11 mayo, 2021

Gaspar Feliu: «La colección Catalunya Carolíngia es provechosa para todos los historiadores, como mínimo, del mundo occidental»

Gaspar Feliu es catedrático jubilado de Historia e Instituciones Económicas de la UB y codirector de la colección.

El Instituto de Estudios Catalanes acaba de publicar Els comtats d’Urgell, Cerdanya i Berga, volumen VIII de la colección Catalunya Carolíngia, con el que se cierra el proyecto iniciado hace cien años por Ramon d’Abadal. Desde 2009, la colección ha sido codirigida por los historiadores Josep M.ª Salrach, de la UPF, y Gaspar Feliu, de la UB, miembros de la Sección Histórico-Arqueológica del IEC. Con este último volumen concluye la edición de documentos, y ahora se trabaja en la elaboración de dos tomos más: el IX, de apéndice, epigrafía y correcciones, y la segunda parte del tomo I, de introducción general a la obra.

El volumen VIII ha estado a cargo de Ramon Ordeig i Mata, que ha colaborado también en algunos de los tomos anteriores. Además del prólogo de los directores actuales de la colección, y del estudio introductorio del curador, el volumen publica un total de 908 documentos. La edición se completa con mapas que localizan los principales lugares mencionados en la documentación y un cuidado índice alfabético de nombres de persona y de lugar.

Aprovechamos esta ocasión para entrevistar a Gaspar Feliu, que explica la importancia científica y el alcance académico de esta colección.

¿Qué significa haber cerrado una colección que se originó hace cien años?

Evidentemente, una gran satisfacción, sobre todo porque hubo momentos en que parecía que la obra no se podría completar nunca. Satisfacción también por el prestigio que la obra terminada dará sin duda al Instituto de Estudios Catalanes y al trabajo histórico catalán en general.

¿Cuál ha sido su labor como codirector de la colección?

Conviene empezar diciendo que cuando accedimos a dirigir la obra, en el año 2009, el trabajo ya iba rodado: el volumen VII estaba muy avanzado y el VIII estaba iniciado, en ambos casos en manos de profesionales muy competentes. Podríamos decir que nos incorporamos a un equipo que funcionaba muy bien y que nuestra labor ha sido más bien de acompañamiento, de participar como unos miembros más del equipo en la tarea de resolver dudas y plantear preguntas. Sin embargo, hemos sido muy conscientes de que la responsabilidad de la obra correspondía a los editores y de que, por lo tanto, en caso de discrepancia debía prevalecer su opinión. Pero eso ha pasado muy poco y siempre con aspectos secundarios. Más personalmente nuestros serán el volumen IX, de apéndice, que solo estaba previsto, y la segunda parte del volumen I, de introducción general a la obra, cuya primera parte preparó Ramon d’Abadal y fue publicada en 1986 al cuidado de Jaume Sobrequés. La segunda parte será obra de Josep M.ª Salrach y mía: estamos trabajando en ella. Además, nuestro cometido tiene también un parte administrativa, de seguimiento del trabajo realizado y de relación con la presidencia, la gerencia y el servicio de publicaciones del IEC.

¿Cuál es la importancia y la valía científica de esta colección? ¿Qué relación tiene con el proyecto CATCAR y cuál es la aportación de la UB a este último?

Cataluña es uno de los espacios europeos con más documentación de los siglos IX-X, hasta el punto de que los historiadores de otros países, como Francia o Italia, a menudo tienen que acudir a la documentación catalana para comprender mejor procesos comunes. Por lo tanto, disponer de los documentos ya es un beneficio para todos, pero hacerlo a través de una edición crítica y reunidos en una sola colección, con los volúmenes dotados de sabios estudios introductorios, es aún más provechoso para toda la comunidad de historiadores científicos, como mínimo, del mundo occidental. En referencia al proyecto CATCAR, ni Josep M.ª Salrach ni yo participamos directamente en él y, en consecuencia, no puedo decir gran cosa, pero me parece que se pueden destacar dos aspectos: por un lado, la difusión entre un público más amplio y las facilidades para consultar la Catalunya Carolíngia por medio de un instrumental informático que va más allá del libro impreso; por otro, la continuación de la edición de documentos más allá del año mil. En cuanto a la aportación de la Universidad de Barcelona, desconozco los detalles, pero la colaboración entre instituciones es siempre provechosa y por tanto motivo de satisfacción.

Hace veinte años se organizó la exposición «Catalunya a l’època carolíngia» en el MNAC, en una época en que la política del momento quería afianzar la vinculación catalana a las raíces europeas. Pasadas estas dos décadas, ¿qué valoración haría de la muestra?

La exposición, que nos ha dejado un catálogo notable, representó un esfuerzo importante para situar la realidad carolingia catalana dentro del mundo imperial y por eso, aparte de material y estudios procedentes de Cataluña, reunió también objetos y textos de otras zonas del dominio carolingio. La exposición en sí mantiene todo su valor de testimonio, pero seguramente ahora no se haría. Las ilusiones puestas en Europa se han desvanecido al constatar que no existe en realidad la Unión Europea, sino la unión de estados de Europa, cada uno atento a sus intereses, entre los cuales la defensa de los derechos de los pueblos está muy a la cola, si es que ocupa algún lugar.

¿Conoció a Ramon d’Abadal? ¿Qué tipo de hombre y de historiador era? ¿Qué legado cree que nos ha dejado?

