Activista antifascista, acérrima antiimperialista, defensora de los Derechos Humanos y, sobre todo, la cara visible de las Madres de la Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, murió el pasado domingo, 20 de noviembre, en la ciudad argentina de La Plata. Su activismo y compromiso en la denuncia de los crímenes de estado en la Argentina más oscura supuso un cambio de rumbo para el país.

Nacida en 1918 en La Casa de Paco y Pepa, situada en la calle 48 bis del barrio El Dique, en Ensenada, se casó a los 14 años con Alfredo Bonafini. El matrimonio tuvo dos hijos varones y una chica. Los dos hombres -y la compañera de uno de ellos- desaparecieron durante la dictadura de Videla a mediados de los años setenta.

En 1977, Bonafini encabezó la primera marcha en la Plaza de Mayo bonaerense para exigir saber el paradero de los desaparecidos. Entre la multitud se la distinguía por el pañuelo blanco que cubría su cabeza. En él se podía leer: «aparición con vida de los desaparecidos». El impacto que supuso su aparición significó que miles de mujeres, madres de desaparecidos, se unieran progresivamente a la causa. Al poco tiempo ya se las conocía como las Madres de la Plaza de Mayo.

Paralelamente a su lucha contra el genocidio argentino, Bonafini no ha dejado de golpear al imperialismo estadounidense. Una de sus frases más polémicas la espetó refiriéndose al ataque contra las Torres Gemelas de Nueva York: «Por primera vez le pasaron la boleta a Estados Unidos. Yo estaba con mi hija en Cuba y me alegré mucho cuando escuché la noticia. No voy a ser hipócrita con este tema: no me dolió para nada el atentado».

También golpeó contra la Iglesia católica. Esto fue lo que dijo el día que murió el Papa Juan Pablo II: «Nosotras deseamos que se queme vivo en el infierno. Es un cerdo. Aunque un sacerdote me dijo que el cerdo se come, y este Papa es incomible».

Y, obviamente, también ha tenido frases para los políticos democráticos argentinos: «Lo dije antes y lo voy a decir de nuevo: Macri es un reverendo hijo de mil putas». Al vicepresidente lo señaló así: «Está armando un gobierno paralelo y eso es ser un hijo de mil putas. Alguien tiene que sacarlo ya mismo de la Casa Rosada. No hay otra, tenemos que terminar con esto».

No fue hasta la llegada del matrimonio Kirchner al poder, que las Madres de la Plaza de Mayo vieron a los verdugos de sus hijos sentados en el banquillo. Durante la dictadura argentina al menos 30.000 personas desaparecieron. Como también, desaparecieron los recién nacidos de muchas de las mujeres que secuestraron. La última lucha de Bonafini se centró en recuperar a estos niños, hoy ya hombres y mujeres adultas.

Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.

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