18 octubre, 2021

La CUP-G no debe entrar en el gobierno de la Generalitat de Catalunya

Comienza el presing CUP-G. ERC la quiere de muleta, o dentro del Gobierno o en un pacto de legislatura. ¿Para qué? ¿Para hacer efectivo y dar estabilidad a un Gobierno que no avanzará en la ruptura con el estado? ¿Un gobierno que hará más recortes y privatizaciones ante una terrible crisis social? ¿Un gobierno que seguirá reprimiendo la disidencia y la juventud? … como lo ha hecho en los últimos años. Comprometerse con un gobierno de ERC y JxCat, es decir, no tener las manos libres para hacer de altavoz de las luchas que, inevitablemente enfrentarán este gobierno, marcaría un punto de inflexión que anularía la candidatura como instrumento transformador.

El debate interno en la coalición CUP-G ha cruzado toda la campaña electoral. Con contradicciones evidentes, entre las declaraciones de sus dirigentes, especialmente las de Dolors Sabater, y las resoluciones votadas desde las territoriales que exigían que tomar responsabilidades «no era ni entrar a ningún gobierno ni apoyarlo desde fuera con ningún pacto de estabilidad … es hacer frente a los gobiernos de la austeridad y las renuncias a nivel nacional «, o lo que es lo mismo, la independencia de clase ante ERC y JxCat, que se recoge en el primero de los 12 puntos que las organizaciones de la coalición acordaron. La CUP, como fuerza mayoritaria de la candidatura de coalición CUP-G está ante una encrucijada: entre ser el furgón de izquierdas del Gobierno neoliberal y autonomista de ERC con JxCAT o construirse como una alternativa clara para la doble ruptura – con el estado y el capitalismo- el ponerse al servicio de las luchas. Nosotros lucharemos por este segundo camino. Los argumentos que avanzan los sectores que quieren entrar en el Gobierno reproducen los que utilizó Pablo Iglesias para formar parte del gobierno con el PSOE.

Veníamos insistiendo que era necesario un giro a la izquierda y creíamos que estas elecciones podían ser el salto hacia sectores de trabajadoras. Esta oportunidad se ha perdido. Las mismas elecciones son a la vez una advertencia para la CUP-G, que veía como ganaba 5 diputados/as, pero perdía votos en las zonas obreras, especialmente algunas muy castigadas por la crisis como el Baix Llobregat o el Vallès Occidental [ver análisis en páginas centrales]. Si se disuelve el compromiso anticapitalista, el rechazo de los sectores obreros y populares crece. Si no nos abocamos a las luchas de la clase obrera, por el trabajo, las pensiones, la vivienda y los servicios públicos, el crecimiento de Vox en estos sectores sociales decisivos, será inevitable.

Pero tampoco es ninguna alternativa la propuesta de Xavier Domènech en nombre del Institut Sobiranies, de un gobierno de «izquierdas» ERC-CUP-Comunes, con apoyo externo de PSC, en una réplica de gobierno «progresista» a la catalana. Un gobierno que, dependiendo del apoyo del PSC-PSOE, estaría secuestrado a la hora de dar ningún paso de ruptura con el estado monárquico. Unos Comuns, que el mismo día en que Gabriel Rufián hacía esta propuesta de gobierno públicamente en las Cortes, se abstenían en la votación de un referéndum pactado y días atrás tampoco votaban la amnistía.

La CUP-G tiene el reto no sólo de construir una alternativa a un Gobierno ERC y JxCat, sino también al Gobierno monárquico PSOE-UP que se pone al servicio del Ibex 35, y ser en tanto que alternativa para los sectores populares, el único freno a la expansión de Vox. Necesitamos la lucha intransigente por un plan de choque social, para que ni un euro vaya a la sanidad privada, y se fortalezca la sanidad pública al servicio de detener la Covid y la más absoluta intransigencia con la represión de cualquier gobierno y en favor de la amnistía. Sólo esta lucha posibilitará en el futuro, impulsar un Gobierno de los y las Trabajadoras, que aplique un programa de doble ruptura, con la Monarquía y el capital.

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