26 julio, 2021

La guerra desde el cielo

Desde este mes de junio y hasta el próximo mes de septiembre, el MNAC acoge la exposición 'Aeronáutica (Vuelo) interior', una instalación del artista Francesc Torres a partir de dos aeroplanos que participaron en la Guerra Civil española
Leocadio Mendiola Núñez (Badajoz, 1909 – Barcelona, 1998). Piloto del “Katiuska” y comandante. Fue el único aviador leal al que se concedió la Laureada de Madrid. Por avatares de la guerra, nunca llegó a recibirla, ni siquiera a título póstumo.

Esta muestra es una instalación del artista Francesc Torres a partir de dos aeroplanos que participaron en la Guerra Civil española: el bombardero soviético Túpolev SB-2 “Katiuska” y el caza también soviético Polikárpov I-16 “Mosca”, ambos presentes en la Guerra Civil en el bando republicano. Estos aparatos son fieles réplicas a escala 1:1, pero se trata de unos aviones que en este momento no vuelan, y en palabras del propio artista, “un avión que no vuela no es un avión, es una obra de arte”.

En este proyecto, Francesc Torres lleva aún más lejos unas coordenadas que ya ha explorado en otras ocasiones, como la ambigüedad entre el arte y el no-arte (pinturas de camuflaje, objetos no artísticos con una “aura artística”, etc.) o la eliminación de la línea divisoria entre los formatos “exposición”, “obra” e “instalación”.

El origen de Aeronáutica (Vuelo) interior es una visita del artista al histórico campo de aviación de la Sénia, construido por el Gobierno de la II República justo al estallar la Guerra Civil española. Este campo tuvo un papel muy destacado por su situación estratégica y por su capacidad operativa, primero para la aviación de la República y después, paradójicamente, para la Legión Cóndor alemana. Muy cerca del antiguo campo de aviación, se encuentra el Centro de Aviación Histórica de La Sénia, donde su director, José Ramón Bellaubí Caballer, lleva a cabo la recreación de aviones históricos.

Francesc Torres explora en esta instalación aspectos como el impacto que supuso, dentro del conflicto bélico, la guerra desde el cielo o la idea de sacrificio en la defensa de un ideario. El artista plantea la analogía entre el sacrificio bélico y el sacrificio por la fe religiosa, jugando con la icono-grafía prestada de la Crucifixión de San Pedro, una bellísima tabla gótica de la colección del Museu Nacional en la que se represen-ta el martirio del santo, obra del maestro Pere Serra (siglo XIV).

Esta instalación artística forma parte de los proyectos expositivos que el Museu Nacional dedica este año a la Guerra Civil, y la salvaguarda del patrimonio artístico en este contexto extremo. Se trata de un conjunto de cuatro exposiciones y un programa público articulados sobre el mismo eje temático: junto con la instalación del artista Francesc Torres, las exposiciones temporales La guerra infinita. Antoni Campañà y Museo en peligro! Salvaguarda del patrimonio artístico catalán (1936-1939), y las nuevas salas dedicadas a este periodo, que ganan espacio y aportan nuevas obras y nuevas lecturas.

Miembros de la Legión Cóndor almorzando bajo un olivo en el aeródromo de la Sénia, no lejos de sus aviones. Para aquellos hombres jóvenes, la guerra de España estaba a medio camino entre la aventura guerrera y unas vacaciones exóticas en el Mediterráneo, a tenor de lo que muestran no pocas fotografías.

En cuanto a las actividades presenciales y en línea estas se han diseñado en colaboración con un gran número de entidades y colectivos especializados en este periodo. Son propuestas para reflexionar, desde múltiples ángulos, sobre las consecuencias que se derivan de la guerra, como el papel del arte y los artistas, la destrucción y la protección del patrimonio en situaciones de conflicto, la propaganda y la memoria, así como la muerte, el exilio o el sufrimiento de la población civil.

Avión de caza Polikárpov I-16 «Mosca»

El Polikárpov I-16 fue diseñado por Nikolái Polikárpov, uno de los ingenieros aeronáuticos soviéticos más importantes de la primera mitad del siglo XX. Se trataba de un monoplano moderno, rápido, ágil, con un habitáculo blindado que protegía muy bien al piloto. Pero en los despegues y aterrizajes se complicaba la navegación; al tener el ala pequeña, estas maniobras tenían que efectuarse a gran velocidad. Durante la II Guerra Mundial, este pequeño avión quedó algo obsoleto frente a la nueva generación de cazas alemanes de la Luftwaffe.

Sin embargo, el coraje de los pilotos soviéticos quedó más que demostrado. Algunos, cuando se quedaban sin munición, utilizaban la hélice del I-16 como sierra para destrozar los alerones traseros, el timón de los bombarderos alemanes, para derribarlos. El Polikárpov I-16 que ocupa la Sala Oval es una réplica motorizada a escala 1:1, realizada por José Ramón Bellaubí Caballer, capitán de la Marina Mercante y director del Centro de Aviación Histórica de la Sénia.

