamente, ochenta años después, en un homenajes a los difuntos hermanos Badia, el ahora presidente de la Generalitat, Joaquim Torra, comentó: “lo último que debe preocuparnos es que nos llamen fascistas”. Cosas de patriotas.

Volviendo al 22 de octubre de 1933, las crónicas periodísticas del día siguiente enmarcan la jornada en una corriente de “fascismo catalán” y hablaban de un estadio medio vacío sin apenas afluencia de público. Una de las publicaciones más críticas con la desfilada fue el semanario satírico El Be Negre de Josep Maria Planes. Quizás por ello, dos días después, un escamot asaltó la imprenta NAGSA donde se editaba El Be, destruyendo parte del material y secuestrando más de cinco mil ejemplares.

Miquel Badia al frente de la policía

Dos meses después de la desfilada de Montjuic, Francesc Macià fallece justo el día de Navidad de 1933, hecho que, sin quererlo, favorecería la unidad del separatismo radical. Y es que con la muerte de l’Avi quedaba erradicada la dualidad ‘macianistas’ / ‘antimacianistas’, reforzándose el sector más fanático de ERC-EC representado en este caso por Dencàs-Badia. Pese a ser tildado en ocasiones de pusilánime y poco catalanista desde dentro de su propio partido, Lluis Companys se convirtió en el nuevo presidente de la Generalitat de Catalunya.

El apoyo de las JEREC al nombramiento de Companys supuso que Miquel Badia pasara a tener un papel más relevante en la Generalitat. Así, el 25 de enero de 1934, Miquel Badia es nombrado secretario general de la Comisaria de Orden Público de la Generalitat y a los pocos meses (julio del 34) Jefe de Servicios de Orden Público. De este modo, el líder supremo de los escamots, quien había pasado ocho años en la cárcel por terrorismo, pasaba a dirigir la policía catalana. Una de sus primeras medidas fue la creación de la Escuela de Policia de donde surgieron nombres como Pedro Polo Borreguero o Eduardo Quintela Bóveda, ambos condecorados décadas después por el franquismo quien les reconoció su eficaz persecución y represión en la Brigada Político Social.

De su etapa como máximo responsable policial, la mayoría de historiadores coinciden en señalar que Badia estableció “una campaña de higeniciación social mediante maltratos policiales, palizas, torturas y toda clase de actos represivos” contra todo aquello que atentaba contra la Catalunya catalana. Y esos individuos peligrosos socialmente no eran otros que los anarquistas de la FAI y, por extensión, de la CNT. Aunque en el conjunto delincuencial también incluían elementos desestabilizadores (ladronzuelos, mafiosos, proxenetas, empresarios de la noche, marineros del puerto, travestidos, putas y maricones) localizados en barrios como el Chino, Collblanc o la Torrassa y a quienes persiguió sin contemplaciones. La criminalidad por aquel entonces era uno de los principales problemas de la ciudad y Miquel Badia tenía claro que una de las raices del problema era la inmigración murciana que en esos años colapsaba la ciudad condal.

Como dijimos en el anterior artículo, a Miquel Badia se le conocía con el sobrenombre de Capità Collons. De hecho, no dudaba en participar en las detenciones a cara descubierta e incluso en algún tiroteo como el ocurrido el 14 de abril de 1934 en el que murió Bruno Alpini un anarquista italiano íntimo amigo de Buenaventura Durruti. En alguna ocasión, se dice que llegó a entrar amenazante pistola en mano en alguna de las tascas donde se reunían los anarquistas diciendo: “Soy Miquel Badia y me han dicho que alguien de aquí me está buscando”.

Noticia sobre el tiroteo en el que cae abatido Bruno Alpini publicada en La Vanguardia el 15 de abril de 1934.

 Paralelamente a su actividad policial, Miquel Badia no dejó la estructuración de la JEREC. Así, desde enero de 1934, la organización juvenil tejió una red de círculos en diversos distritos de Barcelona (en siete de los diez, con sede central en Gran Vía) y, en menor medida, en el resto de municipios catalanes. Todo ello le valió al pequeño de los Badia para que los simpatizantes de las JEREC, EC y parte de la ciudadanía más catalanista le brindasen multitud de homenajes públicos, sobretodo por su mano dura contra la criminalidad y el pistolerismo de la época.

Testimonios sobre los excesos de Miquel Badia al frente de la policía hay para todos los gustos. Así, según el fraile e historiador Pere Sanahuja “en octubre de 1934, a Francisco Ascaso (uno de los máximos representantes del anarcosindicalismo español) lo torturan y a Buenaventura Durruti (sindicalista y revolucionario anarquista) lo detienen -junto con otros compañeros- por orden expresa de Dencàs y Badia”. Sanahuja también dejó escrito que Carles Pi i Sunyer (ERC) hablada de una “guerra a muerte”, y que “testigos coetáneos hablaron de prácticas prohibidas en un estado democrático y de derecho”. Sanahuja insiste sobre estas prácticas y los procedimientos perpetrados por Dencàs y Badia, denunciados desde líneas muy diversas.

Las prácticas de Miquel Badia y Josep Dencàs levantaron recelos dentro de la propia ERC. En este sentido encontramos el valioso testimonio del periodista Lluís Aymamí, de Acció Catalana (AC) que se pasó a ERC en 1931 (aunque acabaría en el PSUC en el 36). Este periodista -quien seria director de La Rambla– permaneció al lado de Companys durante los hechos de octubre del 34, siendo detenido por ello. Según Aymamí, la ofensiva contra la CNT de finales del 33 hasta el verano del 34 “se amplió contra cualquier manifestación obrerista, repitiéndose en las celdas de la comisaría los abusos de la etapa de Arlegui, jefe de policía con Martínez Anido”.

