En una época convulsa en la que la democracia tiene difícil dar una respuesta favorable y justa a la sociedad, debemos andar con pies de plomo ante movimientos populistas que no buscan otra cosa que aprovechar la oportunidad. Por la derecha, en España, sucedió con Vox y sus organizaciones satélite (Solidaridad, Hazte Oír, Fundación Disenso, etc.). Ahora, por la izquierda, sucede con formaciones como Frente Obrero-Reconstrucción Comunista, un grupúsculo estalinista que va a la caza de Yolanda Díaz y del resto de representantes de Unidas Podemos, Más País o Compromís.

Apodados los ‘rojipardos’ (falsos comunistas de acción fascistoide), defienden una España unida y fuerte, contraria a los valores feministas y unipartidista. Son abiertamente transfóbos y están permanentemente enfrentados al movimiento LGTBIQ+, en especial, con las personas que defienden las corrientes queer. Están a favor del cierre de fronteras para el control migratorio y son abiertamente racistas.

Un líder, un pueblo

Acostumbrado a reptar por las cloacas de la noche madrileña trabajando como portero de discotecas (así lo define un artículo de El Español), Roberto Vaquero, el geschäftsführer de la formación, instruye a sus jóvenes discípulos en corrientes estalinistas, inspiradas en el dictador albanés Enver Hoxha, contrarias al eurocomunismo y negacionistas de la posmodernidad.

Con un millar de militantes (y unos 16.000 seguidores en redes sociales), se dedican a hacer mucho ruido allí por donde pisan. Pablo Iglesias ya los conoce de un escrache que le montaron en la Complutense. Iñigo Errejón también sufrió su acoso como representante de Más Madrid. Y ahora le toca a la vicepresidenta del gobierno, Yolanda Díaz, a la que persiguen en cada acto de Sumar.

Célebres son sus campamentos de verano donde el mismo Vaquero enseña defensa personal y adiestra a sus cipayos. Y es que Vaquero tanto podría ser el referente del rojipardismo en España como trabajar para los matones de Desokupa en sus horas libres. Un ejemplo de acoso y agresión es el que sucedió en la Universidad Complutense de Madrid el pasado 4 de noviembre, cuando una camarilla de Frente Obrero, tal y como informó Izquierda Diario, se dedicó a arrancar carteles de sindicatos estudiantiles, llegando a agredir a una integrante de Pan y Rosas-Contracorriente.

Frente Obrero no está solo en la Universidad. En redes sociales es habitual ver a usuarios que peinan canas difundiendo su discurso. Se trata de cuarentones y cincuentones desubicados, sin discurso propio -en su mayoría, tecnócratas enfermos del síndrome de Peter Pan-, que encuentran la inspiración para seguir alimentando su ridículo resentimiento. El mismo odio que les impide aceptar que sus años de juventud ya pasaron sin haber aportado nada a sus congéneres.

Por nuestra parte no ahondaremos más en la basura, porque cuando la remueves demasiado acostumbra a heder.

Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.

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