Datos técnicos:

  • País: URSS
  • Tipo: Caza
  • Longitud: 6 metros, aprox.
  • Anchura: 9 metros, aprox.
  • Altura: 2,5 metros, aprox.
  • Peso en vacío: 1300 kg, aprox.
  • Velocidad máxima: 450 km/h, aprox.
  • Techo: 9000 metros, aprox.
  • Tripulación: 1 persona.
  • Armamento: 2/4 ametralladoras.

Bombardero Túpolev SB-2 «Katiuska»

El Túpolev SB-2, Skorostnoi Bombardirovschik (bombardero de alta velocidad), conocido en España como “Katiuska”, fue diseñado por Andréi Nikoláyevich Túpolev. Fue un avión revolucionario, tratándose de un bombardero, por su velocidad punta, 450 km/h, más rápido que los aviones de caza de su época.

El “Katiuska” era un avión totalmente metálico, muy ligero y potente, que podía utilizar esas virtudes para transportar una carga de bombardeo considerable, con una dotación de solo tres hombres. “Todo a la rusa, bueno, simple, barato de construcción y mantenimiento y producido como churros”, comenta el artista Francesc Torres.

Túpolev SB-2 “Katiuska” en vuelo.

El piloto más célebre a los mandos de un “Katiuska” fue Leocadio Mendiola (Badajoz, 1909 – Barcelona, 1998). Entre sus muchas acciones de combate, se distinguen el bombardeo del acorazado nazi Deutchsland, que resultó seriamente dañado causando muchas bajas, y el ataque, casi suicida, al campo de aviación de La Sénia, que se había convertido en el más importante de la Legión Cóndor alemana después de la retirada republicana.

Colgada en la Sala Oval, a punto de estrellarse, tenemos la réplica de un “Katiuska” a escala 1:1 en proceso de fabricación, también construida por José Ramón Bellaubí Caballer, capitán de la Marina Mercante y director del Centro de Aviación Histórica de la Sénia.

Datos técnicos:

  • País: URSS.
  • Tipo: Bombardero.
  • Longitud: 12,22 metros.
  • Anchura: 20,12 metros.
  • Altura: 4,39 metros.
  • Peso en vacío: 3995 kg.
  • Velocidad máxima: 430 km/h.
  • Techo: 9400 metros, aprox.
  • Tripulación: 3 personas.
  • Armamento: 4 ametralladores.

El campo de aviación de La Sénia

A mediados de 1937, con la Guerra Civil ya en pleno desarrollo, el Gobierno de la II República decide, por cuestiones estratégicas, construir un aeródromo militar en las afueras del pueblo de la Sénia. Se expropiaron 90 hectáreas de olivar y se obligó a los propietarios a talar cerca de 9000 olivos, lo que alteró seriamente las finanzas del pueblo.

En muy poco tiempo se construyeron tres pistas cruzadas de tierra dura, orientadas a los vientos prevalentes, con un edificio para alojar a los oficiales y un refugio antiaéreo con capacidad para 200 personas. Se aprovecharon pequeños edificios rurales en el perímetro del campo para tareas auxiliares. No se disponía de hangares para los aviones.

Aeródromo de la Sènia.

En septiembre de 1937 comienzan las acciones operativas: tres escuadrillas de bombarderos Túpolev SB y tres escuadrillas del caza Polikárpov I-16, entre otros aviones de variada procedencia. Una combinación de aviadores españoles y pilotos rusos (normalmente al mando) formaban los escuadrones.

Pero la Guerra Civil da un vuelco hacia el bando nacional y el 14 de abril de 1938 el campo de aviación pasa a manos del ejército nacional, convirtiéndose en la base de la Legión Cóndor alemana y en uno de los aeródromos franquistas más importantes del país. Contó con la presencia de aviones como el Messershmitt Bf 109 (en todas sus variantes), Junkers Ju 87 “Stuka” y Heinkel He 111, aparatos que fueron decisivos posteriormente, durante la II Guerra Mundial.

La Batalla del Ebro, de julio a noviembre de 1938, otorga singular transcendencia a la Sénia, debido a la proximidad de la zona conflictiva, y propició que este aeródromo albergara una gran cantidad de personal militar, aviones y material de guerra.

Parcialmente conservado, actualmente acoge un centro de interpretación en la antigua Casa de Comandancia y preserva el refugio antiaéreo. El Centro de Aviació Histórica de la Sénia exhibe diferentes piezas aeronáuticas de la época, consideradas de gran interés.

Vista general de la muestra en la Sala Oval del MNAC.

Créditos:

  • Organiza y produce: Museu Nacional d’Art de Catalunya y Centre d’aviació històrica de La Sénia.
  • Artista y comisario: Francesc Torres.
  • Dirección: Pepe Serra.
  • Dirección técnica: José Ramón Bellaubí.
  • Diseñador / Diseño gráfico: Lluís Pera / Lali Almonacid.
  • Coordinación del proyecto: Lluís Alabern / Pilar Vila.
  • Supervisión y control técnico: Xavier Abelló.
  • Diseño y dirección técnica de la maniobra de izado: S4E, Solutions for Engineering.
  • Fechas: Del 18 de junio al 26 de setiembre de 2021.
  • Precio de la entrada: 2 euros.
  • Espacio: Sala Oval del MNAC.