2 diciembre, 2021

Revista Rambla Barcelona

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Evacuaciones de Kabul: el G7 se lava las manos y deja a EE. UU. decidir la fecha límite

Antes de la reunión del G7 celebrada telepáticamente en el día de ayer, los países europeos eran partidarios de forzar la prórroga del plazo inicialmente fijado para culminar las evacuaciones de Kabul, que Washington pactó unilateralmente con los talibanes para el 31 de agosto.

Ayer, sin embargo, tras distintas intervenciones, optaron por lavarse las manos y dejar la decisión en manos de Biden, que actúa según la información que va recibiendo sobre el terreno, fundamentalmente derivada de las conversaciones que sus emisarios mantienen con unos talibanes que se niegan a extender el plazo.

La fecha límite pactada por EE.UU. se ha revelado como una nueva improvisación, otra trágica chapuza de la administración de Biden que parece haber decidido navegar en el caos. El colapso que se vive en el aeropuerto de Kabul, que no fue previsto por los norteamericanos, ha hecho saltar por los aires sus propias previsiones de evacuación. Nadie comprende por qué los norteamericanos están operando con tal nivel de improvisación y con esa falta de precisión.

El G7 dejó finalmente ayer en manos de EE.UU. la decisión sobre la extensión del plazo, posibilidad que los talibanes rechazan y que al parecer Joe Biden no está dispuesto a forzar.

Mientras los líderes del G7 se reunían para barajar opciones con la extensión del plazo para las evacuaciones, el portavoz de los talibanes, Zabihullah Mujahid, dijo que Estados Unidos debe completar su retirada antes del 31 de agosto, tal y como lo prometió el presidente Joe Biden, y declaró con toda claridad que no aceptarán «prórrogas» del plazo.

Los talibanes han impuesto una prohibición a los nacionales de acudir al aeropuerto. «No está permitido a ningún afgano ir hasta el aeropuerto», dijo el portavoz talibán, una decisión que dejaría sin posibilidad de salir del país a los aliados identificados como vulnerables.

La evacuación de occidentales y de afganos desde el corredor abierto en el aeropuerto Hamid Karzai, controlado por los estadounidenses, y que debe terminar el 31 de agosto como fecha límite para la retirada de las tropas extranjeras, ha generado malestar entre los solicitantes de asilo, los extranjeros y los países encargados de la evacuación.

Y aunque Biden se ha mantenido reacio a la posibilidad de alargar su presencia en el país, pero no la ha descartado tajantemente, la respuesta de los talibanes ante este escenario fue lo que acabó de sepultarla.

Reino Unido, por su parte, se han mostrado proclive a apoyar a Estados Unidos si en el caso de que Biden decida prolongar las misiones de evacuación más allá de la fecha límite. Pero, tras la declaración de los talibanes al respecto, parece que las dudas han llegado a la mayoría de gabinetes de Gobierno europeos a pesar de su promesa de «apoyo» a la población afgana. Cada vez son más lo que piensan que no habrá prórroga y que, en consecuencia, serán muchos los abandonados por occidente a su suerte en Afganistán.

Así lo expresó el ministro británico de Defensa, Ben Wallace, con la tradicional flema nacional, durante una entrevista con el canal de televisión británico ‘Sky News’ antes de la reunión del G7.

«Creo que es improbable. No solo por lo que dijeron los talibanes, sino también al ver las declaraciones del presidente (de EE.UU., Joe) Biden», señaló Wallace.

Por su parte, Francia, más proclive a prorrogar el plazo a toda costa, anunció que, si Estados Unidos mantiene su fecha de retirada de Afganistán para el 31 de agosto, cerrará este jueves el puente aéreo creado para evacuar a afganos y extranjeros desde Kabul. Una suerte de ultimátum hacia los propios aliados que durante la reunión se entendió como una manera de ejercer presión sobre su socio norteamericano para que alargue el plazo.

Por su parte, se estima que Estados Unidos ha evacuado al menos a 10.400 naturales del país y colaboradores afganos, pero son muchos los que todavía esperan a ser trasladados y estar a salvo de una posible persecución por parte de los talibanes.

No obstante -y este es sin duda un mal dato, orientativo de cuál será la decisión final- ya se empieza a diferenciar entre estadounidenses y afganos en cuanto a la prioridad de evacuación. Los norteamericanos que todavía controlan la evacuación en Kabul ya están, de hecho, priorizando a sus nacionales sobre los colaboradores y aliados afganos, que empiezan a ser rechazados.

Los países de la coalición internacional ya han evacuado a unas 58.700 personas en los últimos 10 días, y dado la premura de los plazos trataban de agilizar al máximo posible las evacuaciones pese al caos y a los impedimentos que ponen constantemente los talibanes.

Por el momento, los esfuerzos para prolongar la evacuación no han cesado. Desde el Ejecutivo estadounidense aseguraron que no era «imposible» pero que era «poco probable» conseguir trasladar a todos las personas que tienen previstas antes del 31 de agosto.

Estos intentos podrían explicar por qué el director de la CIA, William J. Burns, mantuvo una reunión secreta en Kabul el lunes con el líder de los talibanes Abdul Ghani Baradar. La negativa de alargar el plazo por parte del Talibán podría ser una estrategia para obligar al bloque de Occidente a reconocer su Gobierno, clasificado actualmente como ‘de facto’.

Ese fue otro tema sobre la mesa del G7: la relación con los nuevos gobernantes de Kabul. Al respecto, Alemania expresó que el diálogo es imprescindible para terminar una evacuación exitosa.

LA ONU pide corredores de salida del territorio

Por su parte, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU convocó una reunión de urgencia este 24 de agosto para abordar la situación de Afganistán. En ella, Michelle Bachelet, Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, se dirigió a los líderes del G7 para pedirles que mantengan los corredores para salida de refugiados y migrantes afganos.

Son muchos los afganos que temen represalias por parte del Talibán y la vuelta de la sharia, con especial violación a los derechos fundamentales de las mujeres y repetidos atentados contra la libertad de expresión.

«Una línea roja fundamental será el trato de los talibanes a las mujeres y las niñas», advirtió Bachelet desde Ginebra.

Según la máxima responsable de derechos humanos de la ONU, el organismo tiene a su disposición informes de graves violaciones cometidas por los talibanes como ejecuciones de civiles y represión contra las mujeres.

Mientras tanto, la desesperación y el terror se ciernen sobre Kabul.

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Este artículo ha sido redactado y/o verificado por el equipo de redacción de Revista Rambla.