La nueva variante de covid-19, ómicron, estaba presente en Países Bajos antes de lo que se pensaba, dijo este martes el gobierno de ese país. La nueva variante del coronavirus fue hallada en dos muestras tomadas entre el 19 y el 23 de noviembre, antes de que Sudáfrica informara por primera vez sobre el hallazgo de esta mutación. No está claro si quienes dieron positivo en las pruebas en Países Bajos habían visitado Sudáfrica.

Anteriormente, se creía que dos vuelos que llegaron desde Sudáfrica el viernes habían llevado los primeros casos de la variante al país europeo. Ese día, de las 624 personas que viajaron desde el país africano a Ámsterdam, 61 habían dado positivo de covid-19, y de esos, en 14 casos se había detectado la variante ómicron.

Sin embargo, aunque las dos nuevas muestras revelan que ómicron estaba en Países Bajos antes de lo que se suponía, no son anteriores a los casos en el sur de África. La variante se encontró por primera vez en una muestra tomada el 9 de noviembre, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Pero, con los datos disponibles, ¿cuándo podemos definir una nueva variante como de preocupación y qué consecuencias tiene eso sobre nuestra estrategia frente a la pandemia?

La secuencia genómica de la variante ómicron (linaje B.1.1.529 en el sistema PANGO, o linaje 21K de NextStrain) muestra 55 mutaciones respecto al virus original de Wuhan, 32 de ellas situadas en la proteína S o espícula, la más importante por su papel en la infección de las células y la respuesta inmunitaria.

Muchas de esas mutaciones se han detectado previamente en variantes de preocupación (VOCs) o de interés (VOIs) del virus, como las mutaciones N501Y (presente en las VOCs alfa, beta y gamma), las T95I, T478K y G142D (todas en delta), o se ha demostrado su papel en la interacción con el receptor celular ACE2 (S477N, Q498R), o se encuentran en regiones de unión de algunos anticuerpos (G339D, S371L, S373P, S375F).

Los efectos de dos mutaciones no son siempre aditivos y las interacciones (epistasias en lenguaje técnico) pueden ser tanto en sentido positivo (aumentando el efecto de cada una) como negativo (disminuyéndolo). Hasta que no dispongamos de resultados de laboratorio y de datos epidemiológicos y de vigilancia genómica que nos demuestren una mayor transmisibilidad o mayores posibilidades de escape frente a la respuesta inmunitaria no es razonable pasar de vigilancia a alerta o, menos aún, a alarma.

La razón esgrimida por la OMS para declararla como VOC es que puede estar asociada a un mayor riesgo de infección, si bien no hay todavía información pública que respalde esta afirmación. Con independencia de que tenga o no las graves consecuencias que justifican su declaración como VOC, es evidente que la evolución del SARS-CoV-2 puede seguir deparando sorpresas. Cuanto antes reduzcamos esas posibilidades, mejor para todos.

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Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.

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