No tuve la suerte de conocer personalmente a Ramon d’Abadal; cuando murió, yo apenas había comenzado a trabajar en mi tesis doctoral. Sí considero, no obstante, que recibí de él un magisterio indirecto gracias a estrechos colaboradores suyos, como Josep M.ª Font i Rius, Anscari Manuel Mundó y Jaume Sobrequés. No puedo hablar, por tanto, de D’Abadal como hombre más que por referencias que son bastante conocidas. Como historiador, por no extenderme demasiado, señalaré solo dos aspectos: era sumamente riguroso, pero a la vez capaz de escribir bests-sellers como Els primers comtes catalans, evidentemente un best-seller dentro de la pobreza de la historiografía del país a la altura de 1958. La segunda característica que quisiera destacar es que era un hombre al servicio del país: la vocación política, que le estaba vetada, la sustituyó por el estudio de los fundamentos políticos y sociales de Cataluña. En ese sentido, aparte de la Catalunya Carolíngia y los muchos trabajos que dependen de ella, como Els primers comtes, que ya he citado, o L’abat Oliba, destacan Els precedents antics a la Història de Catalunya y Pere el Cerimoniós i els inicis de la decadència política de Catalunya.

Para terminar: ¿Marca Hispánica o Ducado de Gotia? ¿Qué connotaciones implica cada denominación y por qué?

De hecho son dos conceptos empleados solo temporalmente: Marca Hispánica es la zona de frontera más allá de los Pirineos. La expresión aparece alguna vez en los anales reales francos, pero nunca en la documentación oficial. Lo mismo sucede con las expresiones más tardías, como Marca de Septimania o Marca de Gotia, que vienen a sustituir solo durante algún tiempo la expresión Marca Hispánica. Mientras esta última tiene un sentido geográfico (los condados fronterizos con el dominio musulmán), Marca o Ducado de Gotia tienen un significado más político y más amplio: el territorio de los godos (en oposición a los francos), que abarcaba la Septimania y los condados catalanes y que tenía como expresión más clara el dominio del arzobispado de Narbona. Ninguna de las dos denominaciones sobrepasa en principio el siglo IX; solo a finales del siglo X, algunos escritores halagan al conde Borrell II con el título de duque de Gotia, y el mismo conde es llamado por el cronista franco Richer duque de la Hispania Citerior, o sea de la parte costera de la Tarraconense romana. Durante el periodo carolingio, la mención más normal es a los diferentes condados, por lo que me parece que el mejor modo de referirnos a ellos es condados catalanes, entendiendo Cataluña como término geográfico.

La colección

La colección Catalunya Carolíngia completa.

La colección Catalunya Carolíngiaincluye la documentación catalana de los siglos VIII-X, un periodo crucial de la historia en el que los condados catalanes pertenecían a un espacio europeo que abarcaba gran parte de la actual Unión Europea. Integran la colección diecisiete tomos que reúnen más de 6.000 documentos sobre temas del ámbito público y, en especial, del privado (testamentos, ventas, donaciones, permutas). La documentación recopilada permite conocer la evolución de la sociedad y la economía de la época.

Los títulos publicados hasta ahora son El domini carolingi a Catalunya; Els diplomes carolingis a Catalunya; Els comtats de Pallars i Ribagorça; Els comtats d’Osona i Manresa; Els comtats de Girona, Besalú, Empúries i Peralada; Els comtats de Rosselló, Conflent, Vallespir i Fenollet; El comtat de Barcelona, y Els comtats d’Urgell, Cerdanya i Berga.

El proyecto nació hace cien años, impulsado por la Sección Histórico-Arqueológica del IEC. Su larga duración se debe sobre todo a la dificultad de la empresa, pero también a los obstáculos políticos y económicos que ha tenido que superar, especialmente durante la dictadura de Primo de Rivera, la Guerra Civil y el franquismo.

Actualmente, los materiales de la investigación sirven de base para CATCAR: Patrimonio digital al servicio de la innovación social, un proyecto de cooperación transfronteriza cofinanciado con fondos europeos. Su objetivo es digitalizar los documentos de la Cataluña carolingia y difundirlos entre un público más amplio.

Gaspar Feliu (1942) es doctor en Historia, catedrático jubilado de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad de Barcelona y miembro de la Sección-Histórico Arqueológica del Instituto de Estudios Catalanes. Ha codirigido con Josep M.ª Salrach la publicación de Els pergamins de l’Arxiu Comtal de Barcelona, de Ramon Borrell a Ramon Berenguer I, y con Ignasi J. Baiges y el mismo Josep M.ª Salrach, la de Els pergamins de l’Arxiu Comtal de Barcelona, de Ramon Berenguer II a Ramon Berenguer IV. Como investigador, ha trabajado sobre diversos aspectos de las economías preindustriales: el feudalismo y el régimen señorial, las relaciones en torno a la tierra, el conflicto remensa, la demografía, la moneda, la banca, la contabilidad histórica, los precios, pesos y medidas, el artesanado, el comercio y la crisis de la Baja Edad Media.

Ramon d’Abadal (1888-1970) fue historiador, periodista y político. Se doctoró en Derecho en Madrid y amplió sus estudios medievales en París con los grandes especialistas sobre la Europa carolingia. Fue diputado provincial por la Liga Regionalista y, en 1922, participó en la fundación de Acción Catalana. De vuelta a la Liga, en 1933 pasó a dirigir La Veu de Catalunya hasta el estallido de la Guerra Civil. En la posguerra reactivó las investigaciones en torno a la Cataluña carolingia y la formación de los condados catalanes. Su opera magna Catalunya Carolíngia lo convirtió en el medievalista más renovador e influyente de la segunda mitad del siglo XX en Cataluña y en uno de los más importantes de Europa. Fue miembro del IEC, de la Real Academia de la Historia y del Instituto de Francia. Es autor, entre otras obras, de los clásicos L’abat Oliba, bisbe de Vic, i la seva època, y Els primers comtes catalans.