En esa misma época, el corresponsal del diario madrileño El Debate, Enrique de Angulo, definía a Miquel Badia como “un hombre siniestro y sanguinario que somete a mortales torturas a sus prisioneros de la FAI”. Y es que una de las leyendas sobre Miquel Badia relata como el de Torregrossa se divertía con sus detenidos poniéndolos de espaldas a la pared en la Jefatura de Policía de Vía Layentana y disparando al aire, mientras un colaborador suyo les tiraba piedras a la espalda cuando sonaba la detonación. Muchas de estas personas, que creían haber sido alcanzadas por el impacto, se desmayaban y algunas otras llegaron a perder la cabeza por el trauma.

El proceso Xammar

Curiosamente, la gota que colmó el vaso no fue la crueldad de Badia con sus detenidos sino el episodio ocurrido el 9 de septiembre de 1934, cuando el propio Badia detuvo al fiscal republicano Manuel Sancho después que este tratase de condenar a su amigo Josep Maria Xammar, uno de los líderes del Partit Nacionalista Català (que se integraría en Estat Català en julio del 36) junto con Joan Torres Picart. A Xammar, abogado de profesión, se le juzgaba por desobediencia grave al Tribunal cometida en un proceso paralelo en el que defendía al director del periódico La Nació Catalana, órgano del PNC (Xammar se burló de los jueces porque no entendían catalán). Horas antes de la vista, Badia -y sus agentes más leales- custodiaban a Xammar y parece habían acordado una fuga a tierras francesas durante el traslado del abogado al Palacio de Justicia de Barcelona.

Pero, antes de proseguir con la narración de los hechos sería conveniente tratar algo más a fondo la figura de Josep Maria Xammar. Este independentista nacido el 1901 en Juneda (Lleida) era amigo íntimo de Miquel Badia. Se conocían desde los primeros encuentros de los separatistas en el Centre Lleidatà celebrados a principios de los años veinte y posteriores. Xammar había formado parte también de Bandera Negra, la organización terrorista de Badia, Cardona y Perelló que atentó contra Alfonso XIII, y fue participe de los Fets de Prats de Molló junto a Francesc Macià.

Pero lo que es más importante destacar de Xammar es la carta que escribió transcurrida la Guerra Civil desde el exilio mejicano dirigida a su amigo, el también independentista de Juneda, Joan Cornudella Barberà (secretario general de EC tras la destitución de Torres Picart en noviembre del 36). El documento, una especie de reporte de cuatro folios mecanografiados en castellano, fue descubierto por el catedrático de la UB, Daniel Díaz Esculies, quien lo publicó en L’Avenç en los años noventa. Xammar, en su misiva, relata como en el seno de EC se forjó una alianza con Joan Casanovas en septiembre del 36 para derrocar al gobierno de Companys y fusilarlo en pleno. De hecho, el propio Xammar parece que estaría detrás de la compra de dos vagones de tren llenos de armas que se utilizarían para dar el golpe de estado. El entonces Comisario de Orden Público, el separatista de EC, Andreu Revertés, sería el encargado de custodiar el material bélico. Lamentablemente para los golpistas, los anarquistas descubrieron el complot del que hicieron sabedor al entonces consejero de Interior Artemi Aiguadé (hermano del alcalde de Barcelona Jaume Aiguader y próximo a Companys). Fue Aiguader quien emitió una orden de búsqueda y captura contra los conjurados. Casanovas se presentó en la consejería de Aiguadé señalando a Revertés como único responsable del complot. Xammar huyó a Francia y Revertés, quien delató a todos sus compañeros al verse descubierto, fue asesinado en una carretera a 20 kilómetros de Barcelona cuando creía que tenía el salvoconducto del gobierno de Companys.

La inquina de Xammar hacia Compnays queda patente en la carta de la que hablamos. Xammar dice: “me alejé de Companys con el convencimiento de que Cataluña no tenía un presidente, sino un granuja dispuesto a mantenerse en su cargo aún a cuenta de la propia y ajena dignidad, y sobretodo a costa de la dignidad de su Patria. Dignidad que a mi entender no recuperó hasta que se halló años después ante el piquete de ejecución de Franco. Que la tierra le sea leve”. Sin comentarios.

Volviendo a la narración del proceso judicial contra Xammar, la fuga acordada con Badia al final no se llevó a cabo y el juicio se celebró como estaba previsto convirtiéndose en un auténtico circo, en el que incluso el presidente del Tribunal, Luis Emperador fue agredido con un pisapapeles y el fiscal Sancho recibió un bofetón. El espectáculo -representado en una sala a reventar con más de doscientos asistentes que asaltaron la tribuna- finalizó cuando el Capità Collons se decidió a desalojar la sala y detener al fiscal por alterador del orden público. Cinco horas después, tras tomarle declaración en la comisaría, el fiscal Sancho quedó en libertad.

El bochorno que supuso la actuación de Badia significó que tres días después Companys le apartase de la Comisaría de Orden Público. Faltaba menos de un mes para los hechos del 6 de octubre que significarían un nuevo punto de inflexión en la biografía del pequeño de los Badia.

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