La obesidad infantil, una lacra que sacude el barrio de La Mina

Autor: Jose Cartañá

Ilustración: Jose Cartañá

Según datos de 2016, teniendo en cuenta a niños de 6 a 12 años, la media catalana de niños con sobrepeso es de un 33’3%, y de estos, uno de cada diez sufre obesidad infantil (10%). La cifra aumenta considerablemente si nos trasladamos al barrio barcelonés de La Mina, azotado por el paro y las desigualdades sociales. En este caso, más de la mitad de los niños tienen sobrepeso y de estos, uno de cada cuatro sufre obesidad (25%). En cambio, en uno de los barrios de la ciudad condal con la renta per cápita más alta, Sarriá-Sant Gervasi, la obesidad infantil se reduce hasta el 2,6%.

Por eso, para saber porque el sobrepeso y la obesidad se ceba con los niños de La Mina, deberíamos centrarnos en dos problemas que se presentan en el barrio. Según el Periódico, existe un absentismo escolar del 40% de los menores, cifra que aumenta hasta el 75% de los alumnos de secundaria. Por otro lado, uno de cada tres vecinos del barrio de La Mina ingresa menos de 640 euros al mes. La Mina es un barrio mayoritariamente de clase trabajadora y con un alto riesgo de exclusión social.

La obesidad no es solo un problema genético y de hábitos adquiridos poco saludables, también encontramos una relación con la renta, puesto que los productos alimentarios poco recomendables a menudo son más baratos que los de una dieta equilibrada.
En la lucha contra la obesidad infantil, el Departament de Salut quiere potenciar el papel de las familias: Una educación sana y una reducción del sedentarismo. Comidas en familia, sin prisas y sin una pantalla delante (televisión, móviles o tablets).

Los padres y madres suelen tener una situación precaria. O bien están ausentes porque trabajan todo el día por un salario bajo, o bien están en el paro pero no se preocupan de qué alimentos come su hijo mientras pueda comer algo.

A menudo, los niños se quedan a cargo de los hermanos mayores, quedándose mucho tiempo en la calle, consumiendo productos de bollería industrial, bebidas energéticas con gran contenido de azúcar y otros productos fast food. Cómo pasa con la ropa de marca, la consumición alimentaria de marcas conocidas otorga sentimiento de identidad a los niños y adolescentes. Si los niños se quedan en casa, tampoco tienen porque tener una supervisión, hecho que no impide que coman de forma poco saludable y jueguen con los aparatos tecnológicos, y por tanto no hagan deporte.

Hay que destacar que según NotíciesTgn, también es complicado el comer sin prisas, puesto que posiblemente las características desestructuradas del entorno familiar y social del niño, pueden provocar una ansiedad que se puede suplir con la comida.

Sean cuales sean las causas, el Departament de Salut activará un plan piloto para frenar esta situación. Una medida que se llevará a cabo es la de destinar 30.000 euros para la contratación de una dietista-nutricionista en el CAP de La Mina y un aumento de la formación específica para pediatras y maestras.

Sobre la primera medida, la pregunta es, ¿qué se debe hacer para que los niños o las familias con necesidades básicas por cubrir decidan visitar a la dietista-nutricionista? ¿Cómo llegar a los niños, adolescentes y familias si existe tan elevado absentismo escolar? El barrio se caracteriza por una elevada precariedad laboral y una elevada desocupación. La preocupación para tener un plato en la mesa (aunque sean alimentos menos saludables) y un techo donde dormir son los principales objetivos de las familias del barrio.

El barrio presenta, además, otra problemática, como el cierre de zonas infantiles por la proliferación de las jeringuillas que usan los toxicómanos. Según xarxanet.org, el cierre de narcopisos en el barrio del Raval influyó en el incremento de personas que acuden a La Mina a comprar y consumir heroína. Desde enero del 2018, cada tarde hay un servicio de educadores de calle de la Cruz Roja que recogen jeringuillas, hacen ver a las personas drogodependientes la necesidad de no dejarlas en los lugares frecuentados por niños, y recomiendan que acudan a la sala de venopunción (que tiene más usuarios que las ocho restantes de Barcelona). Además, las asociaciones de vecinos critican la falta de efectivos de los Mossos d’Esquadra patrullando por el barrio.

Pero no todo es negativo. Tanto en el plan piloto del Departament de Salut como otros proyectos, el papel fundamental de los CAPs y CEIPs se complementa con otros centros educativos y cívicos, así como asociaciones y entidades. Por ejemplo, la Asociación Casal Infantil La Mina se dedica a afrontar la exclusión social y potenciar una mejora de calidad de vida de los niños y familias del barrio. En concreto, en el plan piloto del Departament de Salut, los referentes educativos podrían incidir en la importancia de una buena alimentación y en la práctica del deporte. De hecho, uno de los proyectos de la asociación, bautizado bajo el nombre EduFamílies, prevé un espacio para niños y padres donde se abordan cuestiones de salud como la participación en un huerto comunitario del barrio y actividades de cocina.

En esta línea, hay que educar a los niños con el uso de las tecnologías, que no absorban todo el tiempo y que realicen actividades que los relacionen entre sí, potenciando jugar al aire libre y la práctica deportiva. Se pueden utilizar espacios en la calle (plazas y parques) y patios abiertos de las escuelas, para que sea vistoso y atrayente, donde se realicen actividades enfocadas de este plan piloto -en red con todo el barrio-, con actividades deportivas (torneo fútbol, atletismo, etc), de música-baile (break-dance, zumba, etc), de cocina, e información de la disponibilidad de la figura dietista-nutricionista en el CAP, y también porque no, la prevención sobre los riesgos de la drogadicción (tabaquismo, alcoholismo, etc).

Se tiene que poder llegar a los niños y a las familias sobre las repercusiones negativas de la obesidad: En el sistema muscular y las articulaciones (fatiga en las rodillas, pies planos, escoliosis, etc); la piel (aparición de estrías), el sistema endocrino (diabetes), respiratorio (apnea y problemas psicológicos y sociales (baja autoestima, desconfianza, depresión, etc).

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