14 agosto, 2020

La CGT denuncia que la gestión del Ingreso Mínimo Vital es «una chapuza»

Un hombre camina empujando un carro en Barcelona. (Simon Inns)
JACOBO PIÑOL

El Instituto General de la Seguridad Social (INSS) está colapsado, hecho que se traduce en el impago del Ingreso Mínimo Vital (IMV), de las nuevas pensiones y del resto de prestaciones. Así lo ha denunciado hoy el sindicato CGT-Barcelona, organismo que ya alertó de la situación a principios de junio tanto al INSS como a los partidos del gobierno español, demandándoles la ampliación de la plantilla para evitar dicho colapso. Y es que según el sindicato, «es imposible procesar las prestaciones con los medios técnicos y humanos disponibles». Por todo ello, califican la gestión de las prestaciones como el IMV de «una verdadera chapuza».

«Está en manos del gobierno asegurar el buen funcionamiento de los servicios públicos a los ciudadanos. Es intolerable para la sociedad que hundan un servicio público necesario por la capacidad en la gestión o por mala fe», comentan indignados los representantes sindicales.

En referencia al IMV, el sindicato asegura que «no se está pagando». De hecho, cuando se aprobó la ayuda, desde la CGT alertaron  de que «no podía ser una chapuza, por desgracia hemos acertado». En este sentido detallan que «de las solicitudes que se están presentando (más de 500.000) únicamente se están pudiendo tramitar una irrisoria cantidad; sólo se han reconocido unas cien en todo el país».

Por otra parte, según la CGT-Barcelona, también se está retrasando el reconocimiento de jubilaciones, maternidades o bajas. Es decir, todas las prestaciones que gestiona el INSS, «dada la casi inexistencia de la atención presencial a la ciudadanía», reiteran.

Brecha digital

A esto hay que añadir la brecha digital, un verdadero obstáculo que afecta a más del 75% de la población: «nos encontramos que a las personas más vulnerables, de mayor edad o con menores conocimientos técnicos, les resulta imposible ser atendidos con eficacia, dado que se está suplantando la atención personal por la atención a través de internet y, en raras ocasiones, por teléfono. No aceptamos que se les deje en la ignominia».

Para el sindicato libertario es «lamentable» que, tras cuatro meses con las oficinas del INSS cerradas al público por la pandemia, en lugar de ampliar plantillas para solucionar la relación administración-usuario, con citas previas, la solución de la administración haya sido «utilizar a los guardias de seguridad como personal de información para redirigir a quien se acercaba a las oficinas a que consulten la web». Esta situación hace que a menudo los usuarios se indignen, momento en el que «los servicios de seguridad deciden llamar a la policía».

Cita previa inexistente

Debido a que no se puede atender a los usuarios en las oficinas, el gobierno español recomienda a los ciudadanos que soliciten cita previa. Una solución que en realidad es fictícia porque, según indican desde el sindicato, «a día de hoy es imposible conseguir cita previa. Por teléfono solo se han podido atender unas 85.000 llamadas, quedando 600.000 sin respuesta».

Por eso, muchos demandantes, desesperados, tratan de solucionar los trámites contratando los servicios de una gestoría. Además, debido al desconcierto que reina en el INSS, «se ha tenido que pedir la colaboración de los asistentes sociales de los ayuntamientos para que cumplimenten los impresos de los afectados en lugar de asumir íntegramente la gestión con personal propio». Esto para la CGT se resume en «una verdadera chapuza» que ha valido «para que los políticos se pongan medallas en los telediarios y corran ríos de tinta pero sin ninguna efectividad real a quien va dirigida».

Teletrabajo precario

En relación a la situación en que se encuentran los trabajadores del INSS  (un 70%), la CGT denuncia que «es lamentable» la situación que tienen que vivir trabajando desde casa. Según el sindicato «los trabajadores han puesto medios personales, ordenadores, redes, tiempo, etc. La ausencia de una organización que haya sido capaz de tomar decisiones efectivas, eficaces y duraderas cayendo en una improvisación constante de órdenes y contraordenes, ha creando un caos que ha hecho ineficaz el esfuerzo personal de los trabajadores». Y añaden: «la mala gestión de los recursos públicos debería de tener serias consecuencias en los responsables, deberían dar explicaciones de sus actos y dimitir si son incapaces de reconducir la situación».

Hay que recordar que el Gobierno se ha cansado de repetir hasta la saciedad que en esta crisis «nadie se va a quedar atrás», pero en realidad, después de la gestión que están llevando a cabo, raro es que alguien pueda avanzar. Menos aplausos y más autocrítica.

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